Política

Darío Lopérfido y un triunfo simbólico

Darío Lopérfido ha dejado de ser el Ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires. Su renuncia está asociada al repudio general que se originó tanto en los organismos de derechos humanos como en el sector artístico a nivel nacional e internacional. Es la primera vez que un ministro en democracia hace declaraciones tan repudiables sobre los desaparecidos. La idea  de negar o no reconocer cabalmente la represión y el terrorismo de Estado cometido por la última dictadura cívico-militar, coloca a Lopérfido en un lugar especial en relación a lo que fue el genocidio en nuestro país. En general, hoy en el mundo, el «negacionismo» es rechazado, no se puede ocultar ya el genocidio nazi, el genocidio armenio y los crímenes cometidos contra los pueblos originarios en nuestra América. Por eso cabe preguntarse cuáles fueron los motivos para que un funcionario de la cultura formule declaraciones de esta gravedad. El exministro instaló además una persecución macartista o de caza de brujas contra artistas, algo que ya no tiene demasiado lugar en la cultura.
Su renuncia se ha transformado en un triunfo simbólico para los organismos de derechos humanos y todo el sector cultural, demostrando que las reservas democráticas en nuestro país son muy sólidas. Esas reservas serán sin duda las que garanticen crear alternativas políticas al modelo neoliberal y la restauración conservadora que representa tan bien el exministro. Es inevitable interpretar que, en lo simbólico, el espacio vacío que dejó su renuncia –todavía no se anunció al reemplazante en el cargo que ocupaba–, da cuenta del rol abandónico del actual gobierno en materia de gestión cultural. Un Ministerio sin ministro, no es trivial que sea, justamente, el Ministerio de Cultura con un extitular que intentó ir en contra de la historia y de la labor de los trabajadores de la cultura.