Política

Desafío cuyano

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Tras la derrota de Juntos por el Cambio en la presidencial crecen los reacomodamientos y reclamos de reformas en los modos de conducir el armado político. El gobernador de Mendoza asoma como uno de los más fuertes críticos del liderazgo de Macri.

Festejo. El diputado electo quiere encabezar desde diciembre el interbloque legislativo. (Télam)

Después de los comicios, envalentonado por su remontada post-Paso y el 40% del 27 octubre, el presidente Mauricio Macri se autoproclamó líder de la oposición futura. Sin embargo, ese rol central en el armado político por venir tiene competidores, dentro del partido del presidente mismo y en algunos de sus aliados circunstanciales. Quizás el más fuerte sea Alfredo Cornejo, gobernador de Mendoza y titular de la UCR nacional, uno de los pocos dirigentes del oficialismo que pudo refrendar en las urnas el #SíSePuede.
A diferencia de la «derrota digna» con que fue arropado Macri, Cornejo obtuvo una victoria clara al revertir el resultado negativo de agosto. A la cabeza de los candidatos a diputados por Mendoza –su gobernación termina en diciembre–, el mandatario se impuso con el 52%, 10 puntos más que en las primarias, y ganó tres bancas en el Congreso. Además, le aportó una inyección de votos a la recuperación de Macri en su provincia, que del 38% trepó al 50%. Un mes antes, su candidato para sucederlo en la gobernación, Rodolfo Suárez, había triunfado por 15 puntos de ventaja. Gracias a esta racha positiva, Cornejo cerró el año como uno de los pocos ganadores cambiemitas, compartiendo cartel con Horacio Rodríguez Larreta.

Nuevas reglas
Mostrando estas credenciales, no tardó en pedir pista entre sus socios: «No puede ser una conducción unificada en una persona, porque una sola figura no representa la coalición en su conjunto», sostuvo el mendocino, en un mensaje directo a Macri, y le exigió al PRO aceptar nuevas reglas de convivencia. «Deberán corregir la verticalidad –planteó–, porque tener esa visión empresarial de la política es la que produjo estos errores y desaciertos y este pobre desempeño económico».
No es la primera vez que reclama horizontalidad y juego propio. Desde que asumió al frente de la UCR, en diciembre de 2017, buscó levantarle el perfil al radicalismo, que siempre se sintió subestimado en el reparto de poder. «Queremos participar de una deliberación más amplia dentro de Cambiemos», aseguró. En mayo de 2019, el mandatario cuyano fue el único dirigente oficialista que, a viva voz, puso en duda la conveniencia de que el presidente fuera por la reelección. «No hay que descartar que Macri no sea candidato», planteó Cornejo, y propuso ir a una interna. Por entonces, agitaba el llamado «Plan V», que impulsaba a María Eugenia Vidal como mejor opción. También pedía ampliar la coalición para incluir a Juan Manuel Urtubey, Juan Schiaretti, Roberto Lavagna y Sergio Massa. Esta rebeldía verbal, que en el PRO consideraron un exceso de protagonismo, lo llevó a chocar con Marcos Peña, más aún cuando sugirió que hacía falta «un jefe de Gabinete que tenga el poder suficiente». La respuesta del ministro coordinador fue tajante: «A un presidente no se lo somete a una interna».
Ahora, con «el mensaje de las urnas» dándole la razón, Cornejo tiene tres objetivos: uno, casi en el bolsillo, y dos más complicados. Quiere ser reelecto como jefe de la UCR, para lo cual tiene apoyos mayoritarios, y también mira con expectativas la titularidad de la bancada radical y del interbloque de Cambiemos en Diputados. Ahí, su principal y poderoso competidor es el actual titular de ambos cargos, Mario Negri, referente del partido en Córdoba. Otro obstáculo son sus diferencias con Elisa Carrió, si bien luego de renunciar a su banca el futuro de la chaqueña es más incierto que de costumbre. En cuanto a los aliados, sumó a uno en alza: el senador electo Martín Lousteau, quien supo decir que el mendocino era «el mejor gobernador de la Argentina» y que, con su ayuda, busca ser cabeza de bloque en la Cámara Alta.
Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública, a sus 57 años, Cornejo parece convencido de que le llegó el momento de dar el siguiente paso. Antes del 27 de octubre, entre risas, en una entrevista distendida, había dicho: «Voy a ser candidato en 2023. La Argentina no puede estar sin mí como presidente». Fue un chiste, pero en el macrismo no causó mucha gracia.

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