Economía

Según el cristal con que se mire

En caída libre desde 2017, como consecuencia de la crisis en general y de actividades vinculadas, como la construcción, el sector enfrenta en varios de sus rubros grandes desafíos: cuidado del medioambiente y reutilización de envases reciclables.

Producción. La utilización de la capacidad instalada del área es menor al 60%. (3estudio/Juan Quiles)

La producción de vidrio nacional cayó en picada durante los últimos años debido al pésimo desempeño del consumo y la construcción, dos actividades de fuerte vinculación con el sector. Sin poder despegarse de la crisis general, la industria y sus subproductos acumularon (de acuerdo con los últimos datos publicados), al tercer trimestre de 2019, una caída promedio del 7,6% respecto de igual período del año anterior. Dado que se trata de una actividad en constante expansión y apuntalada por los cambios en el consumo de reciclables, la elaboración de vidrio, principalmente el denominado hueco (para envases), logró sortear mejor el desplome económico que otras industrias y economías regionales de mano de obra intensivas.
Esta industria contempla distintos subsectores, entre los que se destaca la producción para envases, vidrios planos (principalmente para la construcción), fibra de vidrio de filamento continuo, domésticos, especiales (incluye vidrio soluble), lana de vidrio y fibras cerámicas, entre otros rubros.  Según el INDEC, los productos minerales no metálicos registran un nivel de utilización de la capacidad instalada de 71,9%, inferior al de agosto de 2018 (72,1%), como consecuencia principalmente de la menor fabricación de cemento, artículos sanitarios de cerámica, pisos y revestimientos cerámicos y mosaicos. Dentro del rubro, la producción de vidrio mantiene un nivel de uso de su capacidad del 80%.

Polos de desarrollo
Si bien el sector no es un exportador neto, su suerte está atada al desempeño de las ventas externas de otros productos manufacturados. El último año de crecimiento fue 2017, previo a la profundización de la crisis, con un promedio de mejora de entre 2% y 2,5% anual. Hasta ese momento, la producción de envases superó los 6 millones de toneladas, equivalente al 1,6% del PBI. Entre los principales jugadores del mercado se destacan, en Buenos Aires, Cattorini, Rigolleau y Durax. Esta última, recuperada por sus trabajadores en 2002 y organizada como Cooperativa Cristal Avellaneda, produce vidrio hueco y vajilla. En 2017 comenzó a incursionar en la línea de frascos y envases para la industria alimenticia. A fines de 2019, las fábricas recuperadas del sector del partido de Avellaneda –principal polo productor– estaban trabajando a menos del 60%, incluso algunas al 40%. En Mendoza y Rosario se concentran otros dos polos. En el primer caso, estrechamente vinculado con la producción vitivinícola. Allí aparecen empresas de mayor tamaño, como la compañía francesa Verallia, marca del packaging del Grupo Saint-Gobain, que lleva 16 años en la provincia y que alcanzó una producción anual de 550 millones de envases. Cattorini Hermanos, con sede en Buenos Aires, y con hornos en Mendoza y en San Juan, es otra de las empresas que se dedica a la producción de vidrio, aunque orientada a botellas para cervezas, licores, gaseosas, sidras y jugos. Otro desafío que enfrenta el sector en los últimos años hace hincapié en el cuidado del medioambiente y la reutilización de envases reciclables. En Rigolleau, el 50% de la materia prima proviene de envases recuperados. Un kilo de vidrio reciclado reemplaza a 1,2 kilos de materia prima virgen, lo que ahorra la emisión de 0,67 kilo de CO2, explica la firma. De todos modos, en Argentina, los niveles de reciclado son bajos todavía si se los compara con otros países. Mientras que en el país se recicla el 45% de los envases, en Europa este promedio asciende al 70%, con picos de hasta 90% en economías más eficientes en la selección y recolección.