Política | ACTITUDES ANTISISTEMA

Contra la política

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Alberto López Girondo

Sectores de la oposición sostienen un discurso que, bajo un supuesto manto de republicanismo, apunta a los mecanismos institucionales y critica tanto al oficialismo como al pueblo argentino.

Debate fallido. En plena sesión, Ritondo, junto con diputadas y diputados del PRO, grita y gesticula.

Foto: Arkadiy Nikols

La imagen viralizada del jefe de la bancada del PRO, Cristian Ritondo, haciendo un gesto grosero y misógino en la escandalosa y frustrada sesión de Diputados del 1° de diciembre coronó varias semanas en las que la dirigencia de los distintos sectores de la oposición puso de manifiesto unas señales de vocación antipolítica que, al menos desde el riñón de un poder institucional, cuesta encontrar en la Argentina de la democracia. En la sesión fallida, además de la designación de autoridades de la Cámara, previamente acordada, se aprobaría la creación de nueve universidades nacionales. Sin embargo, primó la voluntad de obstaculizar el funcionamiento de un poder del Estado a partir de especulaciones políticas.
Para los corrillos del debate mediático, quizás el que viene dando más cuerda a ese perfil perturbador sea el senador cordobés Luis Juez, quien suele apelar al humor provincial para lanzar dardos contra sus opositores, tanto internos como externos, con suerte habitualmente esquiva. En una cena del sempiterno programa que conduce Mirtha Legrand, Juez lanzó un comentario que recibió una réplica inesperada. Luego de afirmar que «ningún argentino puede decir que la democracia le cambió la vida», con una explícita alabanza al gobierno militar, la filoderechista catalana Pilar Rahola lo interrumpió al aire con un «yo no puedo aceptar esa frase, perdóneme. La democracia siempre salva la vida, respecto a las dictaduras».
A los pocos días, el senador –que pugna judicialmente por un cargo en el Consejo de la Magistratura en representación de la Cámara Alta– se descargó en el canal LN+ con un comentario que incluso excede a la política para cuestionar a todos los nacidos en esta tierra. «Somos jodidos los argentinos. ¡Qué pueblo de mierda! Le exigimos mucho más a un jugador de fútbol que a nuestros propios dirigentes», lanzó tras el partido que el equipo de Lionel Scaloni jugó contra México, del que dependía la clasificación para una nueva ronda en Qatar 2022. Intentó morigerar la situación unos días después añadiendo que él también es parte de esta sociedad, a la que le reclamó que «no reacciona», sin especificar qué tipo de reacción pretende. Todavía se recuerda su paso por la diplomacia vernácula, cuando siendo embajador en Ecuador, en 2017, dijo en una entrevista radial que se había tenido que ir a cambiar la camisa «para que no digan que este mugriento se ve que agarró hábitos ecuatorianos».

No gastar aunque cueste vidas
En el canal TN, el «libertario» Javier Milei también alborotó a la audiencia cuando explicó su voto negativo a un proyecto de ley para la ampliación del Programa de Cardiopatías Congénitas destinado a la detección precoz en embarazadas. «Implica más presencia del Estado interfiriendo en la vida de los individuos e implica más gastos. Eso no funciona así», dijo, para concluir que había rechazado el proyecto «en función del ideario liberal».
Milei siempre avisó cuál es ese ideario, el que alguna vez le permitió expresar su acuerdo con la venta de niños y de órganos por eso del «libre marcado». Pero tiene sus contradicciones. Por un lado define a los miembros del Legislativo como una «casta» que vive del erario público y justificói su candidatura en la promesa de terminar con esa «lacra» desde adentro. Una vez ganada su banca, sorteó su sueldo de diputado como si fuera una tómbola. Pero no puede escapar al reproche de que no cumple con la tarea por la que, quiera o no, le pagan: el récord que le anotan es de 41 faltas al Congreso este año y asistencia en solo 25 debates.
En esto de las ausencias, el expresidente Mauricio Macri fue uno de sus mayores exponentes. En 2006, cuando era diputado por la Ciudad de Buenos Aires, un año antes de asumir como jefe de Gobierno porteño, un informe de la Cámara Baja halló que de 321 votaciones había faltado a 277. Su explicación fue que el Congreso es «un sitio en el que no se debaten ideas» y hasta llegó a decir que se aburría. El fundador del PRO también se suele ir de boca –no del club que presidió entre 1995 y 2008, por cierto– y antes de viajar al Mundial como titular de la Fundación FIFA, puso entre los candidatos a ganar la copa a Alemania, con el argumento de que es una «raza superior». Fueron dos errores seguidos: tuvo que decir que no quiso decir lo que dijo y luego recibió burlas por el pronto regreso del conjunto germano del país árabe. El exmandatario es el mismo que dijo que en Argentina no hay modo de ganar dinero como empresario si se pagan todos los impuestos.
El diputado Gerardo Milman también tuvo su cuarto de hora de fama. Dueño de una verborragia muy particular en cada uno de los varios partidos que integró, a principios de este año llamó a ir a Ucrania a luchar en defensa de ese país ante la incursión rusa. Desde fines de octubre su nombre aparece en las pantallas por una frase que le atribuyen sobre el atentado a Cristina Fernández, pero sus mayores problemas hasta ahora pasan por el manejo discrecional de su cargo.
En un caso, en el Ministerio de Seguridad, donde fue el brazo derecho de Patricia Bullrich y contrató a una ex miss Argentina como jefa de la Escuela de Inteligencia Sobre el Delito y a la hermana de la joven como jefa de la Dirección de Inteligencia Criminal. Sin antecedentes que justifiquen ambos puestos, pero con amplio manejo de fondos reservados de acuerdo con las normativas del Gobierno macrista.
Donde más políticamente –y hasta familiarmente– comprometido está Milman es, en cambio, un incidente de tránsito de una mujer que circulaba con un automóvil sin documentación en regla y sin registro de conductora. La dama llamó a Milman, que se presentó de inmediato con el documento que acredita su banca para asegurarles a los agentes de la policía porteña que el auto era de él y ella era su mujer. El vehículo no está a nombre de Milman y en su libreta de casamiento tampoco figura la mujer en cuestión, que ocupó varios puestos en el Gobierno porteño. El caso está a tratamiento de la Cámara Baja por pedido del fiscal que intervino, César Troncoso. El hecho se registró en abril pero trascendió recién ahora. El legislador culpa de la difusión al alcalde porteño, Horacio Rodríguez Larreta, que compite en la interna del PRO a la presidencia de la Nación con Bullrich, quien a su vez intenta tejer lazos con Milei para ampliar su base de sustentación en 2023.

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