Política

Proyectos en pugna

Tras la definición de las fórmulas y listas que competirán en las primarias del 9 de agosto, se consolida un escenario de polarización entre el kirchnerismo y su principal desafiante, el PRO.

 

Cara a cara. Cristina Fernández con Scioli, quien aspira a sucederla, y Zannini: el binomio que representará al Frente para la Victoria cuenta con respaldo presidencial. (Presidencia de la Nación)

La ciudadanía se aprestaba a escoger en las elecciones Primarias, Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) del próximo 9 de agosto entre dos vertientes oficialistas que expresan distintas interpretaciones políticas, tres que conforman la alianza Cambiemos y, con matices, reivindican el neoliberalismo –una de ellas claramente mayoritaria y conducida por Mauricio Macri–; el frente Una Nueva Alternativa (UNA) que aglutina al peronismo conservador liderado por Sergio Massa, con el módico aporte de José Manuel De la Sota; una fuerza denominada Progresistas, que encabeza Margarita Stolbizer; y varios agrupamientos de menor peso electoral que pugnarán por obtener el 1,5% que les permita participar de los comicios generales de octubre.
Pero la presidenta Cristina Fernández de Kirchner ejecutó un audaz golpe de timón y resolvió respaldar en el Frente Para la Victoria (FPV) una fórmula única integrada por el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, y Carlos Zannini, secretario Legal y Técnico de la Presidencia de la Nación. En el binomio quedan representados tanto el Partido Justicialista como las nuevas organizaciones kirchneristas que fueron creciendo durante los 12 años de su gobierno. Scioli fue reconocido como el dirigente que mejor medía en las encuestas y el que había logrado obtener la mayor adhesión entre los gobernadores y los intendentes del Conurbano. A su vez, Zannini, hombre de confianza de Cristina, es uno de los más calificados gestores de las políticas oficiales y la expresión más acabada del kirchnerismo ortodoxo.
La pragmática decisión presidencial estuvo fundada en la necesidad de evitar las rispideces de una confrontación interna, sostener los equilibrios, afirmar su autoridad como conductora del movimiento y acercar al Frente para la Victoria al triunfo en primera vuelta. Algunos sectores del propio kirchnerismo manifestaron su disgusto y preocupación por esta decisión basándose en los antecedentes políticos del gobernador bonaerense. Quienes, por el contrario, reivindicaban la determinación consideraban que Scioli había demostrado su lealtad como vicepresidente de Néstor Kircher entre 2003 y 2007 y después en sus dos períodos como gobernador de la provincia de Buenos Aires y había acompañado las medidas más controvertidas del kirchnerismo, como las retenciones móviles para el agro. Sin embargo, las discrepancias se fueron diluyendo con el paso del tiempo.
Como no alcanzaba con un hombre del riñon presidencial para garantizar la continuidad del rumbo emprendido, Cristina Fernández incidió decisivamente en la confección de las listas de diputados y senadores con el objetivo de que La Cámpora, joven organización que había concentrado sus esfuerzos en motorizar la movilización y contribuir a la gobernabilidad, obtuviera una representación parlamentaria acorde con su peso e influencia. Así, el ministro de Economía, Axel Kicillof, encabezará la lista de diputados nacionales en la Capital Federal, Eduardo Wado de Pedro, secretario general de la Presidencia, hace lo propio en la provincia de Buenos Aires y el hijo de la presidenta, Máximo Kirchner, es primer precandidato a diputado en Santa Cruz. También dirigentes históricos como la exministra de Seguridad, Nilda Garré, y el actual ministro de Planificación Federal e Inversión Pública y Servicios, Julio de Vido, tendrán un lugar de privilegio en la nómina de la ciudad y la provincia de Buenos Aires respectivamente.
Se estima que, de concretarse los pronósticos más optimistas, La Cámpora obtendría unos 25 diputados, representación nada desdeñable si se considera que el Pro hoy tiene 18.

 

Parecidos pero diferentes
En lo que respecta a la provincia de Buenos Aires, después de la negativa del ministro de Interior y Transporte Florencio Randazzo a ser candidato a gobernador, Cristina Fernández no consideró indispensable eludir las PASO, aunque se propuso apostar a la concentración de fuerzas en solo dos fórmulas. De ese modo, el binomio integrado por el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, y el presidente de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual, Martín Sabbatella competirán con el titular de la Cámara de Diputados, Julián Domínguez, secundado por el intendente de La Matanza, Fernando Espinoza. Sus diferencias políticas son sutiles, pero algunos observadores suponen que la segunda va a contar con el respaldo de la mayoría de los intendentes del Conurbano.

Dupla porteña. Macri y Michetti, el Pro quiere liderar la oposición. (Dyn)

