Opinión

Ezequiel Fernández Moores

Periodista

Un mundo hecho pelota

Doha. Gianni Infantino, presidente de FIFA, junto al emir jeque qatarí, Tamim bin Hamad al-Thani, durante el sorteo del mundial, en abril pasado.

Foto: Fife/AFP/Dachary

Nuestro Mundial de 1978 fue quizás el inicio de todo. La dictadura lo usó para tapar sus crímenes. Y la FIFA aprovechó esa desesperación para fortalecer su negocio. Uno limpió imagen. El otro contó billetes. «Win-win», dicen ahora. Fue el primer mundial de João Havelange como presidente de la FIFA. Y permitió al brasileño apreciar la dimensión real del «juguete» que tenía en sus manos.
Todas las sedes quieren usar los mundiales para mostrar su «nueva» cara. La España posfranquista en 1982, el México del PRI en el 86, la Italia moderna del 90, el fútbol Made in USA del 94, la Francia integrada del 98, el bautismo asiático con Japón-Corea en 2002, la Alemania unificada de 2006, la Sudáfrica de Mandela en 2010, el Brasil PT de 2014 y la Rusia de Putin en 2018. Qatar 2022 será el primer mundial árabe. Petróleo y gas. El futuro del mundo.
 La FIFA aprovechó ahora la ambición de Qatar en la batalla de imagen que libran los países ricachones del Golfo. Todos necesitados de exhibir una cara moderna, que contrarreste acusaciones de derechos humanos, laborales y femeninos que, en muchos casos, atrasan un siglo. El mundial, un mes entero con el planeta mirando esa fiesta, es el escenario ideal. La vidriera global.
 Si Dubai tenía cierta delantera en el ingreso del Golfo al Primer Mundo y Arabia Saudí su enorme potencial, Qatar le gana ahora a todos sus vecinos con el gran carnaval de la pelota. Es cierto, con tanto exhibicionismo, y tanta envidia cerca, la fiesta también puede convertirse en un búmeran. Muchos pensamos que Brasil 2014, en medio de una crisis social, podía ser el primer mundial con un muerto en las calles. Hubo protestas y huelgas hasta un día antes del inicio. Sin embargo, todo se calmó cuando la pelota comenzó a rodar. Qatar (y la FIFA) creen que ahora pasará lo mismo. Y que las protestas, porque Qatar «compró la sede» o viola derechos básicos, cesarán apenas la pelota comience a ejercer como imán histórico. El mundial siguiente (2026) será compartido por tres países (Estados Unidos-México-Canadá) y tendrá un récord de selecciones (subirán de 32 a 48). Es la inflación de la pelota. Eso sí, Rusia, el último anfitrión, mostró al mundo una cara amable con su Copa de 2018. Le duró poco. Hoy, invasión de Ucrania mediante, Rusia directamente fue vetada de Qatar. La confirmación de que la geopolítica de la pelota no siempre tiene que ver con el mundo real.