Política | SEGURIDAD INTERIOR

El fallido show de la ministra

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Franco Mizrahi

La Justicia dictaminó la liberación de los tres acusados de integrar una supuesta célula terrorista. Historia de un disparatado complot y la causa impulsada por Patricia Bullrich.

Puesta en escena. La titular de Seguridad difundió públicamente una denuncia desestimada en fueros judiciales.

Foto: NA

El caso de la célula terrorista que denunció la ministra de Seguridad Patricia Bullrich se desmoronó en apenas dos semanas. Lo que quiso ser un golpe de efecto en el inicio de su gestión se convirtió en un papelón. El último lunes, la Justicia dictó la falta de mérito y la «inmediata libertad» de los tres detenidos que tenía la causa. El hecho se dio, no casualmente, mientras la cartera de Defensa y la de Seguridad trabajan la posibilidad de que las Fuerzas Armadas comiencen a actuar en seguridad interior en materia de terrorismo.
Los acusados y primeros detenidos de la causa fueron el peluquero argentino Ramón Domínguez y el profesor de tenis de mesa sirio-colombiano Naem Chatay Chassan. A ellos se sumó luego el falso agente y supuesto periodista freelance Juan Manuel Ledesma, «El Rubio», quien fue el que promovió la pesquisa, tal como se desprende del expediente. Los tres recibieron la falta de mérito y fueron liberados por la jueza María Eugenia Capuchetti. Estaban acusados de «integrar una asociación criminal trasnacional de existencia ininterrumpida en el tiempo que se dedica a la organización y perpetración de atentados terroristas». La pomposa acusación fue impulsada por Bullrich y tuvo acogida en la jueza María Servini a fines de diciembre del año pasado. No existió nada de lo denunciado, que debió investigarse con suma cautela y bajo perfil.
«No se ha incorporado elemento de prueba que permita corroborar la hipótesis investigada y que formó parte de la imputación mencionada», señaló la jueza Capuchetti. «Las distintas medidas realizadas hasta el momento, en el especial el análisis de los dispositivos electrónicos incautados, no permiten tener por probado que Chassan, Domínguez y Ledesma tengan vinculación con el hecho que les fuera imputado», concluyó la magistrada.
Por lo delicado de la acusación y acaso para proteger a Bulllrich de algo peor, como un papelón internacional, Capuchetti dejó el expediente abierto, por eso la falta de mérito. A la par que decretó la libertad les prohibió la salida del país a los tres acusados. Quiere esperar los resultados de nuevas medidas de prueba.
El desmoronamiento de la causa impacta sobre Bullrich, que fue su principal impulsora. La ministra dijo el 3 de enero, tras las primeras detenciones: «Estamos muy atentos estos días. Por los Juegos Macabeos, el presidente nos había pedido una atención especial y también por lo que está sucediendo en Medio Oriente. A partir de ahí se obtuvo una información de inteligencia brindada por una conjunción de elementos tanto de EE.UU. como de Israel, como una información que recibió un miembro de Gendarmería», contó. Luego explicó que la PFA, fuerza que está bajo su mando, hizo la denuncia.
La «conjunción de elementos» fue más precaria que la referida por la ministra. Todo indica que lo de la célula terrorista se inició con «El Rubio», quien se llegó a presentar como agente inorgánico de la Embajada de EE.UU., algo de lo que luego se desdijo. Ledesma aseguró en su indagatoria que le «presta servicios» a Fuerzas Armadas y de Seguridad y, al estilo del espía Marcelo D’Alessio, aseguró que fue parte de una operación en África contra un grupo yihadista. También afirmó que fue «integrante de la Marina Argentina, de la Policía Bonaerense y de la Legión Extranjera Francesa». Nada pudo constatarse.
Lo que está claro es que El Rubio fue el eje central de la causa. Según narró en su indagatoria, entre el 14 y el 16 de diciembre lo contactó uno de los encargados del hotel España, Gustavo Pardo Reimondez, quien le contó que se alojaría allí «un ciudadano de Siria, con pasaporte colombiano» algo «que le parecía raro». El Rubio explicó que había vivido dos meses en ese hotel, por eso tenía relación con los encargados. Ledesma dijo que Gustavo lo llamó «porque sabe que me gustan este tipo de cosas». El encargado confirmó la versión y declaró que le pasó por WhatsApp los datos de Chassan, incluso una foto de su pasaporte.
Según la versión de El Rubio, él pasó la información al policía federal Maximiliano Gerez, con quien habló el 27 o 28 de diciembre. Dijo que a los jefes de Gerez no les interesó el tema, pero que el policía le comentó que hablaría con un amigo gendarme. Lo curioso de los datos brindados por El Rubio es que el 28 de diciembre, es decir cuando habló con Gerez, la Unidad Antiterrorista de la PFA inició un sumario por la existencia de una posible célula terrorista. El disparador fue una comunicación de personal de seguridad de la Embajada de Israel en Buenos Aires que informó que les había llegado una información «sensible» por intermedio de unos mensajes de WhatsApp que habían sido reenviados por un funcionario de la Gendarmería. Entre los mensajes había una foto del pasaporte de Chassan. Con el contenido de ese sumario, se le dio intervención al juzgado de Servini, que se encontraba de turno con las fuerzas de seguridad.

Estafas
A la denuncia de la PFA se suma una consulta de la Policía de la Ciudad por un llamado al 911 en el que se comunicó «que el 30/12/2023 ingresaría al país un hombre llamado Naem de nacionalidad sirio con pasaporte colombiano, que se alojaría en el Hotel España cercano a la Embajada de Israel y que llevaría consigo un paquete de 35 kilogramos de explosivos». Esto provocó la investigación y las detenciones. Hubo intervenciones telefónicas y allanamientos.
¿De dónde surgió el dato del explosivo? De la especulación de El Rubio. En su indagatoria, Ledesma contó que «días antes de Navidad» fue a cortarse el pelo a la peluquería Rubí y al preguntar por su peluquero, que era Domínguez, la encargada le dijo que la había metido en un problema por pedirle recibir una encomienda en el local. «Cuando me muestra el Whatsapp veo el acuse de recibo de la encomienda, lo amplío y veo Yemen. Veo que está a nombre de Domínguez y el peso era de 35 kilos», contó El Rubio. «Me resulto más que curioso que llegara ahí un paquete de Yemen (…). Armé mentalmente la cuestión, viene un Sirio con problemas en Israel y un paquete de Yemen que le está tirando misiles a Israel», agregó. Según su relato, «de ahí lo envío a Gerez para ver si podía localizar el paquete». «Hasta ahí fue la relación y todo el tema en sí», concluyó.
Al ser indagado, el peluquero Domínguez contó que lo del paquete fue una estafa en la que cayó luego de contactarse con una mujer por redes sociales con la que empezó a chatear. El peluquero hizo la denuncia en noviembre pasado en la UFI 4 de Avellaneda.
El profesor de ping pong sirio-colombiano negó «completamente» la acusación: «No tiene nada que ver con la realidad, (…) por mi madre no puedo creer estar involucrado en esto».
Chassan explicó que vino a radicarse «con la finalidad de abrir un club de tenis de mesa. Incluso fui a la embajada de Argentina en Bogotá dos veces para ver qué papeles tenía que traer».
No hubo ningún elemento de los denunciados que vinculara a los acusados con una célula terrorista. Por eso la causa se desmoronó en pocos días. Una vez más, Bullrich realizó una puesta en escena para obtener rédito político. Salió mal. Duró poco.