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Rescate

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Sin quitarle ni una coma al tremendo drama que vivieron y viven las decenas de familias de la tragedia de Rosario me gustaría destacar algunos hechos positivos que, como ocurre con cada cosa adversa que le pasa al ser humano, nos podrían dejar una enseñanza.
Más allá del uso casi vergonzoso que hicieron algunos medios para pegarle tanto a un gobierno como a otro, me gustaría destacar algunas cosas que muestran a las claras que nada está perdido en Argentina ni el país se encuentra dividido «por una grieta» como muchos comunicadores de televisión nos quieren hacer creer.
Por empezar, quisiera honrar a los rescatistas de los cinco cuerpos de bomberos que trabajaron en el lugar para auxiliar a los heridos y encontrar a aquellos que se sabía estaban desaparecidos. Pasaron horas y horas enteras removiendo escombros sin descanso y arriesgando en buena medida su propia vida ante el riesgo de posibles derrumbes. También, por supuesto, el trabajo de la policía santafesina y el de cientos de voluntarios que de un modo u otro, muchos de la forma más anónima, prestaron su colaboración desde realizar un llamado telefónico hasta organizar y repartir las donaciones que otros miles de argentinos fueron enviando durante los días inmediatos a la explosión.
Pero también quiero decir que me causó una buena sensación ver el trabajo coordinado entre el gobierno provincial, el municipal e incluso el nacional, ante semejante tragedia que, estoy segura, enlutó a la mayoría del país, salvo a algunos desaprensivos que de todos modos salieron a «protestar» por motivos que bien podían haber sido postergados para ocasión más propicia. Lo que quiero subrayar es que, cuando se quiere, se puede. Más allá de nuestras diferencias políticas los argentinos debemos permanecer unidos y no esperar a que ocurra una tragedia para reconocernos en el prójimo.

 

Ana María Solazzi
Rosario, Santa Fe

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