Política

Por otros caminos

Tras su participación en el Foro de Davos, el presidente Mauricio Macri ratificó el giro en las relaciones diplomáticas y económicas internacionales. Cambios en las alianzas y los vínculos estratégicos.

 

Amigos. Macri junto al vicepresidente estadounidense Joseph Biden: el país del norte favorecerá el endeudamiento argentino. (Presidencia)

Volvimos al mundo», expresó, eufórico, el presidente Mauricio Macri al culminar su participación en el World Economic Forum de Davos, Suiza, del cual la Argentina estuvo ausente durante doce años. Su alegría se sustentaba en el diálogo reparador que logró entablar con los principales líderes corporativos, en los avances registrados en pos del restablecimiento de las relaciones plenas con el Fondo Monetario Internacional (FMI) –que volverá a auditar las cuentas argentinas–, en los módicos ofrecimientos de inversiones que recogió y, sobre todo, en las entrevistas que le fueron concedidas por el vicepresidente de EE.UU., Joseph Joe Biden; el primer ministro británico, David Cameron; su equivalente israelí, Benjamin Netanyahu; y el presidente de México, Enrique Peña Nieto, entre otros.
En verdad, pocos fueron los resultados concretos de esos encuentros. Con Biden conversó sobre el fortalecimiento de los vínculos que la administración estadounidense y el propio Macri consideran deteriorados a causa de la postura soberanista adoptada por los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner. Si bien EE.UU. ya no vetará los pedidos crediticios de nuestro país, quedó implícito que la vía libre para el endeudamiento con los organismos financieros internacionales depende de un rápido acuerdo con los fondos buitre. Esto parece no ser tan sencillo como el gobierno previó en un primer momento. El propio Macri reconoció en Davos que «hasta ahora no hay resultados concretos» en la negociación y admitió que «a esta altura esperábamos tener la cosa más avanzada» para llegar a un acuerdo. Por su parte, el ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay, ratificó que el gobierno argentino está «comprometido» en la búsqueda de una resolución, y advirtió que espera «que la otra parte también se comprometa».
Con Cameron el diálogo fue abierto, aunque para que no hubiese lugar a dudas, el inglés aclaró que la posición de su país sobre el tema de las Islas Malvinas seguía siendo la misma. No obstante, se abordaron vagamente cuestiones referidas a comercio e inversión. Cameron invitó a Macri a visitar Londres para participar de un seminario sobre «transparencia en gestión administrativa» y se convino, además, que una delegación empresarial del Reino Unido visitará la Argentina en el segundo semestre de este año a efectos de evaluar temas vinculados con inversión en infraestructura.
Los resultados más específicos –y controvertidos– se obtuvieron en el encuentro con Netanyahu, quien festejó con Macri la caída del Memorando de Entendimiento con Irán y se comprometió a promover inversiones israelíes en la Argentina. Lo más relevante de la conversación fue el acuerdo para la provisión, por parte de Israel, de tecnología de inteligencia, seguridad y defensa. Según el periodista Horacio Verbitsky, «esos negocios se harán sin licitación, que es una de las motivaciones centrales para la declaración de la emergencia en seguridad» que acaba de decretarse.

 

Sorpresas
Llamó la atención a los especialistas en cuestiones educativas que uno de los primeros contactos del presidente en Suiza fuera Sunny Varkey, fundador de una de las redes de servicios educativos más importantes del mundo, partidario de que los padres sean los que paguen la educación de sus hijos y los establecimientos escolares compitan entre sí, como él cree que debe suceder en una economía de mercado.
Hubo, en el comportamiento del mandatario argentino, algunos episodios que suscitaron también la sorpresa de los asistentes al foro. Por ejemplo, preguntado sobre el conflicto colombiano, respondió que apoyará el proceso de paz y destacó que siente un gran afecto por Colombia ya que la serie ganadora de Boca estuvo basada en la actuación de tres jugadores de ese origen. Consultado luego por la reunión que mantuvo con Peña Nieto pretendió exhibir su veta humorística al señalar: «A él le interesó saber dónde aprendí yo los pasitos de baile que hago», una afirmación que provocó más confusión que hilaridad. Contrariamente, cuando un periodista argentino lo interrogó sobre el encarcelamiento de Milagro Sala, dio por terminada la conferencia de prensa y abandonó intempestivamente el lugar, contradiciendo su proclamada vocación dialoguista.
Cabe señalar que el principal referente del Frente Renovador, Sergio Massa, que asistió como invitado de Macri y participó de la reunión con el vicepresidente de EE.UU. y el primer ministro británico, se mostró particularmente satisfecho con el retorno de los monitoreos que preanuncian el inminente regreso argentino al FMI. «Puede parecer anormal para nosotros, pero si somos socios del FMI tenemos que cumplir con los requisitos; es como si sos socio de un club, tenés que pagar la cuota», argumentó el líder renovador, que en el propio escenario de Davos fue ungido por Macri como el futuro presidente del Partido Justicialista, lo que motivó la enérgica respuesta del diputado por el Frente para la Victoria, Agustín Rossi: «Al presidente del PJ no lo elige Macri, ni el foro de Davos, ni la embajada de los EE.UU.».
Por su parte, el ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay, aprovechó su presencia en Davos para anticipar duras medidas. Un despacho de la agencia de noticias Bloomberg reprodujo declaraciones suyas en las que adelantó que el ajuste del gasto público en 2017 será «agresivo» y que el Ejecutivo pretende reducir el déficit fiscal del 7% al 4,8%. «Los inversores privados tienen que entender que el gobierno va a ir poco a poco», añadió, y ratificó que aceptará las auditorías del FMI sobre las políticas económicas del país, «porque no hay nada que ocultar».

