Política

Nuevo rumbo

El presidente de los Estados Unidos dio un fuerte respaldo a la gestión macrista. Consolidación del cambio en las alianzas internacionales y pocos resultados concretos. Contracara: la gran marcha del 24.

Coincidencias. Obama trabaja para quebrar los procesos de integración en América Latina. El mandatario argentino lo acompaña. (Télam)

Por segunda vez en lo que va del siglo xxi, la visita de un mandatario estadounidense a la Argentina funcionó como un parteaguas. La primera fue en noviembre de 2005, cuando George W. Bush arribó al país para participar de la iv Cumbre de las Américas que se realizó en la ciudad de Mar del Plata y debió soportar el rechazo de su proyecto imperial. A Barack Obama, en cambio, le correspondió una tarea más grata a los ojos de sus compatriotas: la de acelerar los pasos para dar por cerrada una etapa histórica que preanuncia el regreso de la subordinación latinoamericana a la mayor potencia militar del mundo contemporáneo. En pos de esa meta –que no está ni mucho menos asegurada– Obama necesita de un líder continental y por ello ha puesto la mira en Mauricio Macri, quien ha dado públicos y fuertes indicios de alineamiento incondicional con los Estados Unidos.
Quienes cuestionan el drástico cambio de rumbo, puntualizan que es la adhesión a este proyecto lo que explica que Macri haya promovido, desde el mismo día de su acceso al gobierno, medidas económicas y sociales ortodoxamente neoliberales, que cuentan con el total apoyo de la administración estadounidense, y otras destinadas a desmontar las políticas de inclusión de la administración anterior, a reprimir la protesta social y a declarar la emergencia de seguridad.
La fecha de la visita fue considerada por lo menos inoportuna por un amplio segmento de la sociedad y los organismos defensores de los derechos humanos. Obama llegó al país un día antes de la conmemoración del Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia instituido para recordar los crímenes de la dictadura genocida. La presencia de ambos mandatarios, sin el acompañamiento de ningún dirigente de organismos de derechos humanos, rodeados por francotiradores y agentes de seguridad en el Parque de la Memoria, fue parte de una ceremonia protocolar y despojada de toda emoción. Obama se limitó a admitir cierta lentitud de los gobiernos de su país en la denuncia de las violaciones a los derechos humanos y a ratificar la desclasificación de algunos documentos. Macri, en tanto, esbozó con sutileza las grandes líneas de su política en la materia, que pueden resumirse en una frase: «Terminar con la violencia política y la violencia institucional», equiparándolas de modo tal que –según los representantes de las organizaciones de derechos humanos– implican una justificación del terrorismo de Estado que conduciría directamente al reciclaje de la teoría de los dos demonios.

Paza de Mayo. Una multitud por la Memoria, la Verdad y la Justicia. (Dyn)

Esta interpretación se fundamenta, entre otras señales, en la decisión de favorecer la prisión domiciliaria de los represores y la desarticulación de los programas específicos; pero no le será fácil al oficialismo avanzar hacia esa meta. La imponente concentración del 24 de marzo en la Plaza de Mayo y las calles y avenidas adyacentes que movilizó a centenares de miles de personas, y las masivas marchas que se realizaron en Mar del Plata, Córdoba, Rosario, Mendoza y en prácticamente todas las ciudades importantes del país demuestran que existe un consenso mayoritario sobre la necesidad de no retroceder en el juicio y castigo a los responsables del genocidio. Lo cierto es que aquellos que esperaban que Obama hiciera revelaciones inesperadas o anunciara importantes inversiones se habrán sentido seguramente defraudados. Su presencia sirvió apenas para respaldar a Macri con cálidas demostraciones de simpatía que fueron inmediatamente retribuidas por él y exaltadas en los grandes medios con un estilo propio de las revistas del corazón. Sin embargo, hubo algo más: la firma de una serie de acuerdos sobre cuyo contenido no se informó pero que, según lo consignó Horacio Verbitsky en su habitual nota de Página 12, incluyen acciones comunes contra el narcotráfico y el terrorismo que no diferencian seguridad y defensa, como sí lo establecen taxativamente las leyes locales. También se acordó el intercambio de información entre el Comando Sur de ee.uu. y el Ministerio de Seguridad argentino a través de oficiales de enlace, entre otros temas que podrían comprometer la soberanía nacional.

Daniel Vilá