Política | ACTO EN PLAZA DE MAYO

Campaña en marcha

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Alberto López Girondo / Jorge Vilas

Cristina Fernández convocó a los militantes a redoblar el esfuerzo para afrontar la crucial elección presidencial y dejó abierto el escenario de candidaturas. Las internas de la derecha.

20 años después. Cristina Fernández recordó en un encuentro multitudinario el inicio de los gobiernos kirchneristas en 2003.

Foto: Télam

«Es necesario construir organización, profundidad territorial de la organización, profundidad sectorial en los sindicatos, en las fábricas. Una sola persona no puede. Tiene que haber una organización, tiene que haber cuadros que tomen la posta y lleven adelante el programa de gobierno que necesita la Argentina». Cristina Fernández convocó de este modo a la multitud que colmó la Plaza de Mayo bajo la lluvia del día patrio a redoblar el esfuerzo militante para enfrentar la disputa electoral de este año.
El «tomen la posta» sonó como una nueva ratificación de que no será ella quien lleve adelante una candidatura, sino que aspira a que otros y otras se hagan cargo de encabezar las listas y salir a la batalla electoral que se avecina.
En un escenario ocupado por funcionarios, legisladores –entre ellos, el diputado Carlos Heller–, gobernadores, intendentes, dirigentes sociales y gremiales, parte de la familia de la oradora, y en el que no estuvo el presidente Alberto Fernández, la vicepresidenta recordó el Gobierno de Néstor Kirchner, quien asumió 20 años atrás. «Si todo estaba en manos de los privados, de los buenos administradores, ¿por qué la Argentina debía tanta plata? Por una razón muy sencilla, porque habían contraído deuda externa, porque la habían estatizado en 1982, porque siguieron durante toda la década de los 90 para sostener la falsa dolarización endeudando al país», expresó. «Y hoy escuchamos a quienes eran discípulos y colaboradores de ese ministro (Domingo Cavallo) explicando lo que van a hacer», agregó.
El discurso recorrió los ejes propositivos que venía desarrollando la dirigente en sus últimas intervenciones. Acerca del modelo económico, aseguró que «no podemos seguir atados a una economía primarizada, no podemos seguir atados a los precios internacionales o a que llueva o salga el sol. Necesitamos dar un salto cualitativo, articular lo público y lo privado, una alianza para agregar valor, para incorporar tecnología».
Asimismo, calificó con dureza la gestión del expresidente Mauricio Macri y el daño que causó al país en su paso por la Casa Rosada comparándolo con la actual gestión. «Todos saben las diferencias que he tenido y que no es necesario explicitarlas porque lo he dicho un 20 de diciembre en La Plata, cuando dije: “va a haber crecimiento, pero ojo, cuiden los precios de la economía porque si no el crecimiento se lo van a llevar 4 vivos”. Y pasó, se lo están llevando 4 vivos. Y crecimos. Porque a pesar de los errores, equivocaciones o diferencias este Gobierno es infinitamente mejor que lo que hubiera sido otro de Mauricio Macri, no tengo dudas», señaló. Y en ese sentido definió que el principal problema es la distribución del ingreso. «Creanme que para distribuir el ingreso muchas veces hay que ponerle carita fea a los que tienen mucho», afirmó y aseguró que es imprescindible investigar el endeudamiento del país impulsado por el gobierno anterior.
No escapó a su análisis la situación del Poder Judicial y su cabeza, la Corte Suprema a la que calificó como «un mamarracho indigno». Y añadió: «Tenemos que repensar el diseño institucional argentino, no podemos seguir con la rémora monárquica de personas que son designadas por vida y que nunca más rinden cuentas a nadie ni a nada».
Mientras los manifestantes pedían «una más», la líder del Frente de Todos (FdT) no hizo mención de quienes serían candidatos o candidatas del espacio, dejando un escenario abierto, aunque puede inferirse que entre los dirigentes que la acompañaban en el estrado se encontraba quien sería el elegido para encabezar la fórmula presidencial. Entre otros, muy cerca de la titular del Senado se encontraban los ministros de Interior y Economía, Eduardo de Pedro y Sergio Massa, y el gobernador bonaerense, Axel Kicillof.

