Opinión

Rodrigo López

Economista

Biden bifronte

La extinción de la era Trump, con hombres vestidos con pieles en la dantesca toma del Capitolio, parece que fue hace mucho tiempo, o quizá que nunca pasó y nos confundimos con una escena de una mala película (norte)americana. Ese efecto de olvido lo está generando la impronta apabullante de la administración Biden.
Trump solo miraba la oferta, por eso bajó impuestos a los ricos, medida reprochable, y se enfrascó en un ambivalente proteccionismo comercial. En cambio, Biden actúa sobre la demanda, inyecta dinero en los trabajadores, lanza un ambicioso programa de infraestructura, sube impuestos, y en vez de pelearse con el mundo, lo convoca a unir fuerzas para gravar a las multinacionales, políticas dignas de imitar. Así, en 2021 Estados Unidos será la economía desarrollada con mayor crecimiento, logrando el objetivo declarado por Biden de «desplazar a China», lo cual no ocurría desde 2005. EE.UU. intenta volver a ser lo que era. Su capacidad productiva le permitió ganar la Segunda Guerra Mundial, hoy busca fortalecerse mientras sale a disputar el escenario global. En apenas unos meses bombardeó Oriente Medio, llamó «asesino» al presidente ruso Putin –país que está salvando vidas con la Sputnik V–, exigió la liberación de la golpista boliviana Áñez y, a pesar de ser los campeones del libre comercio, mantiene el bloqueo comercial a Cuba, país que está desarrollando cinco vacunas contra el COVID-19. La voracidad, ojos y tentáculos de su burguesía son tales que le permiten a su Cámara de Comercio protestar por la humilde política de Precios Máximos de Argentina.
Según Biden «es un plan de los que solo ocurre una vez durante cada generación estadounidense». Es el país más intervencionista del mundo, en su economía, de forma virtuosa; pero en geopolítica, de forma cuestionable. Tal es la estrategia bifronte del tío Sam.