Economía

Financiamiento preventivo

Los intentos de la autoridad monetaria para calmar la corrida cambiaria de principios de mayo fracasaron y el gobierno recurrió como última instancia al auxlio del FMI. «Crisis» de Carrefour y descenso de rentabilidad de los supermercados.


Conferencia de prensa.
El ministro Dujovne, junto a su par de Finanzas, anunció la reducción del déficit fiscal primario del 3,2% al 2,7% del PIB. (Télam)

Buscamos financiamiento preventivo»,  afirmó el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, luego de que el presidente Mauricio Macri anunciara el inicio de la negociación de un auxilio financiero del Fondo Monetario Internacional (FMI) como último recurso frente a la corrida cambiaria que se agudizó durante la primera semana de mayo. Distintas versiones acerca del monto del crédito y sus condiciones inundaron a los pocos minutos de la noticia los medios especializados, aunque los detalles no se conocían hasta el cierre de esta nota. El pedido de auxilio corona dos meses muy calientes en materia económica donde el desconcierto gubernamental ante la corrida cambiaria fue notorio, a la vez que las contradictorias medidas adoptadas por el «mejor equipo de los últimos 50 años» se convirtieron en la comidilla de todos los analistas económicos, debido a que la administración de variables sensibles, como la tasa de interés, las reservas internacionales y el tipo de cambio, fue errática y confusa. Por caso, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) abandonó su prédica previa a favor de la flotación libre e intervino en el mercado de cambios desprendiéndose de alrededor de 8.000 millones de dólares de sus reservas en dos meses. Otro ejemplo de la cambiante conducta fueron las repentinas bajas y subas de la tasa de interés. En consecuencia, la tendencia ascendente de la moneda estadounidense estuvo en el centro de atención de todos los argentinos. La mayor demanda de dólares pudo haber sido «ayudada» por factores coyunturales, como la suba de la tasa de interés de la Reserva Federal de EE.UU. y el impuesto que grava a tenedores extranjeros de Lebacs. Sin embargo, lo central reside en que la economía argentina no genera dólares genuinos para el repago de la deuda. Una característica estructural que pone en evidencia una alta fragilidad.
En ese contexto, el 3 de mayo se transformó en un «jueves negro», cuando el dólar minorista cerró a 23,30 pesos (una devaluación del 8,3%) a pesar de que el Banco Central vendió reservas por 451 millones de dólares e incrementó tres puntos la tasa de interés de referencia, que pasó del 30,25% al 33,25%. Luego de continuas reuniones que se sucedían en los despachos oficiales y la circulación de versiones de todo tipo, la salida elegida fue endurecer la política monetaria y fiscal: el BCRA aumentó la tasa de política monetaria en 675 puntos, llevándola al 40%, y decidió bajar el tope de dólares que pueden tener los bancos en su poder, al reducir del 30% al 10% la posición neta en moneda extranjera. Por su parte, Dujovne anunció en conferencia de prensa un mayor ajuste fiscal: la meta del déficit primario pasó del 3,2% al 2,7% para este año. Ambas medidas impactarán negativamente en la actividad económica. Además, es sabido que el ajuste fiscal no soluciona el principal problema de la economía argentina: el desajuste de las cuentas externas. Sin embargo, el anuncio del ministro no provocó la reacción del mercado esperada por el equipo económico. A aquel «jueves negro», y tras los anuncios, le siguieron dos días que llevaron al gobierno a pedir auxilio financiero al FMI. «Estaremos tomando el financiamiento más barato que tenemos disponible, a tasas inferiores a las tasas de mercado. No aumenta el endeudamiento, porque reemplaza otro financiamiento que hubiéramos tomado a tasas más altas en el mercado», aseguró Dujovne.

Achique a la francesa
Desde fines del año pasado la cadena de supermercados Carrefour había hecho público que «reestructuraría» su filial argentina con cierre de locales y despidos. El primer trascendido fue que planeaba despedir 2.700 empleados y cerrar once establecimientos. La noticia tuvo mucho impacto porque esa cadena es uno de los mayores empleadores individuales de la Argentina: 19.000 trabajadores distribuidos en 600 locales. Así, a principios de abril la compañía solicitó la apertura de un proceso preventivo de crisis (PPC). El corolario de las reuniones en el Ministerio de Trabajo fue la firma de un acuerdo, avalado por el sindicato de Comercio, que incluyó: apertura de un régimen de retiros voluntarios, donde la expectativa empresaria es «desvincular» a 1.000 trabajadores ofreciendo montos indemnizatorios superiores a los previstos legalmente; rebaja de contribuciones patronales del 50% por 18 meses; autorización para cerrar locales; el PPC permanece abierto hasta marzo de 2021, es decir la posibilidad de reapertura de la mesa de negociación para, por ejemplo, plantear modificaciones (a la baja) en las condiciones de trabajo. El proceso es resistido por los trabajadores, quienes aseguran que la reducción laboral viene implementándose en los últimos años e iniciaron un plan de lucha, encabezado por delegados del sindicato opuestos a Armando Cavalieri.
Los beneficios otorgados a la empresa francesa provocaron la reacción de la competencia. La Cámara Argentina de Supermercados (CAS) y la Federación (FASA) reclamaron «igualdad de trato» y señalaron que están «muy interesadas en mantener las fuentes de trabajo, pero no consiguen el apoyo necesario como sí lo logró Carrefour». Mientras que las estadísticas oficiales revelan que, entre diciembre de 2016 y febrero de 2018 (último dato publicado),  los supermercados despidieron 7.322 trabajadores, una caída del 7,4% del empleo sectorial.