Política

En busca de nuevos consensos

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Las visitas de los presidentes de China y Rusia y la participación en el encuentro de los bloques BRICS y UNASUR refuerzan la inserción internacional del país en medio de la batalla con los fondos buitre.

 

Sintonía. La presidenta argentina y su par chino suscribieron acuerdos bilaterales que establecen importantes inversiones del país asiático. (Presidencia)

Las escenas marcaron un punto alto de la política exterior del gobierno de Cristina Fernández, quizás el más importante desde que asumió la presidencia. Con pocos días de diferencia, dos de los mandatarios más poderosos del mundo –el presidente de China, Xi Jinping, y su par de la Federación Rusa, Vladimir Putin– visitaron el país, se reunieron con la Presidenta, llegaron acompañados por ministros, funcionarios y empresarios que sellaron negocios con sus pares locales. Ambos hicieron hincapié en el carácter estratégico que le asignan al vínculo con nuestro país y, de ese modo, mientras no faltan aquellos que se resisten a aceptar que el mundo atraviesa un tiempo de cambios profundos, Argentina recorrió  durante el mes de julio un sendero entre lo viejo y lo nuevo. Por un lado, enfrentando el conflicto con los fondos buitre favorecidos por un fallo en la Justicia estadounidense, y, por otro, fortaleciendo una línea de política exterior que ubica al país en el escenario multipolar que reemplaza la hegemonía en soledad que detentaba Estados Unidos. Justamente, los dirigentes y analistas que miran con ojos del pasado insisten en que la Argentina se aísla del mundo, cuando en realidad sólo miden su posicionamiento respecto de Estados Unidos y los centros de poder financiero. En ese contexto, al mismo tiempo que suma apoyos políticos ante la embestida de los fondos buitre, Argentina negocia diplomáticamente con países que ocupan un lugar cada vez más relevante en el tablero internacional.

 

Posiciones compartidas
Vladimir Putin se reunió en Buenos Aires con Cristina Fernández, ratificando de ese modo el carácter estratégico que tiene la relación para ambos países. «Argentina tiene su propia opinión y posición en asuntos internacionales, tiene su propia opinión soberana, algo que es muy importante y bastante raro en el mundo de hoy. Y valoramos altamente esta posición», destacó el mandatario ruso. La posición argentina ante la crisis de Rusia con Ucrania, diferenciada de las condenas a Moscú esgrimidas por Estados Unidos y Europa, también contribuyó sin dudas a forjar este nuevo estado de la relación bilateral. Asimismo, la mandataria argentina recordó que la relación se afianzó en las reuniones del G20 donde ambos países compartieron posiciones y coincidieron en «la necesidad de un mundo donde los países no tengan doble estándar y donde la multilateralidad permita arribar a soluciones justas, equitativas y legales».
En el marco de la reunión bilateral se firmaron acuerdos de cooperación en materia nuclear, de comunicación y asistencia legal recíproca en lo penal entre ambos Estados y sus líderes resaltaron el crecimiento del intercambio comercial.
Pocos días después, también en la Casa Rosada, el presidente chino se encontró con la titular del Ejecutivo. Jinping llegó  acompañado por una numerosa comitiva de funcionarios y más de 200 empresarios, que durante dos días mantuvieron reuniones y encuentros con sus colegas argentinos para profundizar el intercambio comercial. Los gobernantes suscribieron veinte acuerdos bilaterales que establecen inversiones chinas por más de 7.500 millones de dólares, aplicados a la construcción de dos represas hidroeléctricas en la provincia de Santa Cruz, la revitalización del ramal ferroviario Belgrano Cargas y el proyecto de otra central de energía nuclear, la cuarta con la que contaría Argentina. Además, los países acordaron un swap de monedas equivalente a 11.000 millones de dólares, que potencialmente fortalece la posición argentina en materia de reservas. Este último acuerdo, en realidad, lo suscribieron el Banco Central con el Banco Popular de China, y consiste en la posibilidad de intercambiar monedas locales por un monto de hasta 11.000 millones de dólares y por tres años de plazo. El convenio habilita a nuestro país a solicitar desembolsos de yuanes y depositar el importe equivalente en pesos.
«La relación entre China y Argentina pasa a ser una verdadera política de Estado. Ya no es de un Gobierno sino de un Estado que asume que hay un nuevo marco de las relaciones internacionales, afortunadamente, y la aparición de nuevos actores es provechosa para todos», manifestó Cristina Fernández en el acto que compartió con Jinping. La mandataria explicó cómo las obras que financiará China son «fundamentales para dar competitividad y abaratar costos» de productos argentinos que son muy requeridos por el gigante asiático. En ese marco, aclaró que el objetivo de Argentina es «no sólo llegar con productos primarios sino también con valor agregado, para acomodar la balanza comercial, que creció 10 veces pero es deficitaria».
Es que el vínculo bilateral con una economía del porte de la china implica un desafío en cuanto a que las diferencias de tamaño no determinen que las ventajas sean sólo para uno de los socios. De ahí que resulta fundamental que la Argentina sitúe su estrategia hacia China –y también hacia Rusia– en el marco de la integración regional americana. El creciente interés de ambas potencias por acrecentar su presencia en América Latina, si bien es una oportunidad para abrir nuevos espacios de cooperación, acuerdos políticos y comercio, determina al mismo tiempo la necesidad de unir fuerzas para encarar negociaciones conjuntas y en mejores condiciones. El perfil del comercio bilateral entre Argentina y China muestra una matriz de salida de productos primarios y entrada de valor agregado, con el consecuente saldo favorable para los orientales. A eso se refería Cristina Fernández cuando hablaba de acomodar la balanza comercial. Los procesos de integración –Mercosur, Unasur, Celac– deberían constituirse en el ámbito ineludible para que los países americanos negocien su inserción en el esquema internacional desde una posición más sólida que la que cada uno puede esgrimir individualmente.

