Opinión

Pedro Brieger

Periodista

Nombrar a Palestina

En junio de este año se cumplirán 55 años de la ocupación israelí de los territorios de Cisjordania y la Franja de Gaza, donde los palestinos aspiran a construir un Estado independiente. Si durante muchos años el debate internacional giró sobre la pertinencia de la llamada solución de «dos Estados» (uno israelí y uno palestino) o de «un Estado» (binacional), el Gobierno del primer ministro israelí Naftalí Bennett parece haber adoptado una nueva política: directamente ignorar el tema palestino.
Alentados por cuatro años de gobierno de Donald Trump, que se jactaba de ser el presidente estadounidense más proisraelí de la historia, los dirigentes israelíes se sienten a sus anchas evitando hablar de una solución al conflicto palestino-israelí. Cabe recordar que hasta 1975 la posición oficial del Estado era que ni siquiera existían los palestinos. Pero la realidad se les impuso y tuvieron que reconocer su existencia y el drama que provocó la creación del Estado de Israel en 1948. Incluso el mismísimo Benjamin Netanyahu, durante su gestión, habló de la solución de «dos Estados», más como un guiño hacia la Casa Blanca que por propio convencimiento. «El tiempo juega para nosotros» es una frase muy popular en Israel cuando se trata de negar que existe un pueblo que vive bajo ocupación ya hace 55 años, como si esta se pudiera perpetuar eternamente, aunque –también hay que decirlo– el paso del tiempo pareciera darles la razón. La Autoridad Palestina que nació con los Acuerdos de Paz de Oslo en 1993 no controla casi nada; Cisjordania y Gaza están separados física y políticamente, y el mundo está más preocupado por el COVID-19 que por un conflicto que ni siquiera tiene los niveles de violencia de otros tiempos.
Como solía decir Engels, un pueblo que oprime a otro no puede ser libre. Para decirlo de manera coloquial: se puede tapar el sol con las manos, pero el sol sigue estando allí.

ABED/AFP/DACHARY