Economía

Crisis a granel

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La producción argentina de biocombustibles pasó de ser pionera a encontrarse en vilo. En el sector apuntan a la Secretaría de Energía por no actualizar los precios sostén que deben pagar las petroleras. Los gremios denuncian flexibilización laboral.


Actividad. 37 empresas nacionales producen al año cerca de 4,4 millones de toneladas. (Diego Giudice)

No hay vuelta atrás», sostiene el delegado gremial Luis Paz sobre la situación de la firma agroindustrial Viluco, del sector de biocombustibles. El dirigente cuenta a Acción que la empresa ratificó 200 despidos con el 50% de indemnización y en cuotas para los trabajadores de su planta en Frías, Santiago del Estero. La industria de biodiesel en el país cuenta con 37 fábricas, que registran una capacidad de producción anual de aproximadamente 4,4 millones de toneladas, equivalente a unos 2.500 millones de dólares. La eliminación de retenciones en los principales cultivos y los impuestos diferenciales en poroto y aceite de soja, sumados a la fuerte devaluación de la moneda, estimularon la exportación del commodity en desmedro de su industrialización local.
Durante el Gobierno anterior, la producción de biodiesel había crecido amparada en políticas de fomento a la industrialización de materias primas. Para proteger a esa treintena de empresas que producen biocombustibles, se instrumentó un precio sostén que las petroleras deben pagar por el bioetanol con el que se corta el gasoil en una proporción de 10%. El problema surge porque la actual Secretaría de Energía, encargada de modificar los valores mensualmente, nos los actualiza desde febrero de este año.
Esta actividad genera 1.600 empleos directos en las provincias de Santiago del Estero, Entre Ríos, San Luis, Neuquén, Santa Fe, La Pampa y Buenos Aires. Según relató Paz, de la Unión de Recibidores de Granos y Anexos de la República Argentina (URGARA), hay problemas en Bahía Blanca, San Luis y Rosario «como resultado de las políticas que implementó este Gobierno». Son cinco las firmas que ya presentaron el procedimiento preventivo de crisis. En tanto, la devaluación de la moneda impactó en el precio de las materias primas, como el aceite de soja y metanol para producir el biocombustible, que representan el 95% de la estructura de costos. «Lamentablemente las gestiones llevadas adelante por la compañía ante la Secretaria de Energía de la Nación con el propósito de modificar la fórmula recientemente adoptada han resultado infructuosas», les comunicó de manera escrita la empresa Viluco a sus trabajadores. A la Secretaría le anticipó que, sin estos cambios, estaría anunciando el cierre definitivo de la actividad en Santiago del Estero.

A media máquina
En Argentina hay siete plantas que cuentan con una capacidad de producción anual de entre 200.000 y 700.000 toneladas al año. Tres de las plantas se encuentran en el rango de 100.000 a 200.000 toneladas y 16, entre 50.000 y 100.000 toneladas, según el relevamiento realizado por la Bolsa de Comercio de Rosario junto con la Asociación Argentina de Biocombustibles e Hidrógeno en base a informes del Ministerio de Energía y Minería de la Nación y consultas realizadas a empresas del sector. La mitad de esas plantas (18 en total) se encuentran en la provincia de Santa Fe, ya que la existencia y funcionamiento del complejo industrial oleaginoso del Gran Rosario abastece de aceite de soja –materia prima principal– a los módulos de biocombustible.
Viluco fue una de las empresas reconvertidas durante el macrismo. Dejó de procesar poroto y pasará a comprar el aceite de soja que luego convertirá en biodiesel. «Se queda así con unos 80 empleados, de los cuales más de la mitad están tercerizados. Es la flexibilización laboral que plantea este Gobierno», insistió Paz. Del total de 37 empresas, 20 se encuentran con su producción paralizada. Desde estas pequeñas y medianas empresas, que dependen del mercado interno para sobrevivir, alertan que se está ante un flagrante incumplimiento de la ley por parte de la cartera a cargo de Gustavo Lopetegui.

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