 

Hito en Brasil
En la Casa Rosada, el líder chino manifestó ante la prensa que «la patria china comprende y apoya a  Argentina en materia de su reestructuración de deuda» y abogó por «que se logre una solución adecuada» en el conflicto con los especuladores financieros. Jinping señaló que ambos países «van a tomarse el uno al otro como una importante oportunidad de desarrollo» y destacó, entre los acuerdos suscriptos con su par argentina, la financiación de las represas y del ferrocarril Belgrano Cargas como «casos ejemplares para la cooperación de mutuo beneficio entre China y Argentina e, incluso, entre China y América Latina y el Caribe».
Entre la visita a Buenos Aires de Putin y Jinping, se produjo un hecho trascendente en política internacional: la sexta cumbre de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), bloque de países emergentes que representa más de un cuarto del producto bruto mundial y se erige como un nuevo polo de poder geopolítico, disputando terreno a Estados Unidos y Europa. Por caso, la constitución por parte del bloque de un banco de desarrollo configura una señal concreta en ese sentido. La trascendencia que alcanza la proyección de los BRICS es materia de discusión entre los analistas internacionales, aunque nadie niega que su consolidación determina un escenario que tiende hacia la presencia de diversos polos de poder. Para el politólogo brasileño Emir Sader, «la reunión de los BRICS, y la que han mantenido con Unasur y con Celac, representa el hito más importante de la política internacional desde el final de la Guerra Fría. Este ha representado el paso de un mundo bipolar a un mundo unipolar, bajo la hegemonía imperial norteamericana. La delimitación de territorios institucionales específicos del Sur del mundo proyecta, por primera vez, la posibilidad de un mundo multipolar. Será un proceso largo, no lineal, pero en el que se puede ver ya el lineamiento de los campos de enfrentamiento».
La Argentina participó en Brasilia del encuentro que este grupo sostuvo con  los países de la UNASUR y la CELAC. Allí, la Presidenta recogió apoyos a la posición argentina e inscribió el conflicto con los fondos buitre en una puja de intereses geopolíticos ya que, dijo, vienen «por nuestras riquezas», en referencia a los recursos en materia de energía y alimentos del país y la región. «Un nuevo ordenamiento financiero global no solamente es justo y equitativo, sino que es imprescindible», manifestó Cristina Fernández en el Palacio de Itamaraty, sede del Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil, donde se llevó a cabo la reunión. «Estamos ante cuestiones de dominación o de no entender que hay un mundo multipolar diferente del que existía en 1989, cuando algunos creyeron que la Historia se había acabado. Vienen nuevamente para querer imponer un sobreendeudamiento en una Argentina muy rica, una Argentina que, además de ser el octavo país en territorio del mundo, tiene apenas 40 millones de habitantes. Tener la segunda reserva de gas y la cuarta de petróleo y además constituir una de las productoras más importantes en materia de alimentos a nivel mundial la constituyen en una presa muy codiciada para todos».
Así, mientras se define una disputa clave para el país –en la que ostenta el apoyo mayoritario de la comunidad internacional–, el mundo se prepara para cambiar y la Argentina intenta jugar un rol en ese cambio. El anuncio de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, en el sentido de que llevará el tema de la reestructuración de la deuda soberana al G20, porque no es un tema de la Argentina, dijo, sino que puede afectar a todos los países, alcanza un significado trascendente. Argentina llega al complicado tiempo de definiciones de la causa buitre en un marco de mayor fortaleza regional y con muchos países en estado de alerta ante las consecuencias que podría producir la avanzada de los especuladores internacionales. Es, quizás, una batalla que, si bien involucra fundamentalmente a la Argentina,  pone en escena las fuerzas del viejo Consenso de Washington frente a los nuevos consensos que pujan por ganar su lugar en el mundo.

Jorge Vilas