18 de enero de 2026
Mientras los incendios arrasan la Patagonia, el presidente esquiva el rol del Estado en la emergencia. Las investigaciones que desacreditan las versiones del Gobierno. Nuevos desencuentros con Lula.

El posteo. La imagen junto a un brigadista creada con Inteligencia Artificial. El mandatario no viajó a la zona del desastre.
Foto: redes sociales
Que el presidente viaje al Festival de Doma y Folklore de Jesús María luego de haber denostado en campaña y en sus primeros meses de gestión ese tipo de manifestaciones populares porque cuentan con aportes estatales puede ser apenas una contradicción más, solo para la estadística. Pero que vaya a la ciudad cordobesa con ánimo celebratorio cuando para fijar posición sobre los incendios forestales en la Patagonia se limitó a postear una imagen hecha con Inteligencia Artificial en la que saluda a un brigadista, es toda una declaración de principios. Y en el fondo se entiende: en la provincia mediterránea no debe rendir cuentas sobre la responsabilidad en ese drama que se repite a esta altura del año y que el Estado nacional esquiva, algo que en el sur argentino resultaría inevitable enfrentar.
Después de su gira provincial, Javier Milei viajó a Paraguay para la firma del acuerdo Unasur-UE y de allí al Foro Económico de Davos, en Suiza. Todo lo que transcurre en esos ámbitos tan distantes tiñe un fin de semana en el que el equipo político del Gobierno negocia a todo vapor con gobernadores y legisladores de «palos amigos» para conseguir los votos que le permitan su ansiada reforma laboral. Esa sería también otra contradicción: la realidad le demostró al oficialismo que sin «rosca» no hay paraíso, y que esa bienaventuranza solo se consigue haciendo política, y con la hasta no hace tanto denigrada «casta».
Mal que le pese al mandatario libertario, el camino de estas jornadas dramáticas para gran parte del país comienza en Chubut, donde los incendios arrasaron con unas 20.000 hectáreas desde el 5 de enero y solo aminoraron tras arduas jornadas de trabajo denodado de brigadistas y la llegada de intensas lluvias. La ahora jefa del bloque oficialista en el Senado, Patricia Bullrich, recurrió a un viejo ardid de su paso por el Ministerio de Seguridad en el período Macri: culpar a los pueblos originarios, a los que además, intenta degradar con un peligroso toque racista. «Si los grupos que se autoproclaman mapuches son responsables de estos incendios, las van a pagar como terroristas».
Escenario
Dentro de este sencillo esquema, el Estado no tiene nada que ver con haber subejecutado el presupuesto para manejo del fuego en 2025 y haber reducido el del año en curso un 75%. En ambos casos, la cartera a cargo de esa área es la que hasta el 9 de diciembre dirigía Bullrich. Es en este escenario que la foto de Milei creada artificialmente resultaba chocante, cuando al mismo tiempo, los brigadistas reclamaban por los salarios de miseria que reciben en una tarea en la que ponen en riesgo su vida a cada instante.
La investigación judicial determinó que algunos focos de los incendios fueron intencionales, pero la fiscalía fue clara: nadie de las comunidades mapuches está en la mira. Y si se abre un poco la perspectiva, detrás de esos incidentes bien pudiera haber negocios inmobiliarios no ligados a pueblos que tienen otra visión cultural del medio ambiente. ¿Cuánto tendría que ver esa intencionalidad con la iniciativa del Consejo de Mayo –un órgano colegiado consultivo creado en 2024 para consolidar a largo plazo las políticas del Gobierno– de modificar la Ley de Manejo del Fuego, que facilitaría la realización de proyectos agropecuarios en tierras incendiadas?
Al mismo tiempo, se conocieron datos de un trabajo de Matías Oberlin y Julieta Caggiano, becarios del Conicet y miembros del Programa de Investigaciones sobre Historia Agraria de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, que demuestra que 13 millones de hectáreas de Argentina están en manos extranjeras, un 5% de la superficie del país. La Ley de Tierras sancionada en 2011 establece topes para la adquisición y prohíbe la posesión en zonas estratégicas o de frontera. El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, repitió varias veces que esa ley «del diputado Máximo Kirchner, atenta contra la producción».
Seguidismo y algo más
A todo esto, la denominación de «terrorista» para una agrupación mapuche inexistente es una operación mediático-política que se integra a estrategias muy afines a las que vienen del norte. Es así que el Gobierno incorporó al Registro Público de Personas y Entidades Vinculadas a Actos de Terrorismo y su Financiamiento (Repet) a la Hermandad Musulmana, una organización fundada en Egipto en 1928 y que había sido declarada como grupo terrorista unos días antes por la Casa Blanca. Más allá de posibles debates sobre la peligrosidad en Argentina de esa agrupación que está por cumplir un siglo de existencia, sería una demostración más de que ser funcionario del mileísmo es sencillo. Basta con hacer copy paste (copiar y pegar) a lo que se decida en Washington y ya. Y si no, es cuestión de ver la resolución de Federico Sturzenegger de «dejar de pedir visas a los ciudadanos chinos, indios y dominicanos que tengan green card americana». Acotación al margen: se está haciendo costumbre llamar «americanos» a los estadounidenses, y no solo en sectores conservadores o ultraderechistas, sino también algunos que se autoproclaman peronistas.
En cuanto a «los viajes de Milei», habrá de decirse que a último momento el presidente brasileño le devolvió sucesivos desaires de su par argentino: el último fue tras el secuestro de Nicolás Maduro, cuando publicó un video de diciembre pasado en el que adhería con fervor a las presiones de Donald Trump sobre Venezuela. El video termina con una foto de Lula da Silva saludando al mandatario venezolano.
No pasó mucho para que la cancillería brasileña anunciara el fin de la representación argentina en Venezuela. Desde la ruptura de relaciones con el Gobierno bolivariano, Brasil estaba a cargo de las relaciones entre Buenos Aires y Caracas. Otro gesto del presidente brasileño fue anunciar que no iría a Asunción para la firma del documento con la Unión Europea, lo que le dejaba a Milei todos los focos de la atención, pero limitaría su rol ante el previsible choque entre ambos jefes de Estado. La última jugada fue reunirse con la titular de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen en Río de Janeiro, antes del encuentro en Asunción. «Arma una cumbre paralela un día antes. Es una falta de respeto a sus socios», confió una fuente del Gobierno al diario La Nación. Para colmo, en la capital paraguaya, el presidente local Santiago Peña destacó el rol de su par brasileño como «uno de los impulsores fundamentales de este proceso». La actitud de Milei de no aplaudir tras la mención a Da Silva no hizo más que dejarlo expuesto como un líder sin capacidad diplomática y lejos del rol de un estadista. Lula, desde Brasil, podría recordar aquella frase de Bullrich: «El que las hace las paga».
