Política

El dolor del ajuste

Las bajas de Alfonso Prat-Gay en Hacienda y de Isela Costantini en Aerolíneas pusieron de relieve las diferencias en el modo de gestión y las internas en el gabinete ministerial. Complejo escenario político con realineamientos en todas las fuerzas.

Villa la Angostura. Macri recibió al exministro, quien se alejó desgastado por disputas con otros miembros del equipo económico. (Télam)

 

La salida de Alfonso Prat-Gay del ministerio de Hacienda y Finanzas era inevitable después de su marginación en la discusión de las modificaciones al Impuesto a las Ganancias, pero se esperaba un despegue más suave. No fue así. El jefe de Gabinete, Marcos Peña, al anunciar su eyección por orden de Mauricio Macri, confirmó que se debió a «discusiones» sobre la toma de decisiones, aunque intentó relativizar el conflicto al señalar que existían «distintas visiones de funcionamiento». Parece claro que los halcones han ganado una batalla, aunque es temprano para determinar si existe pleno acuerdo en el gabinete económico en cuanto a la pronta aplicación de un ajuste salvaje. El presidente del Banco Nación, Carlos Melconian, uno de los más duros, había comentado alguna vez sobre el tema: «El ajuste es como ejercitar los abdominales, si no duele no sirve».
El perfil de los sucesores de Prat-Gay parece indicar que el rumbo hacia la reducción del gasto público es inexorable. El Ministerio de Finanzas quedó a cargo de Luis Caputo, actual secretario de Finanzas, quien secundó a Prat-Gay en gestiones clave para concretar el endeudamiento durante 2016. Mientras que el economista Nicolás Dujovne, flamante ministro de Hacienda, presenta antecedentes explícitos respecto de su visión de la economía. El diputado nacional del Partido Solidario, Carlos Heller, expresó que Dujovne «ha dejado bien en claro en sus escritos periodísticos su preocupación por el elevado déficit fiscal, que propuso reducir para el próximo año, así como la necesidad de bajar los costos laborales y eventualmente acceder al financiamiento del FMI ya que “las condiciones que impondría el organismo serían pasablemente laxas para el gobierno”. De esta forma, al igual que lo sucedido en otras áreas, los nuevos funcionarios parecen elegidos para llevar el ajuste aún más profundo», sentenció el legislador.
Son claras las evidencias de que los denominados «gradualistas» han sufrido una dura derrota y de que se aproximan fuertes tensiones con Elisa Carrió y el radicalismo, que no ven con simpatía las modificaciones ministeriales, y un distanciamiento acelerado del Frente Renovador (FR), que  conserva la ilusión de convertirse en alternativa opositora. Otra posible consecuencia del conflicto podría sufrirla el gobernador jujeño, Gerardo Morales, a quien se le toleraban los excesos  para preservar las buenas relaciones con sus correligionarios, pero al que no es improbable que ahora le suelten la mano para responder a los compromisos del país con los organismos internacionales que exigen la libertad de Milagro Sala.
El debilitamiento del gobierno macrista y las contradicciones en las que se debate «el mejor equipo de los últimos 50 años» eran ya inocultables. En el terreno parlamentario, la gestión comenzó con buenos augurios, porque a pesar de la escasa representación legislativa de Cambiemos, sus operadores lograron que supuestos adversarios como el FR o el bloque justicialista que lidera Diego Bossio votaran todas las leyes que necesitaba para imponer su proyecto libremercadista. Tanto la movilización de las organizaciones de la economía popular del último 18 de noviembre, como la que estas compartieron con la CGT demostraron que las mayorías afectadas por el brutal incremento de los alimentos, la desocupación y el tarifazo no están dispuestas a someterse pasivamente al «sinceramiento» autoritario.
La constatación de que es posible defender los derechos adquiridos parece no haber influido en los dirigentes de la CGT que insisten en no confrontar. No obstante, las asambleas de los gremios del transporte que paralizaron totalmente la actividad productiva durante varias horas fueron un llamado de atención que los asesores de Macri no desoyeron, al punto de que se envió urgentemente una delegación ministerial al domicilio de Sergio Massa, con el fin de instarlo a olvidar agravios, retirar su propio proyecto de Ganancias y sumar sus huestes al acuerdo al que se había arribado con los sindicalistas.

 

En movimiento
Massa, responsable mayor de la convalidación parlamentaria a las políticas oficiales, ha ido corrigiendo paulatinamente su incondicionalidad para adaptarse a los nuevos vientos que soplan. En la etapa inicial de la gestión Cambiemos, había conectado con el sentido común imperante –«hay que darle tiempo al presidente»– pero la indignación creciente, incluso entre muchos de los votantes de Macri, lo impulsó a dar un suave golpe de timón. Ahora intenta mostrarse como un constructivo opositor de fogosa verba y pugna por modificar los aspectos más irritantes de los proyectos oficiales. Por otra parte, los dirigentes más connotados de su espacio, Felipe Solá y Alberto Fernández, se esfuerzan por diferenciarse de su jefe. Este último, por ejemplo, expresó públicamente su solidaridad con Milagro Sala y consideró «una barbaridad» la persecución de que ella es objeto.
La coyuntura es tan compleja, que en lugar de referirse a  una correlación de fuerzas, correspondería aludir a una correlación de debilidades. En Cambiemos, la UCR ha quedado reducida a su mínima expresión en el reparto de cargos públicos y es ninguneada abiertamente en la provincia de Buenos Aires, que fue uno de sus principales bastiones. La irritación de la dirigencia radical se potenció con el juego propio que exhibe María Eugenia Vidal, cada vez más autónoma, quien en sintonía con el titular de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, ha encarado la conformación de la «pata peronista» de Cambiemos. A tales efectos puja por construir una colectora electoral para las legislativas, operación a cargo de Eduardo Duhalde, los exalcaldes de Malvinas Argentinas, Jesús Cariglino, y de Pilar, Humberto Zúccaro, el actual intendente de José C. Paz, Mario Ishii y el mismísimo Aldo Rico.
En lo que hace al Frente para la Victoria, será decisiva la determinación que adopte Cristina Fernández de Kirchner. Si acepta encabezar la lista, la fragmentación podrá superarse, porque a ninguno de los dirigentes que intentan afianzar un espacio le da el piné para enfrentarla. De lo contrario, el panorama se presenta complicado. Basta con señalar que en la Cámara de Senadores, los integrantes del bloque del FPV votaron el proyecto de Ganancias consensuado con la CGT con tres posiciones diferentes. Otro factor que complica el cuadro es la dependencia de la asistencia gubernamental de los gobernadores justicialistas y los intendentes.
Como sea, los comicios legislativos del año próximo servirán solo para ir perfilando las características de los bloques que se enfrentarán en las presidenciales de 2019, ya que solo una derrota catastrófica o una  victoria contundente de alguno de los términos de la ecuación podrían alterar sustancialmente la composición de las cámaras. Se estima que las negociaciones secretas, las roscas y los acuerdos estarán a la orden del día y todo indica que ninguna concesión será gratuita.