Política

Las cartas sobre la mesa

En un panorama incierto, Cristina Fernández encabeza un nuevo espacio político para enfrentar al macrismo y al armado de su exjefe de Gabinete, Sergio Massa. La disputa bonaerense aparece como la pelea de fondo en las legislativas de octubre.

Arsenal. En Sarandí una multitud participó de la presentación de Unidad Ciudadana, el frente liderado por la expresidenta. (Télam)

Finalizado el proceso de conformación de las listas que participarán en las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), es posible extraer algunas conclusiones para avanzar en la comprensión de una coyuntura política compleja, donde escasean las certezas y abundan los interrogantes. Los analistas coinciden de manera casi unánime en que Cristina Fernández será la gran protagonista de la campaña y que a su desgaste estarán destinados todos los esfuerzos del oficialismo y el paraoficialismo, sea por la vía de seguir echándole leña al fuego del odio que por ella siente un segmento de la población o por medio del acoso judicial. Para cualquiera de estos dos caminos –que no son excluyentes– cuentan con aliados de peso en los oligopolios periodísticos y en los tribunales. Es posible que esta convicción haya empujado a la expresidenta a incluir en las boletas a personalidades que no cargan con acusaciones o procesos en su contra ni se han enquistado en nichos de poder. En ese sentido, los sindicalistas incorporados a las listas –otra novedad destacable– son jóvenes dirigentes nada dispuestos a utilizar la metodología de sus pares eternizados en las poltronas de los gremios o, como en el caso de Hugo Yasky, solo pueden ser impugnados desde lo ideológico por quienes no comparten sus puntos de vista. Esta constatación podría llevar a pensar que existe una autocrítica implícita respecto de la responsabilidad que pudo haberle cabido a Cristina Fernández en la selección de sus candidatos en 2015, muchos de los cuales no mostraron ningún apego a la coherencia política ni a la ética, al confluir con el oficialismo o votar las leyes que el gobierno necesitaba para ejecutar sus políticas de ajuste y endeudamiento.
Otro dato importante es la pérdida de peso específico del aparato justicialista, que en las boletas de diputados bonaerenses solo logró colocar a Fernando Espinoza y Daniel Scioli en el tercero y quinto puestos. El desafío, ahora, será contener a los disconformes y al resto de la estructura del PJ y sumarlos a la difícil tarea de incrementar el peso electoral de la recién creada Unión Ciudadana. En la ciudad de Buenos Aires, en tanto, el kirchnerismo logró acordar con el PJ una lista común, encabezada por el exministro de Educación, Daniel Filmus, seguido por Gabriela Cerutti (Nuevo Encuentro), Juan Cabandié y el cooperativista Carlos Heller. Tendrán que enfrentar al oficialismo, con Elisa Carrió como cabeza de lista, y al escindido de ese espacio, Martín Lousteau.

Internas silenciosas
En el caso de Cambiemos, si bien los conflictos existentes por los puestos expectables en las listas fueron convenientemente ocultados por el blindaje mediático, resulta evidente que el radicalismo ha sido relegado a la posición de furgón de cola, con la excepción de la provincia de Jujuy –donde Gerardo Morales está realizando una prueba piloto que combina represión con cooptación– y de Mendoza, donde el gobernador Alfredo Cornejo tiene buenas posibilidades de salir airoso de la prueba. Incluso en Córdoba, el Pro, que no tiene una significativa fuerza propia, ha logrado arrinconar al intendente de la capital provincial, Ramón Mestre, e incrementar su participación en las candidaturas más ambicionadas en detrimento de los radicales.
Sin embargo, si ninguna de las fuerzas en pugna está en condiciones de derramar optimismo, el panorama más complicado se le presenta a Sergio Massa, por varias razones. La primera es que, aunque consiga hacer una elección discreta en la provincia de Buenos Aires, va a perder bancas en Diputados, ya que en el Frente Renovador finalizan sus mandatos la totalidad de los elegidos en 2013, cuando se impuso con el 44% de los votos en ese distrito. La segunda, que carece de estructura nacional y de un rumbo preciso, a tal punto que está aliado, en distintas provincias, con Cambiemos y con el justicialismo. La tercera, que su famosa «avenida del medio», que lo habilita a ser oficialista u opositor alternativamente, puede estrecharse hasta convertirse en callejuela, si continúa decreciendo el apoyo al gobierno macrista. Es que la mayoría de sus electores podría darle la espalda por su postura dubitativa si se agrava la problemática social.
La incógnita abierta es si Florencio Randazzo, un hombre nada afecto a las definiciones claras, terminará apostando a capturar voluntades en el espacio del Frente Renovador, con una estrategia de moderación y reforzamiento de la «gobernabilidad» o si se lanzará a una oposición dura, para arrancarle votos a Cristina Fernández, con miras a posicionarse para las presidenciales de 2019. Esto, claro, en el caso de que logre impedir una deserción masiva en sus filas.

Pronósticos y perspectivas
Una característica que es útil considerar para cualquier análisis es el oportunismo político que facilitó las alianzas más variopintas. Dos casos extremos: los otrora radicalizados «guevaristas» de Libres del Sur –que abandonaron a último momento la confluencia con el Frente Renovador en la provincia de Buenos Aires– van en alianza con Cambiemos nada menos que en Tucumán, y en Formosa se ha conformado un frente, conducido por la UCR, que lleva el disparatado nombre de Frente Renovador-Socialista-Cambiemos.
Los pronósticos son, todavía, aventurados. Pero hay especulaciones fundadas en datos ciertos. Por ejemplo, que en el Conurbano bonaerense se potencia la indignación ante la caída de los ingresos, la desocupación, la falta de changas y la cancelación de pensiones por discapacidad y becas estudiantiles, entre otras calamidades, lo que estaría augurando una dura derrota de Cambiemos. Como contrapartida, en las ciudades del Interior provincial, de características agrícola-ganaderas, la situación general es más confortable para el oficialismo gracias a la baja de las retenciones y el incremento en las ventas de maquinaria, lo que podría compensar parcialmente esa caída. Pero hay también urbes importantes como Mar del Plata o La Plata, gobernadas por Cambiemos, donde la situación social se ha deteriorado ante la indiferencia de los intendentes.
Estos comicios legislativos, aunque quizás no alteren sustancialmente la correlación de fuerzas en el Congreso Nacional, adquieren un alto valor simbólico: una victoria de Cambiemos, así sea por un punto, fortalecerá a los talibanes del ajuste brutal y bajará las defensas de la sociedad ante el avance cultural del neoliberalismo. Una derrota del macrismo, en cambio, podría favorecer la recomposición de las fuerzas populares y ponerles un claro límite a las políticas diseñadas por el Fondo Monetario Internacional.