Opinión

Marcelo Onesto

ECONOMISTA

Un combo preocupante

2021 finalizó con una recuperación del intercambio comercial argentino, tras la caída sufrida en 2020 debido al COVID-19. Se alcanzaron los valores más elevados de los últimos años tanto en las exportaciones como en las importaciones, lo que es, algo positivo. No obstante, en el caso de las ventas al exterior, más de dos tercios del incremento se debieron a los mayores precios de los productos de exportación. La dinámica de los precios escapa al control de las decisiones nacionales, y en el caso especial de las materias primas agrícolas, las cotizaciones tienen alta volatilidad. Así, un progreso más vigoroso de las exportaciones tiene que sustentarse por medio del incremento de los volúmenes y una mayor diversidad de productos.
Lamentablemente, en el caso argentino la evolución del volumen exportado en la última década ha sido muy pobre. Las exportaciones medidas en cantidades apenas han crecido un 2,2% en ese lapso, explicado por productos de origen agropecuario, en tanto que los de origen industrial mostraron un descenso del 25% en el mismo período. A ello se suma una reducción de las firmas que se dedican al negocio exportador. Mientras, otros países de la región como Brasil, México y Ecuador han tenido una evolución mucho más favorable en cuanto al aumento de la oferta exportadora en años recientes.
Escasa diversificación, tendencia declinante en el número de empresas exportadoras y fragilidad externa vinculada con la volatilidad de precios, conforman un combo preocupante. De no resolverse, esta dinámica representa una grave vulnerabilidad, ya que dificulta la generación de los excedentes de divisas necesarios para suavizar las crisis externas que suelen terminar en devaluaciones o procesos de sobreendeudamiento.

NA