Economía | EVOLUCIÓN DEL SALARIO

«Milei lo hizo»

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Mirta Quiles

Todos los Gobiernos neoliberales en el país embistieron contra los ingresos reales de los trabajadores. Lo llamativo de esta nueva etapa no es su originalidad, sino su velocidad.

A toda máquina. La caída del salario real en los dos primeros meses de gestión libertaria es la mitad de la que tuvo lugar en los 14 meses de la posconvertibilidad.

Foto: Enrique García Medina

En julio de 1999, cuando el Gobierno de Carlos Menem ya estaba de salida sin opción de re-reelección, el Ejecutivo puso al aire una campaña de ocho spots. Solo 12 días de emisión bastaron para que la música pegadiza del recordado «Menem lo hizo» −que mostraba cada logro, obra o reglamentación que había impulsado el presidente en sus 10 años de gestión, «por el bien de todos los argentinos»− se anclara en la memoria colectiva. ¿Por qué remitirnos a un cuarto de siglo atrás y a una campaña de propaganda política? Porque la historia es sin dudas esa interrelación entre pasado, presente y futuro. Así, el cuadro del expresidente riojano cuelga hoy de una pared en la Casa Rosada, el actual mandatario lo reivindica en cuanta palestra se presenta, y hasta varios familiares de Menem son funcionarios de la gestión libertaria. Pero por esos rulos de la interpretación, elegimos recuperar de la memoria colectiva aquella muletilla y afirmar que en especial en lo referido a salarios e ingresos, a poco menos de cuatro meses de su asunción, «Milei lo hizo».   
En diciembre, el primer mes de Gobierno libertario, de acuerdo con datos del INDEC, se confirmó la peor caída del salario real desde la hiperinflación de 1989/1990. En solo un mes los trabajadores del sector privado registrado −el segmento más privilegiado− perdieron un 11,5%, mientras que los del sector público registraron una caída del 15,9%. Pero la embestida del nuevo Gobierno no se detuvo. En los dos primeros meses (diciembre y enero) el salario real de los trabajadores registrados medido por el RIPTE cayó un 20,7%. Y si bien en enero la suba nominal fue del 14,7%, el aumento más elevado de toda la serie, siguió corriendo desde atrás a la inflación. El mediano plazo lo único que permite avizorar es una licuación total de los salarios. «En comparación con octubre de 2015, el salario real promedio en el sector privado registrado cayó un 32,2% y en el sector público el derrape supera el 40%. No alcanzan las palabras para describir esto», afirmó Luis Campos, coordinador del Observatorio del Derecho Social de la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA Autónoma), en un hilo de X.
Para reconocer valores similares de caída, debemos remontarnos a dos momentos traumáticos para la sociedad argentina. La híper de 1989/1990, como señala Campos, y la crisis del régimen de convertibilidad en 2001, cuando la caída del salario real para el conjunto de la economía alcanzó el piso más bajo de la historia. Los economistas de El Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía (MATE) compararon la pérdida del salario en diciembre de 2023 (en promedio entre empleo privado y público, cerca del 14%) con la peor serie histórica, 14 meses entre 2002 y 2003, que totalizaron una caída del 29%. Solo en su primer mes la gestión de Milei derrumbó el salario real a una velocidad nunca vista en la historia nacional.
Sin embargo, más allá de los quiebres que significaron para la sociedad la híper de fines de los 80 como la crisis de 2001, durante la década del 90 la clase trabajadora no fue una de las ganadoras del nuevo régimen, ni menos aún lograron salarios cercanos a los 1.800 dólares, como afirmó Milei.
El exhaustivo trabajo de FLACSO, «Empleo y salarios en la Argentina. Una visión de largo plazo», que releva ambas variables desde fines de los años 60, señala que en la década del 90 los salarios reales estuvieron «en promedio un 35,5% por debajo de los registrados en 1974». Aclara además que, en la última década del siglo 20, los trabajadores percibieron salarios reales «tendencialmente más bajos mientras la productividad crecía significativamente. A modo de ejemplo: entre 1993 y 2001 los salarios de los trabajadores de la industria manufacturera disminuyeron un 8%, mientras que la productividad laboral se incrementó cerca de un 30%». En la misma senda, un trabajo del Centro de Estudios para la Producción (CEP XXI), da cuenta de que la mayor recuperación