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Hoja de ruta

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Alberto Fernández inició su agenda internacional con visitas a Israel y Europa. Contactos con líderes mundiales en busca de respaldo frente a la inminente negociación por el endeudamiento con bonistas y organismos financieros.


Jerusalén. Mandatarios de todo el mundo conmemoraron el 75º aniversario de la liberación de Auschwitz-Birkenau. (Casa Rosada)

Que el primer viaje internacional del presidente Alberto Fernández haya tenido como destino al Estado de Israel provocó escozor entre algunos integrantes del Frente de Todos. En verdad, la invitación que recibió no estaba dirigida exclusivamente a él, les fue cursada también a mandatarios y personalidades de todo el mundo con motivo de la conmemoración del 75º aniversario de la liberación por el Ejército Rojo de los prisioneros del campo de concentración de Auschwitz-Birkenau. No obstante, es evidente que la visita fue aprovechada para dar una señal de amplitud e iniciar trabajosas conversaciones acerca de la reprogramación de la deuda externa, tema dominante también en el segundo periplo, que incluyó la Ciudad del Vaticano, Roma, Berlín, París y Madrid.
Fernández sabe que su apuesta a la autonomía en materia de política exterior tiene obstáculos objetivos respecto a la relación con la gran potencia del Norte, entre otras cuestiones por la clara intención de Estados Unidos de reafirmar su carácter de potencia hegemónica en la región, la inestabilidad política que se expande por toda Latinoamérica, el alejamiento del país del Grupo Lima, el papel relevante que la Argentina le otorga a la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), el asilo concedido a Evo Morales tras el golpe que lo destituyó y la decisión de no apoyar la reelección del uruguayo Luis Almagro –candidato de los estadounidenses– como secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA). El tema no es menor, si se considera el rol fundamental que tiene Estados Unidos en cualquier decisión que pueda tomar el FMI en lo que hace a la reprogramación de la deuda. La tarea gubernamental consistirá básicamente en buscar equilibrios y evitar ceder a las presiones.
En el orden doméstico, el hecho de que nada menos que Cristina Fernández de Kirchner fuera su reemplazante, generó especulaciones absurdas y confusiones risueñas. Quienes esperaban que la vicepresidenta se instalara en la Casa Rosada, procediera a una maratónica firma de decretos y convocara a una cadena nacional se vieron defraudados. La nota destacada la dio el locutor Fernando Bravo, quien en su programa radial fustigó duramente el supuesto capricho de haberlo obligado a Alberto a trasladarse hasta el Instituto Patria para transferirle el mando, lo que en su análisis demostraría la subordinación del primer magistrado a Cristina. Simplemente,  había confundido la imagen fotográfica del presidente con la del escribano general de Gobierno.  
Más allá de lo anecdótico, la explosiva situación social derivada de los cuatro años de sistemática destrucción de la economía determinó la necesidad de adelantar la entrega de la tarjeta Alimentar en el Conurbano bonaerense, donde se distribuyeron 560.000. Otra situación que preocupa al Gobierno es el cumplimiento efectivo por parte de los supermercados del programa de Precios Cuidados que, según se ha podido comprobar, se limita a unos pocos productos, dadas las dificultades existentes para un control eficiente, que intentan ser suplidas por la denodada actividad de algunos intendentes. Una demostración más de que el mundo económico no se rige por el principio de la buena voluntad.

Consecuencias
Asimismo, serán arduas las discusiones salariales, sobre todo porque algunos gremios se resisten a renunciar a la cláusula gatillo, aunque en principio han aceptado que se otorguen sumas fijas hasta que se inicien las paritarias. Otras incógnitas a despejar: cuál será el monto que cobrarán los jubilados y pensionados en marzo y junio y si aquellos que actualmente perciben alrededor de 40.000 pesos –el equivalente de la canasta que permite no caer en la pobreza–podrán mantener el poder adquisitivo de sus beneficios.


Diálogo. Fernández con el francés Macron. (Casa Rosada)

La catastrófica situación en que Cambiemos ha dejado el aparato del Estado se hace más evidente a medida que transcurren los días. El ministro de Obras Públicas, Gabriel Katopodis, señaló que su organismo padece un déficit de 35.000 millones de pesos. En la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) se hallaron automóviles blindados y otros vehículos de alta gama que no guardan relación con las actividades que deberían ocupar a sus agentes y que serán subastados en los próximos días.
Pero el colmo de lo escandaloso surgió de una denuncia que recién comienza su recorrido judicial: el crédito concedido por el Banco Nación durante la gestión de Javier González Fraga a la cerealera Vicentín, una empresa líder en su rubro, por 350 millones de dólares en concepto de prefinanciación de importaciones y que dejó de ser amortizado pocos días después de las PASO. Cabe consignar que la empresa contribuyó con más de 13 millones de pesos a la campaña de Juntos por el Cambio, que el 6 de diciembre pasado se declaró en cesación de pagos acumulando una deuda estimada en unos 1.000 millones de dólares, que el monto adeudado al banco público equivale al 20% de su capacidad prestable, que supera los límites admisibles para la operatoria bancaria y que el banco ya había sido advertido por el Central e incluso se reclamó por nota la autorización del directorio, lo cual consta en la documentación de la entidad financiera que dejó de percibir las cuotas acordadas.
Resulta curioso, y seguramente este elemento será también materia de investigación, que el entonces presidente del Banco Nación no dejara nunca asentada su conformidad. Quienes dicen conocer el tema aseguran que será complejo desentrañar las características de la maniobra y su finalidad ya que –aunque los directivos de Vicentín aducen «stress financiero»– nada indica que la firma carezca de los medios para saldar sus deudas, habida cuenta de la envergadura de la cerealera, que opera en uno de los sectores más rentables de la economía y  cobra sus exportaciones en dólares.
Si hacía falta algo más para corroborar la discrecionalidad que caracterizó al macrismo, un dato recientemente difundido lo pone de manifiesto. Los distritos gobernados por el entonces oficialismo ocuparon dos de los primeros cinco lugares en la distribución de los Aportes del Tesoro Nacional: la provincia de Buenos Aires, donde imperaba María Eugenia Vidal (3.890 millones de pesos), y Jujuy, el territorio de Gerardo Morales (993 millones). El tercer lugar le correspondió a Córdoba, gestionada por Juan Schiaretti, uno de los aliados más fieles de Mauricio Macri. Otro detalle ilustrativo: de los 35 municipios a los que no se les adjudicó un solo peso en concepto de ATN, 29 estaban gobernados por el peronismo, entre ellos dos de los más pobres del Conurbano bonaerense: La Matanza y Merlo.   

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