Política | KARINA MILEI

La dueña de la última palabra

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Lucía Aisicoff

Acumula poder en el Gobierno más allá de su cargo. Los límites difusos en la relación con su hermano y la influencia en el Gabinete de una funcionaria con poder de veto.

El jefe. Así llama el presidente a su hermana.

Foto: NA

Karina Milei dio un salto vertiginoso a la política, sin experiencia laboral ni formación académica que la acompañaran en el proceso. Durante la campaña se manejó por intuición, apoyándose en dirigentes que conocían mejor que ella los temas que le tocó resolver. Ahora es una secretaria general de la Presidencia atípica, porque tiene muchas más funciones que quienes la precedieron en el cargo y su palabra pesa en cada una de las decisiones del Gobierno.
A través de un decreto publicado en el Boletín Oficial, Javier Milei enumeró los «19 objetivos» asignados a Karina. La extensa lista de tareas refleja su preponderancia, ya que mezcla cuestiones políticas –como la atribución de intervenir, supervisar y asesorar las decisiones de Gobierno–, con algunos temas de protocolo y otros de carácter personal, entre los que tiene la misión de «resguardar» la salud de su hermano.
Karina Milei estudió la carrera de Relaciones Públicas en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE), aunque no tuvo trabajos destacados en su área. La mayor parte de su currículum revela que se dedicó a acompañar a Javier Milei en cada uno de sus desafíos profesionales. Sus ingresos también se ataron al devenir del hermano, ya que su único emprendimiento personal fue una pastelería digital que en los últimos años funcionó por encargo a través de Instagram. El salto al poder la dejó sin tiempo para seguir cocinando tortas, aunque algunos funcionarios cercanos al presidente destacan su talento como pastelera y le insisten en que los agasaje con alguna de sus especialidades en la Rosada. Karina les promete que lo hará una vez que la vorágine de la actualidad le dé un respiro.
Son pocos los ministros que tienen un diálogo fluido con ella. Algunos la saludan en los pasillos de Casa de Gobierno y la describen como una mujer «agradable», pero la mayoría le escapa. Karina no tiene un equipo propio y eso quedó en evidencia con la elección de sus tres subsecretarios: Darío Alberto Lucas, Gladys Humenuk y María Belén Agudiez. Solo la última de ellos viene de su ala, lo que expone su escasa construcción política previa al desembarco en el poder. Agudiez, que fue designada como subsecretaria de Planificación General, en 2021 había sido candidata a diputada por el partido de José Luis Espert, pero no logró entrar al Congreso y desde entonces se acercó a los Milei. Fue una de las dos mujeres que se ganó la confianza de Karina, junto a la diputada nacional Romina Diez, acaso la única del bloque libertario que reporta directamente a ella.

Moisés
Para Milei su hermana es la persona más importante y la ubica en una zona en la que se entremezclan la relación familiar y las tareas políticas. A muchos integrantes de La Libertad Avanza (LLA) les incomoda su concentración de poder, pero casi nadie se anima a criticarla en voz alta porque saben que tienen las de perder. Fue el propio Milei quien se encargó de alimentar la teoría de que en realidad es su hermana la que está al mando. «Moisés era un gran líder, pero no era bueno divulgando. Y entonces Dios le mandó a Aarón para que divulgue. Bueno, Kari es Moisés y yo, el que divulga, nada más. Soy solo un divulgador», sostuvo en una entrevista con la conductora Viviana Canosa. Luego repitió la teoría en distintos lugares, siempre con la misma afirmación: «Karina es Moisés».
A quienes no gustan de metáforas bíblicas, se lo explica de otro modo: «Hay que hablarlo con el Jefe», les dice a los que le hacen alguna sugerencia o le acercan una propuesta de gestión. Ese es el modo –siempre en masculino– con el que se refiere a su hermana desde hace años y que hoy replica el resto de sus funcionarios.

10 de diciembre. Juntos Javier y Karina Milei en el auto oficial que los llevó desde el Congreso hasta la Casa Rosada.

Foto: Getty Images

El filtro
La noche del triunfo de Milei en las primarias, su hermana se asomó a las 22.30 a la puerta del hotel Libertador para echar a un grupo de militantes y candidatos a intendentes del Conurbano bonaerense que buscaban sumarse al festejo en el búnker, después de haber fiscalizado todo el día para LLA. Ella había advertido que el horario de ingreso era hasta las 22 y salió a ratificarles que no los dejaría pasar. «Está todo lleno», fue su única explicación, aunque desde adentro les avisaban que sobraba espacio.
Karina es un filtro que selecciona quién puede acercarse a su hermano y quién no. También es la que decidió, en varias oportunidades, echar de las filas libertarias a los que le generaron alguna suspicacia, ya sea por haberse acercado muy rápido a su hermano o por haber levantado demasiado el perfil. Para ella, la regla fundamental es que nadie debe opacar a Milei. Carlos Maslatón fue uno de los primeros borrados de la historia oficial, enemistado con Karina y su entonces operador de confianza, Carlos Kikuchi. Años más tarde, Kikuchi terminaría expulsado también.
Los que conocen de cerca a Karina coinciden en que su mayor desconfianza suele ser hacia las mujeres que se acercan a su hermano. La vicepresidenta, Victoria Villarruel, es la única que logró un ascenso rápido a pesar de no llevarse bien con ella. Milei comprendió que la necesitaba como aliada para llegar al corazón de la familia militar, así que desoyó las advertencias de Karina. Sin embargo, una vez en el poder, se encargó de relegarla tal como pretendía su hermana. Hubo un hecho puntual que generó malestar en ambos: Villarruel se animó a lanzar, apenas unos días antes del balotaje, un sello político propio. Su avidez de poder la dejó sin acceso a la mesa chica presidencial.
El jefe de Gabinete, Nicolás Posse, y el asesor, Santiago Caputo, son las únicas personas además de Karina que se ganaron la confianza plena de Milei. De los tres, ella es la que tiene acceso irrestricto a la información y lo sigue a todos lados, desde las reuniones de gabinete hasta los viajes oficiales, aunque también lo acompaña a los viajes de carácter personal, como la visita a su pareja Fátima Florez en Mar del Plata o los vuelos relámpago a Nueva York para visitar la tumba del «rebe de Lubavitch».
La relación entre los hermanos tiene altibajos, ya que veces discuten fuerte y pasan unos días sin hablarse. El desenlace en general siempre es el mismo: el presidente cede y se reconcilia con su hermana. En el esquema libertario, hay una sola persona que puede ponerle un freno a Karina: el propio Milei. Hasta ahora no lo hizo; ella es la dueña de la última palabra.

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