Economía | SILICON VALLEY BANK

Así funciona el capitalismo

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Mirta Quiles

La quiebra del banco californiano encendió las alarmas de los organismos reguladores estadounidenses. Las enseñanzas de 2008.

Wall Street. El lunes cerró cerca del equilibrio, mientras las bolsas europeas lo hicieron con fuertes caídas.

Foto: NA

El viernes pasado, el Silicon Valley Bank (SVB) quebró y encendió las alarmas del sistema bancario estadounidense. De inmediato, las rémoras de la crisis de 2008 se apersonaron no solo en territorio norteamericano. Las primeras señales ya se habían corporizado días antes, con la «liquidación voluntaria» del Silvergate Bank, una entidad vinculada al sector de criptomonedas. Sin embargo, la caída del 60% de las acciones del SVB en la víspera del fin de semana impactó sobre otras acciones de entidades financieras, al menos temporalmente, como las de First Republic, PacWest Bancorp y Signature Bank.
El SVB –que había cuadruplicado su tamaño en el último lustro y que el año pasado fue valuado en 40.000 millones de dólares– fue fundado en California en 1983 y se especializó en atender a nuevas empresas tecnológicas (startups), firmas que los bancos tradicionales se mostraban remisos a respaldar. A fines de 2022, contaba con 209.000 millones de dólares en activos, capital que lo posicionaba en el puesto 16 de los mayores bancos del país. Sin embargo, los problemas del SVB pueden rastrearse hasta 2021. En dicho año, las tecnológicas depositaron grandes sumas en el SVB y la entidad, para incrementar sus ganancias, invirtió dichos depósitos en otras carteras. «El banco se asoció con casi la mitad de todas las empresas de tecnología y atención médica respaldadas por capital de riesgo en Estados Unidos, muchas de las cuales retiraron depósitos del banco», señaló el administrador de fondos de cobertura Bill Ackman en la cadena CNN. En un contexto de alta inflación como la que está viviendo Estados Unidos pospandemia, y con la Reserva Federal aumentando la tasa –cada vez más frecuentemente– para paliar el incremento de precios, las inversiones del SVB comenzaron a perder valor. Los rumores y el contagio de expectativas hicieron lo suyo. El SVB salió a vender el viernes una cartera de bonos del Tesoro y 1.750 millones de dólares en acciones con pérdidas para cubrir los depósitos. La corrida ya estaba en marcha.

Respuesta inmediata
La Reserva Federal, el Departamento del Tesoro y la Corporación Federal de Seguros de Depósitos –los reguladores federales– el domingo por la noche salieron a garantizar los depósitos de todos los clientes del SVB y del Signature Bank (SB). Remarcaron, además, que no utilizarían dinero de los contribuyentes para reembolsar a los bancos. La solución vendría de la conjunción de activos de los dos bancos (SVB YSB) y de un programa de seguros más amplio. El recuerdo de 2008 está aún fresco en los estadounidenses. En aquella ocasión, el Gobierno salió al rescate de las entidades financieras, y dejó de lado a los clientes, en plena crisis subprime. Por su parte, el mandatario estadounidense, Joe Biden, reforzó ese mismo día el mensaje de los reguladores federales, y en su discurso reiteró que los depósitos de ambos bancos estaban a salvo, que los clientes tendrían acceso a sus depósitos y que los contribuyentes no deberían soportar pérdidas. Biden dijo además que le pediría al Congreso y a los reguladores bancarios fortalecer las reglas para los bancos, con el fin de «hacer menos probable que este tipo de quiebra bancaria vuelva a ocurrir».
Biden tenía en mente la ley de 2018 –bajo el mandato de Donald Trump–, que relajó las regulaciones para los bancos regionales y de nivel intermedio, que permitía a las entidades financieras con menos de 250.000 millones de dólares en activos evitar el monitoreo obligatorio de la Reserva Federal. El límite anterior era de 50.000 millones. Sin embargo, Trump no se abstuvo de opinar, vehementemente, sobre la quiebra del SVB. «Tendremos una Gran Depresión mucho más grande y poderosa que la de 1929. Como prueba, ¡¡¡los bancos ya están empezando a colapsar!!!», posteó impunemente en sus redes sociales. Igual impunidad le cabría al director ejecutivo del SVB, Greg Becker, quien, de acuerdo al New York Times, fue uno de los más fervorosos impulsores para que los legisladores aprueben en el Congreso la reducción de la regulación que sometía a un mayor escrutinio a ciertos bancos, afirmando que SVB tenía un «perfil de bajo riesgo».
Si las quiebras del SVB y de SB serán las únicas, aún está por definirse. Mientras tanto, los ejecutivos e inversores, como en 2008, claman por ayuda del Gobierno ante el temor del efecto contagio. Hasta hoy, a cinco días de la crisis, Biden parece haber aprendido de la crisis de 2008. En un tramo de su discurso del domingo, el mandatario afirmó que «la dirección de estos bancos será despedida. Si la Corporación de Seguros de Depósitos se hace cargo del banco, las personas que lo dirigen no deberían volver a trabajar allí». Y remató: «Se arriesgaron a sabiendas y cuando el riesgo no redituó, los inversores perdieron su dinero. Así es como funciona el capitalismo».

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