7 de enero de 2026

Por otra copa. Messi y Scaloni, protagonistas del año Deportivo, en un partido jugado en el estadio de River.
Foto: Getty Images
Hubo años de competencia olímpica, en los que cada atleta argentino que accedía a un micrófono lo primero que hacía era agradecer al Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (Enard) que lideraba entonces Gerardo Werthein. Y hubo años en que ganar una medalla dorada en los Juegos equivalía al Olimpia de Oro. Pero el Enard, un ente mitad público mitad privado, hoy está desfinanciado por el Gobierno que apoya Werthein. Y nuestro último y solitario oro en los Juegos de París 2024, el cordobés José «Maligno» Torres, quedó afuera del Olimpia máximo, que fue concedido en 2024 al corredor de Fórmula 1 Franco Colapinto y al arquero mundialista Emiliano «Dibu» Martínez, para felicidad de patrocinadores y del rating de la TV.
Este nuevo año, 2026, tendrá otra vez Mundial, el sueño nuevamente del Dibu, y de Leo Messi, y de millones de argentinos, de repetir en Estados Unidos la Copa de Qatar. Y Colapinto, dicen los especialistas, tendrá a su vez un mejor auto, más chances de salir por fin de los últimos puestos. Pobres entonces los demás deportistas; sus posibilidades de reconocimiento público quedarán reducidas a una expresión mínima. Casi tan ignorados como el último y brutal ajuste que sufrió el presupuesto de nuestro deporte, acaso porque el espacio todo en los medios está siendo dedicado a los millones desbordados de la AFA, crónicas apabullantes, de intensidad casi inédita, la sensación de que nuestro fútbol debe ser reconstruido desde cero, como si no hubiese siquiera un ladrillo previo, mientras el sueño del negocio de las SAD afila los dientes, como promesa de un supuesto mundo mejor.
Radiografía del deterioro
Si los clubes de la AFA no sirven porque apoyan a Claudio «Chiqui» Tapia y Pablo Toviggino, los Clubes de Barrio, directamente, no tienen siquiera derecho a existir. No es una metáfora: analizado desde 2023, apenas antes de que comenzara el Gobierno de Javier Milei, el recorte presupuestario para los Clubes de Barrio es del 98,6%. La partida, simbólica, asignada para 2026 es de 250 millones de pesos. Ridícula para los más de 20.000 clubes que hay en todo el país (aunque muchos carezcan de reconocimiento oficial). A la infraestructura que, según Pedro Villarreal, titular de la Unión Nacional de Clubes de Barrio (UNCB), «se cae a pedazos», se suman la quita de subsidios y una ley que sigue sin reglamentar, y que atenuaría el impacto brutal de tarifas de luz y agua (una media de 15 millones de pesos mensuales). Muchos clubes, dicen sus representantes, ya casi dejaron de ser escenario de práctica deportiva. «Se han transformado en comedores y merenderos».
La partida total para Deportes en 2026 será un 66% más pequeña en términos reales que la del presupuesto previo a Milei (2023). De cada 100 pesos que iban al deporte, ahora irán 34. El informe de la agencia «Táctica. Laboratorio del deporte argentino» es lapidario.
El total de atletas becados en 2023 era de 1.690, ahora serán 600. De 110.000 atletas alojados en el Cenard se pasará a 54.600. La ración alimentaria pasará de 530.000 a 180.000. Si los Juegos Evita convocaban casi a un millón de niños y adolescentes, los participantes serán ahora 10.080. Y el recorte será del 71%.
Se argumenta, a favor, que al menos el Cenard y las Federaciones mejorarán sus partidas, pero, comparado a 2023, el retroceso, en términos reales, es de 12% y de 39%, respectivamente. Menos deporte como herramienta de salud y educación por un lado, pero también menos chances para que en alto rendimiento surjan fenómenos de barrios humildes como lo fue en su momento el atleta fallecido Braian Toledo, porque hará falta dinero familiar para pagar preparación y viajes. «Así –estimó días atrás Claudio Morresi, exsecretario de Deportes en el kirchnerismo– solo accederán al alto rendimiento los hijos de las familias ricas». El deterioro, en rigor, podría ser más grave, porque estos números oficiales de 2026 contemplan una inflación de 10%, otro sueño olímpico, pero del Gobierno, no de los atletas.

Retroceso. Pista de atletismo del Cenard, uno de los organismos que sufren los recortes de Milei al deporte.
Foto: argentina.gob.ar
Caída brutal
Es cierto que la caída de nuestro deporte no es de ahora. Y que seguramente hubo desprolijidades en algunas áreas. O controles insuficientes; pero jamás se registró en décadas una caída tan brutal. Años atrás, un atraso en el pago de becas, una deficiencia a veces mínima en el Cenard, tenía enorme atención mediática, mayor incluso a la de la reciente demolición de la palestra de andinismo histórica del Cenard. «Pobres nuestros abandonados atletas». No existe hoy esa preocupación pese a que el deterioro es mucho mayor. «¿Dónde están los deportistas argentinos?», se preguntó unos meses atrás el exvoleibolista Jon Uriarte, preocupado por tanto silencio. Tampoco hablan claro Werthein ni Daniel Scioli, adalides otrora del deporte, hoy pegados a Milei. Otras autoridades eligen la política del bajo perfil, negociar leyes en el Congreso, no en declaraciones de prensa. Sin éxito por ahora.
Ya llegará acaso el momento de la queja, cuando en 2028 se celebren los Juegos Olímpicos en Los Angeles (los Juegos de Invierno serán en Italia en febrero próximo). Habrá Copas del Mundo de hockey sobre césped masculino y femenino en agosto y Mundial de básquet femenino en setiembre. Y Juegos Sudamericanos Odesur también en setiembre en Santa Fe; pero habrá un Mundial de fútbol que acaparará todo. Y también seguirá corriendo Colapinto con su Alpine. «¡Vamos nene!».
