Política

Mensajes de la calle

En pocas semanas y por distintos motivos se sucedieron masivas protestas y reclamos al gobierno nacional que respondió ratificando sus principales ejes de gestión. Repercusiones internacionales del escenario político y social.

Multitudes. En todo el país se recordaron los 41 años del golpe militar en un contexto donde se pronunciaron los voceros del negacionismo. (Télam)

Pocos antecedentes hay en el país de un gobierno que haya suscitado, en solo tres semanas, tal cantidad de  manifestaciones multitudinarias de protesta. La que tuvo lugar el 24 de marzo en la Plaza de Mayo superó las expectativas más optimistas de sus organizadores y se replicó en las principales ciudades del país. En Córdoba, Mar del Plata y Rosario decenas de miles de personas desbordaron las calles y en prácticamente todas las provincias argentinas se realizaron actos masivos en reclamo de la prisión efectiva en cárceles comunes de los militares genocidas y sus cómplices civiles y eclesiásticos.
Mientras tanto, los voceros del negacionismo pretenden discutir la existencia de 30.000 desaparecidos, cuando es notorio que, si se quiere conocer la cifra exacta, deberían solicitársela a los ejecutores de los crímenes, y cuando el Poder Judicial cajonea causas emblemáticas para evitar que sean juzgados los cómplices civiles del terrorismo de Estado. Se da así la paradoja de que mientras Milagro Sa   la está presa por causas en las que no existen pruebas concluyentes, el dueño del imperio Ledesma, Juan Pedro Blaquier, está libre y es uno de los factores de poder en la provincia de Jujuy, pese a que está absolutamente comprobada su participación protagónica en el secuestro y desaparición de trabajadores del ingenio que fueron trasladados en vehículos de su propiedad durante la trágica Noche del Apagón.
Lo cierto es que, desde el 6 de marzo, cuando más de 300.000 personas convocadas por la CGT y las dos CTA dieron una muestra del estado de ánimo de los trabajadores argentinos, más de 1 millón y medio de ciudadanos se movilizaron por sus reivindicaciones y en defensa de su salario y las fuentes de trabajo. El 7 de marzo, los docentes porteños salieron masivamente a defender la educación pública y a exigir la convocatoria a paritarias nacionales y el 8, miles de mujeres gritaron «Ni una menos», en lo que se considera la marcha más politizada del colectivo femenino. El 16 de marzo, los maestros bonaerenses desbordaron calles y avenidas en La Plata y el 22 la Marcha Federal docente ratificó la envergadura de la resistencia al ajuste implementado en materia educativa.
Esta sucesión de protestas ha marcado claramente la insatisfacción de las mayorías populares con un gobierno que muchos votaron creyendo en la promesa de que serían preservadas y acrecentadas las conquistas obtenidas. Las encuestas de opinión de todas las consultoras señalan una abrupta caída en la imagen de Mauricio Macri. Las más favorables indican una caída de 30 puntos, pero en algunos sondeos el derrumbe superó los 36.   
En su peor momento, signado además por conflictos de intereses, incompatibilidades y denuncias de corrupción, los funcionarios oficiales no atinan sino a abroquelarse, describir una realidad idílica y patear la pelota hacia adelante. No obstante, se han visto obligados a soportar la presión de una oposición que en los inicios de la gestión de Cambiemos contribuyó a votar las leyes imprescindibles para ajustar y flexibilizar y hoy solicita «aflojar la mano» pensando en las elecciones legislativas de octubre.
Otro trago amargo para el macrismo fue intentar explicar ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos la criminalización de la protesta social, las medidas antiinmigratorias y la detención ilegal de Milagro Sala y miembros de la organización Tupac Amaru por el gobernador jujeño Gerardo Morales, juez y parte en las causas contra la dirigente social.
Pero lo que más ha llamado la atención a los observadores nacionales e internacionales es la actitud provocativa que el presidente y sus colaboradores exhiben en estas difíciles circunstancias. Dos ejemplos son elocuentes: la afirmación de que la jubilación mínima es de «9.000 y pico», que generó desconcierto e irritación entre quienes la perciben y saben que apenas supera los 6.000 pesos, y la insólita foto de los legisladores de Cambiemos en el mismísimo Día de la Memoria con un cartel en el que se denuncia el supuesto «negocio de los derechos humanos».

De regreso al mundo
La inflexibilidad que sobreactúa el macrismo, expresada, entre otras cosas, por la inminente puesta en marcha del protocolo antipiquetes anunciado por Patricia Bullrich, no alcanza para contener las consecuencias sociales de una política económica resistida, además, por amplios segmentos de la clase media y pequeños comerciantes e industriales, como lo demuestran las repercusiones en la prensa internacional.
El País, que durante la visita de Macri a España elogió abiertamente las medidas adoptadas por su gobierno, sostuvo hace pocos días: «La inflación agota la paciencia de los argentinos», en tanto La Stampa de Italia tituló: «La Argentina vuelve a la pobreza entre bifes en cuotas y apagones» y el inglés The Guardian fue concluyente: «El negacionismo crece en la Argentina. Macri da a entender que no hubo tal genocidio y quiere enviar a los presos a sus casas». Por su parte, The New York Times señaló: «La ‘‘pobreza cero’’ es una meta lejana para la Argentina» y la agencia Bloomberg, especialista en temas económicos, puntualizó: «A Macri se le acaba el tiempo para las reformas».
Más contundente, el portal Público, de España, destacó en una nota que firma el profesor de Teoría Política de la Universidad complutense, Javier Franzé: «El discurso (de Macri) sueña el sueño ilustrado de una sociedad donde la educación ilumine las conciencias populares para hacerles ver lo innecesario de la protesta, que es mejor utilizar esa energía en lo que gusta llamar ‘‘la cultura del trabajo’’, en la búsqueda de ‘‘soluciones para todos’’, como repite el presidente, el mismo que aparece en los Panamá Papers. A fuerza de despolitizar la vida social, de justificar como necesidad técnica el debilitamiento del Estado, el ‘‘abrirse a los mercados’’, la libre compra de dólares, la rebaja de impuestos a la exportación de materias primas, en definitiva, de asumir la lógica del llamado ‘‘libre mercado’’ como motor de la vida comunitaria, este discurso ha acabado destruyendo aquella última trinchera de su prestigio social, desde la cual agitaba la educación como elemento disuasorio de la ‘‘ineficiente’’  protesta social».