de los salarios −postcrisis del régimen de Convertibilidad− se dio entre el 2002 y el 2011, a horcajadas del dinamismo que se le dio al aumento del salario mínimo vital y móvil y de las sumas fijas. Los especialistas coinciden en que los mayores aumentos corresponden al período 2003-2007, sin embargo, el impulso llega hasta mediados del segundo Gobierno de Fernández de Kirchner (2012). Con la llegada al poder del primer Gobierno neoliberal del siglo XXI, con el macrismo a la cabeza, los salarios reales de trabajadores registrados afrontaron una pérdida de poder adquisitivo del orden del 20,7% en sus cuatro años de gestión. Mientras que, durante el Gobierno del Frente de Todos (2019-2023) se sumó una caída adicional que alcanza el 10,9%. Si para este mismo período se considera el poder adquisitivo del salario medido en alimentos, la reducción es sustantivamente más fuerte: 21,1%. «Sobre este escenario de deterioro salarial se suceden las caídas recientes de los meses de diciembre y enero, que son inusitadas», sostiene el último Informe sobre salarios reales de CIFRA.
Este sendero de caída continua del salario desembocó en una situación que, por lógica, no deja de sorprender. Por primera vez desde 2016, cuando el INDEC retomó la medición de la Canasta Básica Total (CBT) −el total de gastos de una familia de dos adultos y dos menores−, el salario promedio del sector formal quedó por debajo de la CBT. Si bien los trabajadores «peleando para no caer en la pobreza» es una situación que viene de lejos y que se agravó desde 2023, cuando la inflación se disparó, en la actualidad todo indica que los meses venideros ampliarán aún más la brecha en la relación salarios/ingresos-canasta básica.
Sobre este y otros temas consultamos a la economista Ana Rameri, coordinadora general del Instituto de Pensamientos y Políticas Públicas (IPYPP).
−Para encontrar una licuación de salarios similar a la de los últimos meses tenemos que remontarnos a un cuarto de siglo atrás…
−Lo que hay que visibilizar es que la licuación de ingresos de quienes viven de su trabajo es un objetivo fundamental del programa de gobierno, no es algo colateral de su política. Es la meta principal de un programa de shock, de transferencias de ingresos de los trabajadores a los propietarios del capital concentrado, que son el principal sustento político de la actual administración. Todas estas caídas se verificaron en otros momentos, como en la dictadura o el menemismo, pero en periodos más extensos. Además, el agravante es que el punto de partida de este programa de ajuste recargado ya era un escenario de fuerte deterioro de salarios e ingresos y de un extensivo empobrecimiento para quienes viven de su fuerza de trabajo. Luego del ajuste del macrismo, la gestión del Frente de Todos reflejó una fuerte impotencia para defender los ingresos populares. Y después de la firma con el FMI, en marzo de 2022, se sepulta toda la ilusión de recuperar lo perdido para la clase trabajadora. Por eso los salarios formales públicos y privados terminan cayendo, pero las caídas más significadas se dan en los sectores más desprotegidos. Los informales perdieron 34%.
−Sin embargo, el mercado laboral muestra niveles históricos a la baja durante los últimos cuatro años
−En todo 2023 tuvimos un mercado laboral con niveles históricamente bajos de desocupación, tasas de empleo récord, pero, sin embargo, 3 de cada 10 ocupados eran pobres. Tampoco es nada desdeñable el porcentaje de pobreza entre los asalariados registrados −el segmento privilegiado− que alcanza al 17%.
−Claro, eso se refleja en la relación salarios-Canasta Básica
−Hace varios años se quebró la idea originaria del concepto salario, que como tal debe estar relacionada con un acceso a una canasta de bienes y servicios. El salario capaz de reproducir la fuerza de trabajo. Es la primera vez en la historia, en estos meses de gestión de Milei, que el valor del salario mínimo está por debajo de la línea de pobreza para un adulto. Y no solo el salario mínimo. Un salario para un puesto formal en el sector privado con hasta 5 años de antigüedad, en enero llegaba a 500.000 pesos, y eso no alcanza para cubrir los 690.000 que es una canasta total para una familia tipo, la que demarca la línea de pobreza. Y aún más lejos está de alcanzar un consumo medio, para acceder a una clase media. Ese umbral llega hoy a cerca de 1 millón de pesos.

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