Economía

Déficit récord

Pese a las promesas gubernamentales de la llegada de un boom de ventas al exterior, los números evidencian un saldo muy desfavorable entre las exportaciones y las importaciones nacionales. Tratado de libre comercio Mercosur - Unión Europea.

En rojo. La diferencia negativa el año pasado fue de 8.471 millones de dólares. (Jorge Aloy)

El gobierno nacional prometió un boom exportador tras la megadevaluación de diciembre de 2015, sin embargo, los resultados son muy distintos a los esperados. En el último Coloquio de IDEA, el experto en comercio internacional, Marcelo Elizondo, sostuvo que el número de empresas exportadoras se redujo de 10.000 en 2015 a 5.900 en 2017, mientras que el superávit comercial en 2016 apenas alcanzó los 2.128 millones de dólares. El exiguo saldo favorable fue consecuencia del leve crecimiento de las exportaciones (1,7 %) combinado con una caída de las importaciones (-6,9%). Pero vale aclarar que dicho resultado hubiese sido negativo si no se hubieran combinado tres factores: la caída del precio de los bienes importados (ya que las cantidades crecieron 5,4%); el retroceso de las importaciones de insumos productivos (como consecuencia de la retracción económica); y los ingresos «extraordinarios» obtenidos por la liquidación de cosechas anteriores, que permanecían retenidas en manos de los exportadores a la espera del alza del tipo de cambio y reducción/eliminación de las retenciones.
No obstante, los números empeoraron en 2017, ya que el año terminó con un déficit comercial récord (en términos nominales) de 8.471 millones de dólares. El rojo comercial fue resultado del estancamiento de las exportaciones (+0,9%) y del crecimiento de las importaciones (+19,7%). En ese último ítem se destacó el aumento de las compras de autos importados (+ 41%). Así, el 70% de los vehículos vendidos en el país procedieron del exterior.
 En términos del PIB, el rojo comercial fue del 1,5%. La brecha más elevada desde 1998, cuando alcanzó el 1,7%, quedando en evidencia que la actual política aperturista comercial está recreando la experiencia de los 90. En su artículo «Sector externo de la economía argentina (2003-2015)» –publicado en Revista Realidad Económica 304–, los investigadores Francisco Cantamutto, Martín Schorr y Andrés Wainer explicaron que «durante el decenio de 1990, la economía argentina, que exhibió un déficit comercial pronunciado, so- lo pudo sustentar su crecimiento merced a la existencia de un flujo relativamente continuo de capitales (básicamente endeudamiento e inversión extranjera). Esto configuró un sendero insustentable que derivó en una inédita extranjerización de la economía y terminó con el default de la mayor parte de la deuda pública y el colapso del régimen de convertibilidad». Es difícil que transitando por idéntico camino se obtengan resultados diferentes.

Acuerdo desparejo
La posible firma de un tratado de libre comercio Mercosur – Unión Europea empeoraría este panorama. El secretismo que rodea las negociaciones impide saber cuáles son los términos exactos que figuran en los borradores intercambiados. Sin perjuicio de eso, los trascendidos indican que las concesiones del Mercosur serían muy superiores a los beneficios potenciales (concentrados en carnes y biodiesel). En particular, la rebaja arancelaria sería perjudicial para la industria regional. Eso no constituye un gran problema para Uruguay y Paraguay (por el escaso desarrollo del entramado manufacturero), pero sí para Argentina y Brasil.
En el caso argentino, la baja de aranceles impactaría negativamente en el entramado industrial por dos razones: desplazaría producción local destinada al mercado interno y, al mismo tiempo, las exportaciones europeas al mercado brasileño desalojarían a empresas argentinas.
El investigador de la Universidad Nacional de Quilmes, Carlos Bianco, sostiene que «lejos de generar beneficios agregados a la economía argentina, el acuerdo con la UE dejará un resultado profundamente negativo en términos comerciales. Ello no quita que con el acuerdo algunos sectores en particular salgan beneficiados, puntualmente aquellos productores de alimentos que logren una efectiva apertura del mercado europeo como resultado de la negociación. Sin embargo, las ganancias de los beneficiados estarían bastante por debajo de las pérdidas de los perjudicados: los sectores productores de manufacturas de origen industrial, en particular las pymes y los trabajadores». A su vez, el Observatorio de Empleo, Producción y Comercio Exterior de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (ODEP-UMET) estima que la firma del acuerdo pondría en riesgo 186.000 empleos industriales.
A pesar del entusiasmo de los presidentes de Argentina y Brasil, la suscripción de este convenio se demora por la reticencia de algunos líderes europeos. Por caso, el presidente Emmanuel Macron rechaza incluir cláusulas perjudiciales para los productores franceses. El mandatario galo sostuvo, tras reunirse con Mauricio Macri en Francia, que «no podemos firmar acuerdos que van a favorecer a un actor industrial o agrícola que se encuentra a miles de kilómetros, que cuenta con otro modelo social o medioambiental y hace lo contrario de lo que nosotros imponemos a nuestros propios actores».