La movida presidencial desconcertó a una oposición que ya había sido sorprendida ante el anuncio del aumento de la Asignación Universal por Hijo (AUH) de 644 a 837 pesos para el primer grupo de beneficiarios y que se enviará al Congreso Nacional una ley de movilidad para aplicar en la auh el mismo índice que se utiliza para el incremento de las jubilaciones. «Las asignaciones ya son ley por decreto, pero lo que haremos es garantizar que su movilidad no dependa de una decisión individual o de la voluntad de nadie, sino que esté garantizada por ley», expresó la presidenta. Cabe señalar que la oposición postulaba la conversión en ley de la AUH, con lo cual perdió un contundente argumento crítico.
El macrismo sintió fuerte el impacto y, siguiendo los consejos de su asesor ecuatoriano Jaime Durán Barba, soportó las presiones del llamado «círculo rojo» que impulsaba una alianza con el Frente Renovador en territorio bonaerense e insistió con la candidatura de María Eugenia Vidal. Pero debió bajar del segundo término del binomio a Cristian Ritondo, titular de la Legislatura de la Ciudad, por dos consistentes motivos: el desagrado del radicalismo que amenazó con presentar lista propia y las objeciones a la postulación de dos porteños en un territorio tan complejo, que representa el 38% del padrón nacional. El flamante postulante a la vicegobernación por Cambiemos es el dirigente de la Unión Cívica Radical Daniel Salvador, un desconocido fuera de su partido.
Contra lo que muchos esperaban, Macri recompuso sus relaciones con Gabriela Michetti, que lo había enfrentado en las internas capitalinas, y la designó como coequiper para encarar la difícil tarea de ganar las presidenciales, resolución que fue objetada por quienes, dentro del Pro, opinan que una fórmula integrada por dos dirigentes porteños afecta las posibilidades de obtener buenos resultados en provincias del Interior donde el armado macrista es endeble.
En tanto en Córdoba, la dirigencia del principal aliado del Pro, la UCR, se muestra alarmada ante la diferencia a su favor que habría establecido el justicialista Juan Schiaretti, el postulante apoyado por José Manuel de la Sota y también por el crecimiento de Podemos Córdoba, conducido por el intendente de Villa María Eduardo Accastello, que expresa al Frente para la Victoria en el orden local. El temor de los radicales es que su lista termine ocupando el tercer puesto. El dato no es menor si se considera que Macri, quien intentó infructuosamente que Ernesto Sanz y Elisa Carrió se bajaran de las PASO, necesita de un triunfo en la provincia mediterránea para sostener sus aspiraciones presidenciales. La desilusión santafesina afectó su ánimo pero la victoria radical en Mendoza le devolvió el alma al cuerpo. Hay quienes sostienen la aventurada hipótesis de que el macrismo está convencido de que no podrá ganar las generales y se propone lograr una mayor inserción en los distritos en los que no tiene estructura con miras a disputar efectivamente el Gobierno en 2019.

 

Desconcierto
Pero, como no podía ser de otra manera, a quien más irritó la iniciativa presidencial fue a la siempre intempestiva Elisa Carrió, quien sostuvo que el desafío opositor consistía en desafiar a la «dictadura stalinista» en ciernes.
La misma afición por volver al pasado por parte de quienes dicen representar a la «nueva política» condujo a José Manuel De la Sota a designar como compañera de fórmula a Claudia Rucci, hija del controvertido dirigente metalúrgico de la década del 70. El cordobés se enfrentará en las PASO con Massa, a quien acompañará el salteño Gustavo Sáenz, intendente electo de la capital provincial por el Frente Renovador, una de las escasas satisfacciones que tuvo el tigrense en los últimos tiempos. El debate televisivo que protagonizaron ambos contendientes días pasados estuvo matizado por chicanas, acusaciones y descalificaciones, que alcanzaron su punto culminante al día siguiente, cuando el mentor del «cordobesismo» volvió a cargar contra su aliado: «Es un inexperto, un inmaduro que ha gobernado simplemente una ciudad, y una ciudad atípica porque no tiene la conflictividad de las grandes ciudades», disparó.
Lo insólito es que el análisis de Sergio Bendixen, el asesor peruano de Massa, afirma que Macri sufrió una caída de 7 puntos en la intención de voto, lo que en su visión lo coloca en paridad con el exintendente de Tigre en la disputa por el segundo puesto, que parece ser la máxima aspiración del renovador, en tanto el oficialismo habría alcanzado el 47% en las mediciones de junio. Por otra parte, la imagen positiva de Cristina Fernández habría crecido del 45 al 54% y el 64% de los consultados afirmó que su situación económica personal es buena.

Puja. Massa y De la Sota, debate por tevé. (Dyn)

La oposición en su conjunto tiene dos problemas que no está en condiciones de resolver: en primer lugar la actitud de dirigentes de peso en sus respectivas provincias, como el gobernador electo de Río Negro, Alberto Wereltinek, y el exmandatario chubutense Mario Das Neves, quienes se han propuesto fortalecer sus organizaciones locales según el modelo del Movimiento Popular Neuquino, y dejar en libertad a sus electores para que elijan al postulante presidencial que consideren más adecuado, con lo cual se angostan las expectativas de las fuerzas más competitivas de acrecentar su, por ahora, exiguo capital electoral.
El segundo obstáculo es la postura asumida por el gobernador de Santa Fe, Antonio Bonfatti, quien hace pocas semanas había afirmado que ante un eventual balotaje entre el precandidato del FPV y Macri votaría por el oficialista, y que acaba de mostrarse exultante ante el resultado obtenido en las PASO locales. «Le escupimos el asado a Macri», se jactó, y criticó duramente a los medios de comunicación concentrados, encabezados por el Grupo Clarín, que según el mandatario pusieron todas las fichas a favor de un triunfo del representante del macrismo en la provincia, Miguel Del Sel.
Esta sensación de respetuoso acercamiento entre el socialismo y el kirchnerismo –que no implica identidad ideológica– se reforzó con la visita de la presidenta a la ciudad de Rosario con motivo del Día de la Bandera. Allí subrayó: «Hay bases mediáticas en el continente dispuestas a bombardear todos los días los proyectos populares» y les pidió a los partidos «de raigambre popular» actuar con grandeza y superar los prejuicios ante los grandes temas de la patria «sin abandonar la identidad y la legitimidad del derecho a disputar». Tanto Bonfatti como la intendenta reelecta de Rosario, Mónica Fein, aplaudieron con entusiasmo.

Daniel Vilá