 

La batalla que viene
Pese al optimismo de los funcionarios, que los llevó incluso al exceso de anunciar inversiones de la empresa Renault-Nissan por 600 millones de dólares que ya habían sido comunicadas por Cristina Fernández de Kirchner en abril de 2015, el panorama se presenta complicado. El crédito del pool de bancos internacionales por varios miles de millones de dólares viene demorado, los sojeros están liquidando diariamente la tercera parte de la suma que habían comprometido –una evidente maniobra para obtener un dólar todavía más alto–, el intento de colocar nuevos bonos en el mercado interno fracasó rotundamente y las reservas siguen bajando. Pero lo que más preocupa es el incremento de los precios, que influirá decisivamente en las próximas negociaciones paritarias.
En efecto, tanto las mediciones de la provincia de San Luis –que el macrismo considera entre las más serias– como las de varias consultoras privadas indican un incremento de casi el 7% en diciembre y un estudio preliminar del centro de investigaciones de la CTA, coordinado por el reconocido economista Eduardo Basualdo, señala que la pérdida del poder adquisitivo del salario en los dos últimos meses sería del 10%, la mayor desde 2002. Se estima, además, que el inminente tarifazo de los servicios públicos incidirá fuertemente en ese deterioro. Sin embargo, para Prat Gay el incremento anual de los precios no superaría el 25% y Macri lo sitúa en no más del 20%.
Fundados en la falta de estadísticas oficiales –las autoridades del Indec han resuelto no proporcionarlas hasta que se produzca la «reorganización»– los miembros del equipo económico especulan con que el ajuste salarial tendrá un tope del 25%, que eufemísticamente denominan «marco», e intentan instalar la idea de que si superara ese porcentaje se multiplicarían los despidos. Si bien la mayoría de las conducciones sindicales, con el pragmatismo que las caracteriza, han demostrado que no desean confrontar, la indignación de sus representados puede crearles una situación delicada si no pelean por el mantenimiento de todos los puestos de trabajo –solo en el Estado los despidos superan los 25.000– y por un aumento que supere el 35%.
Uno de los más duros fue el secretario general de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), Hugo Yasky, quien aseguró que «la inflación proyectada es del 40%, y advirtió que los sindicatos no pueden aceptar que se condicione la paritaria». «Esa inflación del 25% no se la cree nadie, ni el propio ministro Prat Gay», dijo Yasky, y acusó al gobierno de desarrollar «una política dirigida a generar desocupación deliberadamente, sobre todo en el sector público, y con eso intentar que el chantaje que expresó el ministro de Hacienda, que dijo que había que pensar en defender los puestos de trabajo antes que el salario, se pueda cumplir».
Los docentes de la provincia de Buenos Aires, en tanto, solicitarán un 40% de aumento salarial, lo que plantea la posibilidad de que no se inicien las clases en la fecha establecida; los colectiveros nucleados en la Unión Tranviarios Automotor manifestaron que no aceptarán topes y hasta el propio secretario general de una de las dos CGT, Hugo Moyano, el mejor aliado sindical del macrismo, habló de «explosión de precios en todos los rubros del consumo popular» y dijo que en las primeras semanas de gestión del nuevo gobierno hubo una «saga de malas noticias para los trabajadores». El dirigente del gremio de Camioneros advirtió que no tolerará la devaluación del salario.

Daniel Vilá