Política

Ensayo y errores

Crisis al más alto nivel por el acuerdo con el grupo Macri, la baja en los haberes de los jubilados y la homologación del convenio paritario de los bancarios. El papel de Elisa Carrió y los cortocircuitos dentro de Cambiemos.


Mea culpa. El presidente debió salir a dar explicaciones en una conferencia de prensa donde comenzó hablando sobre el recorte a las jubilaciones. (DYN)

Malos tiempos para la alianza gobernante. A la marcha atrás en el escandaloso acuerdo firmado por el Estado y una de las empresas de la familia del presidente, se sumaron la obligada rectificación de la medida administrativa que determinaba, en detrimento de los haberes de los pasivos, el cambio del índice de actualización de las jubilaciones y pensiones establecido por ley del Congreso, y la negada homologación del convenio de los trabajadores bancarios que se anotaron un triunfo al romper el techo del 18% de incremento salarial anual que las autoridades económicas pretendían imponerles.
El costo político que se deberá pagar por estas frustradas operaciones será seguramente alto. Pero no acaban aquí los problemas gubernamentales. El fiscal Federico Delgado, que investiga al titular de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), Gustavo Arribas, confirmó que el funcionario –que lo había desmentido tajantemente- recibió las cinco transferencias a su cuenta denunciadas por el periodista del diario La Nación Hugo Alconada Mon. Además, se reveló un  nuevo negocio del Clan Macri que favorecería a la empresa Avianca, que podría apoderarse de rutas de Aerolíneas Argentinas.
Si algo ha quedado en evidencia son las improvisaciones y desprolijidades que sumieron al gobierno en una de las mayores crisis de los últimos años, como lo confirman los sondeos de distintas consultoras en los que la imagen presidencial ha caído entre los 10 y los 13 puntos en apenas quince días. Basta un ejemplo para evidenciar las contradicciones oficiales: Macri aseguró no saber nada de la negociación entre sus colaboradores y la empresa familiar; el ministro de Comunicaciones, Oscar Aguad, afirmó que se lo había confiado al jefe de Gabinete, Marcos Peña, quien replicó que fue un comentario «de pasada» y por fin el diputado Eduardo Amadeo completó el juego del «teléfono descompuesto» al afirmar que fue el propio presidente quien decidió resolver el tema.
Hasta los comunicadores incondicionales del oficialismo manifestaron su furia por la enorme brecha abierta en el blindaje mediático que protege a la actual gestión. Nelson Castro hizo punta en los cuestionamientos  al señalar que «hay gente que la está pasando realmente muy mal». Marcelo Longobardi añadió, pocos días después, que «el Gabinete es un jardín de infantes conducido por tres maestras jardineras»; Ricardo Kirschbaum, columnista de Clarín, hizo su aporte al inquirir: «¿Qué hubiese pasado si el acuerdo del Correo, que llevó seis meses en la penumbra, no se hubiera revelado?». Pero quien agotó sus reservas de invectivas fue el desmesurado Jorge Lanata, quien calificó de imbéciles, mafiosos y fraudulentos a Macri y sus funcionarios. Tanta indignación, según algunos observadores, no refleja más que una lectura oportunista de la actual coyuntura e implica el inicio de los preparativos para instalar a Massa como alternativa.
Otro de los voceros periodísticos del macrismo, Joaquín Morales Solá, en su columna dominical de La Nación, relató que la noticia de que el aumento a los jubilados iba a ser inferior a lo que correspondía causó gran conmoción en el bloque de Cambiemos y puso en riesgo la sesión en la que se debía votar el proyecto de ley de ART que afecta los derechos de los trabajadores y que contaba con la aquiescencia del massismo. La situación habría sido salvada por la violenta intervención de Elisa Carrió que, al funcionar como válvula de escape, ayudó a descomprimir la situación. Tal vez porque –una vez más– quedó demasiado pegado al oficialismo, el exintendente de Tigre, según el sitio La Política Online,  ordenó a sus seguidores tuitear violentas críticas contra el gobierno.

Tomar distancia
En lo que respecta a Carrió, nadie puede negar sus esfuerzos por disimular los gruesos yerros de sus compañeros de ruta. Prueba de ello fueron los oportunos viajes que le permitieron eludir definiciones. No obstante, sus colaboradores testimonian que está decidida a tomar distancia. De allí que los operadores macristas  se afanen por que guarde silencio a cambio de encabezar las listas en la Ciudad Autónoma o en la provincia de Buenos Aires, donde María Eugenia Vidal no quiere ni verla. La especulación es clara: si gana, la victoria es de Macri, si pierde, la derrota es solamente de ella. Pero la cosa no resulta tan sencilla, porque su improbable triunfo cambiaría la correlación de fuerzas al interior de Cambiemos.
Quienes han puesto sus barbas en remojo, aunque todavía no están en peligro sus cargos, son el secretario de Coordinación Interministerial, Mario Quintana, y su par de Coordinación de Políticas Públicas, Gustavo Lopetegui, quienes junto con el jefe de Gabinete, Marcos Peña, son la verdadera conducción del gobierno. El terceto insiste en impulsar medidas que irritan a la sociedad y que, paradójicamente, no son esenciales para llevar a cabo el objetivo estratégico de desguazar el Estado. Por caso, la maniobra con el índice de actualización de los jubilados hubiese significado un ahorro de apenas  3.000 millones de pesos anuales.  A Quintana se lo acusa, además, de haberse negado terminantemente a la homologación del convenio entre los bancarios y las patronales que dejó en una desairada situación al titular de Trabajo, Jorge Triaca.

Complicaciones internas y exteriores
Trascendió también que los legisladores de Cambiemos pusieron el grito en el cielo por considerar que las alusiones a la «pesada herencia», a la inminente iniciación de obras públicas que nunca se verifican y a una invisible reactivación de la producción y el consumo, no pueden seguir siendo los únicos elementos de su discurso. La precariedad de las argumentaciones del oficialismo puede verificarse en los programas políticos televisivos, donde los pocos integrantes del bloque que se animan al desafío de debatir son vapuleados sistemáticamente.
El panorama se presenta complicado, además, porque el gobierno se muestra impotente para hacer frente a la difícil coyuntura mundial. Solo por mencionar uno de los caballitos de batalla que en algún momento sedujeron a los sectores medios, la eliminación del cepo ha provocado que en 2016 huyeran del país 14.662 millones de dólares y en enero de este año más de 2.200 millones, lo cual implica un incremento del 400% si se lo compara con el mismo mes del año anterior. No puede extrañar, entonces, que economistas ortodoxos cercanos al macrismo recomienden adoptar alguna forma de control con el fin de evitar que, a falta de inversiones genuinas, se recurra al endeudamiento como panacea.
La magnitud de la movilización de la CGT del 7 de marzo y la marcha del 24 para reivindicar las políticas de Memoria, Verdad y Justicia –que están siendo claramente afectadas–, permitirá comprobar el grado de disconformidad existente y mensurar los riesgos que ello implica para un gobierno debilitado.