Política

El Che, Fidel y una ruptura que no existió

A 50 años del asesinato de Ernesto Guevara, una reflexión acerca de los significados y el contexto del discurso de Castro en La Habana, cuando se confirmó lo ocurrido en La Higuera.

Mano a mano. Dos revolucionarios que forjaron un vínculo entrañable.

Con la misión de desmoralizar al campo antiimperialista y promover la desunión entre los luchadores, periódicamente aparecen «denuncias» de un enfrentamiento entre Fidel y el Che, que son rápidamente reproducidas y magnificadas por los grandes medios de comunicación de masas hoy controlados, como jamás antes, de manera casi absoluta por el imperialismo y sus agentes.
Recientemente ha reverdecido el ataque a la Revolución Cubana y a la figura de Fidel hablando de un enfrentamiento que habría impulsado al «guerrillero heroico» a marcharse de Cuba buscando nuevos horizontes para su lucha emancipatoria. Muchas calumnias se fabricaron, pero se estrellan contra la evidencia irrefutable que arrojan los documentos escritos de Fidel y del Che. A 50 años, surge el recuerdo del discurso de Fidel cuando se realizó la velada solemne del 18 de octubre de 1967 en la Plaza de la Revolución, una vez conocido y verificado el asesinato del Che en Bolivia. El Comandante sintetiza entonces su admiración a «un jefe extraordinariamente capaz, como un maestro, como un artista de la guerra revolucionaria». Y prosigue Fidel diciendo que «el Che reunía como revolucionario las virtudes que pueden definirse como la más cabal expresión de las virtudes de un revolucionario:  hombre íntegro a carta cabal, hombre de honradez suprema, de sinceridad absoluta, hombre de vida estoica y espartana, hombre a quien prácticamente en su conducta no se le puede encontrar una sola mancha. Constituyó por sus virtudes lo que puede llamarse un verdadero modelo de revolucionario».
¿Hubo diferencias de opinión entre estos dos gigantes de la revolución? Seguro. Pero se producían en el interior del discurso y la praxis de la revolución, puntos de vista por momentos divergentes que se originaban en los inéditos desafíos que implicaba la construcción de un proceso revolucionario a unos pocos kilómetros de Estados Unidos. Uno de los infundios más reproducidos es el que afirma que Fidel se opuso a la decisión del Che de iniciar un foco guerrillero en Bolivia. Luego de la frustrada experiencia en el Congo, Guevara decidió insertarse en el corazón de Sudamérica para, desde allí, encender la chispa de la revolución que habría de extenderse por todo el continente. La verdad histórica, corroborada en una entrevista personal realizada a Fidel, es que la discrepancia de criterios se reducía pura y exclusivamente a la elección del momento en que el Che debía ingresar a Bolivia, no si debía o no abrir un frente guerrillero en ese país, tesis con la cual Fidel estaba de acuerdo. Pero lo que este decía, y tenía razón, es que el propio Che no podía ser el encargado de implantar al núcleo inicial de la guerrilla, pues esto lo exponía innecesariamente ante sus enemigos. Lo que el Comandante sostenía era que esa tarea debía ser dejada a otros integrantes de la guerrilla –para lo cual Fidel le aportó algunos de sus más experimentados combatientes, como Harry Villegas Tamayo, «Pombo»– y que recién cuando aquella se encontrara arraigada en la zona, con los apoyos sociales, logísticos y militares adecuadamente establecidos, debía el Che viajar a Bolivia. Desgraciadamente el Che se equivocó al equiparar la situación en Sierra Maestra con la de Ñancahuazú. Aquí, a diferencia de la anterior, no existía una tradición revolucionaria y una clase campesina indígena preparada para luchar. Fidel quería preservar al Che de los riesgos que esa tarea llevaba consigo. La creación de la Tricontinental en enero de 1966 y la OLAS (Organización Latinoamericana de Solidaridad) al año siguiente son pruebas más que elocuentes del apoyo de Fidel al proyecto revolucionario del Che en Bolivia.