Opinión

Ezequiel Fernández Moores

Periodista

Fútbol de potrero

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Por un momento, el partido dejó de ser una final de mundial y se convirtió en potrero puro. Messi marcó el 3-2 a lo Palermo, de atropellada, y los suplentes argentinos (con Di María que seguía a pura lágrima) ya habían entrado a la cancha celebrando el gol que creían (creíamos) que sería definitivo. Mucho más grosero fue poco después lo del banco francés, con el partido 3-3, en el último minuto del alargue, es decir, con el «gol gana». Ellos invadieron la cancha a los saltos y gritos. No supieron que Dibu Martínez haría una de las más grandes atajadas de la historia. A los pocos segundos, se lo perdió Lautaro de cabeza. Y llegaron los penales.
¿Teníamos el privilegio de estar siendo testigos directos de la mejor final de la historia de los mundiales? ¿Del mejor partido en la historia de los mundiales? Hay finales míticas, como el Maracanazo de 1950, cuando Uruguay ganó 2-1 a Brasil. Pero allí hubo más drama que emoción porque Brasil estaba noqueado y podría haber jugado un año más sin hacer goles, como me dijo una vez Alcides Ghiggia, último sobreviviente de aquella gesta. Tal vez sí podría comparar el momento salvaje del Argentina-Francia con el alargue de México 70 en el que Italia le ganó 4-3 a Alemania. «Media hora sin táctica, media hora sin posición fija, no más cinismo», lo definió Nando dalla Chiesa en el libro El partido del siglo. El arquero Dino Zoff, que era suplente ese día, mito del fútbol italiano, me lo definió hace unos años como «un duelo cuerpo a cuerpo». Pero ese partido, épico, con cinco goles en el alargue, sucedió en semifinales. La final también fue histórica (Brasil 4-Italia 1), pero fue baile de Pelé, hoy internado, luchando para no irse. Curioso, pero si nos referimos a finales, las tres ganadas por Argentina (en las tres estuve como periodista) fueron pura emoción. El alargue dramático en la victoria 3-1 contra Holanda en 1978; el 2-0 cómodo, 2-2 repentino y 3-2 final contra Alemania de México 86; y lo del domingo en el estadio Lusail. «El fútbol», decía por la BBC el exgoleador inglés Alan Shearer, es «el mejor deporte de equipo, pero esto fue puro combate de gladiadores».
Hubo jugadores que dejaron la batalla con conmoción cerebral. Otros que corrían solo con el corazón. Y atletas únicos como Mbappé. Pero ante todo hubo artistas. Messi «resignificando la grandeza», como escribió nada menos que Roger Federer. Negocio y política. Pero Qatar 2022 también fue una fiesta. Sufrida, sí. No somos Suiza. El mundial fue la confirmación del fútbol como nuestra felicidad popular.

Foto: NA

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