Economía | ÉRIC TOUSSAINT

Oportunidades perdidas

De visita en el país durante la última semana, el portavoz del Comité por la Abolición de las deudas ilegítimas analizó el acuerdo con el FMI.

Precisiones. En su exposición el politólogo belga enumeró cada una de las estrategias posibles para llegar a un acuerdo con el Fondo.

GUADALUPE LOMBARDO

Éric Toussaint, portavoz del Comité por la Abolición de las deudas ilegítimas (CADTM), es uno de los referentes en la lucha por la realización de auditorías de deuda externa tanto en Europa como en América Latina. En el marco de la aprobación del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) por parte del Parlamento argentino, el historiador y politólogo belga visitó el país y brindó una serie de conferencias que despertaron un gran interés. En ese contexto, y organizada por el Instituto Argentino para el Desarrollo Económico (IADE), la Universidad Nacional de Quilmes y la Central de Entidades Empresarias Nacionales (CEEN), Toussaint se refirió en su charla a las «oportunidades perdidas» por el Gobierno nacional en la negociación y acuerdo con el organismo internacional de crédito.
En un castellano pausado y claro el portavoz de CADTM comenzó aclarando que expondría acerca de cómo el Gobierno del Frente de Todos debería haberse conducido en la negociación con el Fondo por el crédito otorgado al Gobierno de Cambiemos en 2018, según su opinión. «Ese crédito claramente es ilegal y odioso, por lo tanto el Gobierno tenía todo el derecho de desconocerlo. Ilegal, porque no se había sometido a la aprobación del Parlamento, e ilegal desde el punto de las vista de las leyes en vigor en Argentina. Odioso porque no ha sido contratado para el beneficio del pueblo, sino en contra del interés del pueblo. Ese es uno de los dos criterios para identificar a una deuda como odiosa». En donde el segundo criterio tiene como eje el accionar del «prestamista», el FMI. Además de caracterizar al crédito como político –impulsado por Donald Trump y en contra de su propio estatuto por el elevado monto otorgado–, aclaró Toussaint que el Fondo monitorea y hace seguimiento del crédito. «A esto podemos agregarle que el Fondo fue cómplice de la fuga masiva de capitales, identificada claramente por el Banco Central argentino, cuando el FMI tiene la responsabilidad de la fuga y tiene como una de sus misiones la posibilidad de aprobar el control del movimiento de capitales. Lo aprobó en Islandia en 2008, lo impuso a Chipre en 2013 y no hizo nada en 2018/ 2019 con Macri. Entonces, ha sido cómplice de la fuga».
Al referirse a las estrategias que el Gobierno nacional debería haber llevado adelante durante la negociación, Toussaint aseveró que «el compromiso y el deber era implementar o concretar una política, una estrategia para convencer a la opinión pública nacional e internacional del carácter odioso e ilegal de ese crédito. Y era totalmente posible porque el calendario de pago hacía que no fuera necesario inmediatamente declararse en cesación de pagos. Lo que hubiera hecho posible anunciar la auditoría, organizarla, llegar a conclusiones antes del primer pago, y allí, montando una campaña nacional e internacional, demostrar el carácter odioso e ilegal, justificar con el apoyo popular y con ciertos apoyos internaciones la suspensión de pago y el desconocimiento del acuerdo anterior».
«El FMI solamente frente a acciones fuertes y duras de un Gobierno hace concesiones. Pero las autoridades argentinas entraron en una negociación interminable, sin explicar al mundo, a la opinión pública internacional, que el FMI se comportaba sin abrir espacios a concesiones. Ese es el primer punto. Era posible, sin tener que suspender inmediatamente el pago, tener un período para convencer a la opinión pública internacional, incluso para ir a instituciones internacionales, pero no para impugnar, sino para hacer campaña. Ir a al UNCTAD (Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo), convocar a una sesión especial de Naciones Unidas, imponer el tema en la agenda del G20, y aun en el seno del propio FMI. No aprovechó, por ejemplo, que en 2020 y 2021 la dirección del Fondo estaba desestabilizada por una crisis interna porque su directora estaba totalmente cuestionada por su papel en el Banco Mundial respecto a China. Había espacio incluso frente al FMI y dentro del Fondo para desestabilizar más la dirección. Sin embargo, la estrategia adoptada fue la de negociación interminable». Para Toussaint una segunda oportunidad perdida fue la pandemia de COVID-19. «En esas circunstancias, sin tener que hablar del carácter odioso del crédito se podía, en argumento del derecho internacional, hablar de cambio fundamental de circunstancia, fuerza mayor y estado de necesidad para declarar una suspensión del pago de la deuda para responder a la crisis de salud pública y a la crisis económica». Para cerrar, el politólogo belga se refirió a la coyuntura nacional e internacional y señaló: «Y tercero, la situación actual. Por qué no decirle a la opinión pública nacional e internacional que “nosotros como Gobierno de buena fe, hemos entrado en una negociación con el FMI con argumentos fuertes y nos damos cuenta que el Fondo no abrió ninguna puerta real, por lo tanto abusó de nuestra buena fe, de nuestra buena voluntad. Hemos pagado 6.500 millones de dólares en reembolsos de una deuda que no reconocemos. Ya basta, tomamos una medida soberana unilateral de suspensión de pago y no vamos a entrar en otro acuerdo para nuevamente endeudar al país”. Otra vez se perdió una oportunidad. Además, con el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania, que comenzó hace menos de un mes, el FMI y Estados Unidos no están en condiciones de abrir otro frente más en su propio campo cuando tienen una situación de conflicto agudo con uno de sus miembros, Rusia. Hay que aprovechar este tipo de contradicciones y de debilidades de los acreedores. Los que afirman que no había alternativa… es totalmente falso. Había alternativa».


Mirta Quiles