Antes del acto
Luego de la entrevista con Pablo Duggan en el canal C5N habían quedado en claro dos cosas: que para la vicepresidenta la disputa presidencial será entre tres tercios del electorado. Es decir, FdT, Juntos por el Cambio (JxC) y el mal llamado «libertario» Javier Milei.
Si bien eso no se reflejó de manera contundente en las elecciones que se llevaron a cabo en el interior del país, la vicepresidenta hacía referencia a un sondeo a nivel nacional del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag), una institución de referencia que suele divulgar información bastante precisa en base a trabajos de campo presenciales en todo el territorio. En el informe se preguntó, sobre 2002 casos «cara a cara» en 27 localidades de 18 provincias, con qué espacio se identificaban los consultados. El «mileísmo», por denominarlo de alguna manera, registró 24,8% de aceptación contra 24% de FdT y 20,9% de JxC.
Además, en la entrevista y en la carta difundida días antes la expresidenta ratificó que no pretende postularse a ningún cargo. Esa certificación dejó un hueco en el espacio del Frente de Todos. Según la vicepresidenta, la candidatura debería ser para algún hijo de la generación diezmada, lo que azuzó la idea de que apoya al ministro De Pedro, uno de los más claros representantes de ese colectivo dentro del FdT. Pero las voces en favor de que el gobernador bonaerense Axel Kicillof compita por la presidencia como representante del kirchnerismo tallaron cada vez más fuerte. A continuación, se lanzaron a la disputa el líder social Juan Grabois, el embajador en Brasil Daniel Scioli y el jefe de Gabinete Agustín Rossi.
Sergio Massa, en tanto, a pesar de que los números de la inflación no le dan alegrías, no pierde ocasión de mostrar su deseo de impulsar, si no su propia candidatura, al menos a alguien del Frente Renovador. En ese contexto, hace tiempo ya que busca morigerar los enfrentamientos internos, a los que de alguna manera relaciona con la inestabilidad cambiaria. «Es clave que se entienda que para que haya orden económico tiene que haber orden político». Y convocó a asumir los errores cometidos y a no caer en «peleas de enanos que terminan generado un vacío de poder».

Rencillas opositoras

En la lucha por los espacios, en la oposición nadie se guarda nada. Se podrá decir que la pelea entre Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta por la candidatura presidencial esconde la puja del alcalde porteño con el expresidente Mauricio Macri. Pero Cristina Fernández, vaya paradoja, con su definición de la disputa entre tercios parece haber influido para que no haya riñas en la Ciudad Autónoma, y el PRO decidió ir unido detrás de un candidato que surja –algo insólito en estas latitudes– del resultado de tres encuestas entre el favorito del expresidente, su primo y exintendente de Vicente López, Jorge Macri, y el ministro de Salud de la ciudad, Fernán Quirós, «pollo» del jefe de Gobierno. De allí saldrá quien competirá en las PASO con el representante radical dentro de Juntos por el Cambio, Martín Lousteau.
El que fuera ministro de Economía de Cristina Fernández en 2007, si bien obtuvo el guiño de Rodríguez Larreta para presentarse, no tendrá su voto. Quizás por eso sorprendió criticando la política educativa de la ciudad. «Con qué cara podemos mirar a un padre o a una madre si sus hijos no pueden recibir una buena educación o conseguir una vacante» dijo, ante el dato de que más de 56.000 niños y niñas se quedaron sin vacantes en las escuelas públicas porteñas.
En otros distritos, la guerra es abierta e incluye todo tipo de zancadillas, «robo» de dirigentes y acusaciones cruzadas, aunque siempre es convenientemente disimulada por los medios hegemónicos que prefieren enfocarse en las disputas internas del FdT.
El tercio con menos dudas de los que están en la disputa es del reaccionario Milei. Allí las peleas son por figuración y dinero para el armado de una estructura inexistente, pero en lo ideológico no hay fisuras. La elección como compañera de fórmula de la diputada Victoria Villarruel ratifica los lineamientos de ultraderecha del espacio. Su ladera es negacionista, reivindica a los genocidas de la dictadura cívico-militar y niega la existencia de 30.000 desaparecidos, a tono con el discurso del personaje mediático que hoy, según lo expresan diversas encuestas, canaliza parte de la bronca de la sociedad ante una situación económica y social que golpea a millones de argentinas y argentinos.

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