Economía

Detrás de los números

Los cambios aplicados recientemente en la metodología de medición dificultan las comparaciones con períodos anteriores e invisibilizan el deterioro de la situación social ocurrido durante los últimos 15 meses. Empeora el déficit habitacional.


Otras cifras. Consultoras dan cuenta de un aumento de entre 1,5 y 2 millones de pobres. (Jorge Aloy)
 

La tasa de pobreza ascendió al 30,3%, en el segundo semestre de 2016, según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec). A partir de ese dato, el oficialismo resaltó una mejora en relación con los resultados del segundo trimestre (32,2%). Lo cierto es que las dos mediciones son incomparables porque, entre otras cosas, la primera no incluía el cobro del aguinaldo.
El sociólogo Diego Born explica que «a iguales condiciones de vida durante todo el año, la medición (de la pobreza) siempre da más alta en el segundo trimestre». La inconveniencia de comparar «peras» con «manzanas» fue reconocida por el propio instituto estadístico. El comunicado del Indec sostuvo que «con este informe se reinicia la serie semestral de pobreza e indigencia. Los mismos no deben ser comparados con los del segundo trimestre de 2016 antes difundidos, dada la diferencia de los períodos contemplados».
Además, el organismo conducido por Jorge Todesca reveló que no darán a conocer datos anteriores al segundo trimestre de 2016. Eso impedirá saber, más allá de la «foto» actual, cómo fue la «película» desde la asunción de Mauricio Macri a la presidencia.
En ese sentido, el «apagón estadístico» resulta funcional a la estrategia gubernamental porque invisibiliza el crecimiento de la pobreza en los últimos 15 meses. Las consultoras privadas estiman la existencia de 1,5 a 2 millones de nuevos pobres en la Argentina.

Nueva canasta
Las modificaciones metodológicas realizadas por el «nuevo» Indec impiden las comparaciones con series estadísticas anteriores. En esa línea, los investigadores del Centro de Economía Política (CEPA) sostienen que «los cambios metodológicos del nuevo Indec fueron deliberados y tuvieron la finalidad de impedir el empalme hacia atrás de las series de pobreza e indigencia, permitiendo soslayar el salto en la cantidad de individuos pobres del último año».
La metodología utilizada por el Indec, conocida como «línea de pobreza», consta de dos pasos esenciales: 1) Definir el valor de una Canasta Básica Total (CBT) que engloba a un conjunto de necesidades alimentarias y no alimentarias esenciales (vestimenta, transporte, educación, salud) y 2) Comparar los ingresos familiares con la CBT. Los hogares pobres son aquellos cuyos ingresos se encuentran por debajo de esa canasta valorizada.
La medición macrista resulta incomparable con las anteriores porque se modificó la CBT (se incorporaron mayor cantidad de productos y alteraron los ponderadores). El resultado de esos cambios metodológicos es una CBT mucho más cara y que, por ende, sobreestima la cantidad de pobres (en relación con la medición previa).
¿Es lógica esa ampliación (y encarecimiento) de la CBT? Para intentar responder ese interrogante, el investigador del Conicet Daniel Schteingart elaboró un cuadro comparativo con la cantidad de dólares diarios (en Paridad de Poder Adquisitivo) necesarios en cada país para no caer debajo de la línea de la pobreza o indigencia.

Los resultados de ese trabajo son elocuentes: el parámetro elegido por el Indec de Todesca es el más exigente de toda América Latina (ver infografía).
Retomando, el valor que le asignemos a la CBT es materia discutible. Lo que resulta incuestionable es que para comparar diversas mediciones se deben homogeneizar los criterios metodológicos.
A los fines de comparar «manzanas» con «manzanas», los investigadores del Centro de Investigación y Formación de la República Argentina (CIFRA) recalcularon (con la metodología actual) las tasas de pobreza e indigencia en la etapa 2004-2016.
Los resultados revelan que la tasa de pobreza habría disminuido del 57,3% (primer semestre de 2004) al 29,7% (primer semestre del 2015). A la vez, la tasa de indigencia habría descendido –en idéntico período– del 23,1% al 5,5%.

El problema de la vivienda
El déficit habitacional es una vieja asignatura pendiente en la Argentina. En los 12 años de gobiernos kirchneristas, los planes oficiales de vivienda construyeron alrededor de 1.200.000 soluciones habitacionales. Esa cifra incluyó desde la edificación de nuevas viviendas (alrededor de 400.000) hasta mejoras/modificaciones/ampliaciones en inmuebles preexistentes.
Sin perjuicio de eso, la fuerte revalorización de los inmuebles alejó el sueño de la casa propia. Ese fenómeno ocurrió, en mayor o menor medida, en toda América Latina. La investigadora Lucy Winchester explica que «la escasez de tierras urbanizadas y la naturaleza especulativa de los mercados de tierras en las ciudades más urbanizadas de la región han provocado un notable aumento de los precios de la tierra en las ciudades de América Latina y el Caribe» («La dimensión económica de la pobreza y precariedad urbana en las ciudades latinoamericanas. Implicaciones para las políticas del hábitat», Revista Eure).
La plataforma de la Alianza Cambiemos sostenía que «vamos a lanzar un millón de créditos hipotecarios a 30 años con fondos del Anses. La cuota mensual será parecida a la de un alquiler. Y lo vamos a lanzar el 10 de diciembre, porque creemos que es urgente y no hay razón para esperar ningún día más».
La realidad es muy distinta a las promesas de campaña. Los sucesivos anuncios oficiales (préstamos hipotecarios actualizados por Unidades de Vivienda (UVI), programa «Nación tu casa», «Solución Casa Propia») tuvieron un impacto muy limitado. Los mecanismos indexatorios previstos en el nuevo Procrear tampoco parecen el mejor camino para enfrentar esta problemática.