Política

La CGT en su grieta

La unidad lograda en agosto pasado mediante una conducción colegiada tiembla luego de los últimos enfrentamientos internos. En tanto, avanza la unidad en la CTA y se tejen alianzas para crear un frente gremial que lidere la protesta social.

Calles vacas. Pese al éxito del paro de abril, salieron a la luz los cortocircuitos entre las distintas corrientes que integran la central. (Télam)
 

El paro organizado por la CGT casi a regañadientes el 6 de abril dejó consecuencias aún imprevisibles en el movimiento obrero. Fue evidente, tanto para los acuerdistas como para los más confrontativos dirigentes gremiales, que algo se había roto en aquel convulsionado final de la marcha del 7 de marzo, la primera de la saga de rebeldía popular de ese mes esquivo para el gobierno nacional. Y las secuelas son más nítidas a lo largo del cuarto mes del año, cuando desde Balcarce 50 ya se dieron los primeros pasos para delinear la campaña electoral hacia las legislativas de octubre. Las señales son de endurecimiento en todos los frentes, entre ellos el laboral.
Esto sucede mientras la inflación y los despidos se profundizan y todavía gran parte de los gremios ven demorada o planchada la discusión paritaria, que había puesto su foco en el resultado del conflicto docente para ver dónde pararse y ahora se encamina hacia un escenario de acuerdos por sector que remarcará aún más las diferencias entre los distintos rubros de la economía.
En ese marco de rebote oficialista, luego de la marcha del 1A, los sindicalistas enrolados en la sede de la calle Azopardo enfrentaron los encontronazos internos más graves y quizás decisivos para la trabajosa unidad que en agosto pasado llevó a la conformación de un pacto de delicado equilibrio a través del triunvirato integrado por Héctor Daer, Juan Carlos Schmid y Carlos Acuña.
En aquella ocasión, hubo un «triunfo» político en la repartija de poderes del massismo, ya que dos de los tres secretarios generalas eran cercanos al diputado Sergio Massa, un sector de buen diálogo con el gobierno que percibe a la CGT como uno de los pilares de la gobernabilidad del sistema.

La única verdad
Pero la realidad suele llevarse mal con las elucubraciones políticas. La falta de respuesta a las demandas de la sociedad comenzaron a extenderse hacia representantes de la oposición para que pongan freno o muestran firmeza para exigir los cambios que la situación requiere.
Así fue que la CGT terminó embretada en el difícil lugar de contener las demandas al tiempo que reclaman soluciones a las autoridades. Los distintos desplantes del oficialismo terminaron por forzar definiciones que en la práctica no hacen sino exponer las diferencias internas en la central obrera.
El 20 de abril quizás fue una fecha clave para explicar el futuro de la CGT. Ese día, dos de los exponentes más conspicuos del massismo, ambos diputados por el Frente Renovador, Facundo Moyano y Daer, cruzaron espadas en una tensa reunión del Consejo Directivo.
El enfrentamiento no era nuevo, ya que en el Congreso habían mostrado sus diferencias cuando se votó la reforma a la ley de ART. El día de la marcha, Daer quedó muy mal parado por las dudas que mostró durante su discurso ante el reclamo de definir fecha para el paro por parte de la multitud agolpada frente al escenario armado cerca del Ministerio de la Producción.

Reforma y transparencia
Este nuevo round Moyano-Daer levantó polvareda porque fue a grito pelado y no fue posible ocultar que en la pelea entraron posiciones políticas tanto como rencillas personales y hasta celos por la exposición ante los medios del hijo del líder camionero y actual presidente de Independiente.
Facundo Moyano dijo luego públicamente que, como lo viene haciendo hace tiempo, reclamó modificar un punto clave en los estatutos gremiales, el que permite la reelección eterna de los dirigentes. «Democracia sindical es limitar los mandatos, y así la renovación se da de manera natural», sostuvo hace tiempo.
Este debate generó el encendido rechazo de los viejos dirigentes, acostumbrados a que ese reclamo proviniera normalmente de sectores políticos o de la izquierda. Fue así que le retrucaron su excesiva exposición mediática y sus frecuentes apariciones con Susana Giménez o Mirtha Legrand.
Para el gobierno, el final de la marcha del 7M y el paro del 6 de abril fueron la muestra definitiva de que la CGT ya no era un buen colchón para amortiguar las demandas sociales. Si hace ocho meses la unidad podría ser una buena noticia porque siempre es mejor tener al movimiento obrero bajo un mismo paraguas, sobre todo si se pueden mantener las riendas sobre la cúpula, la comprobación fáctica de que no habían podido controlar la rebeldía popular fue el detonante para iniciar un nuevo camino en las negociaciones con el movimiento obrero. Con socios así mejor hacer las cosas solo, o en todo caso, únicamente con los amigos.
De allí la escalada del oficialismo hacia la «necesidad de transparentar» la vida gremial y las denuncias solapadas de corrupción a través de los medios y periodistas amigos. Las recomendaciones del ministro Jorge Triaca, publicadas en el Boletín Oficial como disposición del Ministerio de Trabajo, encontraron pronta respuesta de uno de los triunviros, Juan Carlos Schmid, en una columna publicada en el bisemanario Perfil. Allí el titular del gremio de balizadores y de la estratégica Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT) recordó la ofensiva de Raúl Alfonsín ni bien asumió la presidencia, en diciembre de 1983, con la ley que proponía su flamante ministro de Trabajo, Antonio Mucci, para reformar las normativas para la elección sindical. Fue el primer fracaso legislativo del mandatario, cuando aún conservaba todo su empuje tras el notable triunfo electoral.

Otra unidad
Mientras tanto, las dos centrales nacidas como CTA avanzan hacia la reunificación, programada para setiembre de 2018, cuando venzan los mandatos de los actuales secretarios generales Hugo Yasky y Pablo Michelli. En ese sector, que se partió durante el período kirchnerista a raíz del apoyo del dirigente docente al gobierno de Cristina Fernández, aseguran que están llevando a cabo acciones en común a modo de «prueba de convivencia» que les permita volver a confiar mutuamente luego de haberse enfrentado desde 2010.
No escapa a esta lógica de unidad frente a lo que consideran el «demonio macrista» los lazos que vienen tejiendo con algunos gremios pertenecientes a la CGT, pero que se muestran descontentos con el rumbo que viene tomando la cúpula de esa central. Se sabe que hay reuniones de acercamiento entre Sergio Palazzo, de bancarios; el metalúrgico Francisco Barba Gutiérrez y el secretario de Curtidores, Walter Correa, entre otros. Palazzo viene azuzando a los menos condescendientes con el gobierno desde la Corriente Sindical Federal para la creación de «un frente que tienda a modificar la realidad actual que ha impuesto este gobierno».