Política

Recuerdos del futuro

A partir del triunfo del 22 de octubre, el oficialismo impulsa un mayor ajuste y reformas de corte neoliberal. Dispersión de las fuerzas opositoras más dialoguistas con Cambiemos. La muerte del joven artesano y el reclamo de justicia.


Casa Rosada. Junto a Marcos Peña, Mauricio Macri anunció cambios «institucionales, electorales, políticos y económicos». (Dyn)

Tal como sucedió en las presidenciales de 2015, los resultados de las últimas elecciones legislativas mostraron sustanciales diferencias con los registrados en las PASO (Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias). La buena votación de Cambiemos en agosto se transformó en octubre en una contundente demostración de fuerza en el orden nacional que, si bien es habitual en los comicios de medio término, no debería subestimarse tras casi dos años de ejecución de un plan tendiente a concentrar riqueza en detrimento de los sectores más vulnerables de la población. Es cierto que el oficialismo utilizó todos los medios a su alcance para garantizar la primacía: créditos por doquier a jubilados, monotributistas y beneficiarios de la asignación universal por hijo que muchos no lograrán cancelar, préstamos hipotecarios que terminarán por ser impagables, control de las redes sociales, blindaje mediático, alusiones permanentes a la supuesta corrupción generalizada de sus antecesores, el relato de una cuasi heroica cruzada contra el narcotráfico y confusas informaciones sobre la recuperación económica que no pudieron verificarse en la vida cotidiana de los ciudadanos. También es cierto que esos anuncios publicitados masivamente generaron renovadas esperanzas acerca de que lo peor había pasado. Hay demasiadas preguntas sin respuestas y es imposible responderlas sin abocarse a un profundo proceso de reflexión.  
En una entrevista del periodista Martín Piqué, publicada por Tiempo Argentino semanas antes de los comicios, el psicoanalista Jorge Alemán introdujo un elemento polémico que merece ser analizado por quienes se oponen a las políticas de este gobierno: «Todo lo catártico se agota inmediatamente en sí mismo. Lo catártico se caracteriza porque se reinicia una y otra vez sin modificar nada. Y el problema es que, para construir ese pueblo en el que se anude a la ciudadanía, tiene que aparecer de nuevo un tipo de deseo. No alcanza con solo narrar. No es solo narrar el infortunio. Es necesario expresar qué quiero, y que quiero otra cosa». El filósofo Gustavo Varela, desde otro ángulo, desestima interrogantes que considera inútiles respecto de Cambiemos: «Preguntamos: pero ¿cómo, no ven la realidad? La pregunta es inútil: no hay afuera. Crean realidad, crean cuerpos para esa realidad, crean situaciones, crean un discurso con pocas palabras. Crean un lenguaje con poco: felicidad, cambio, no volvamos para atrás, sí se puede, vivir mejor, todos los argentinos, equipo, en todo estás vos, vecino, juntos, nosotros. ¿Engañan? No, inventan un lenguaje atractivo. Un vocabulario tela de araña, atrapante, anhelado. El vocabulario es circular y tautológico. Y muy eficaz».
Lo cierto es que el electorado receptó las «buenas ondas» del mensaje y extrañamente utilizó esta instancia decisoria como una suerte de balotaje. Así lo demuestra el derrumbe de los partidos menores que no consiguieron escapar a la polarización. El socialismo y Libres del Sur no ganaron ninguna banca. El GEN de Margarita Stolbizer perdió su representación parlamentaria. La excepción fue el Frente de Izquierda y de los Trabajadores.

Usinas de mentiras
Otro comportamiento, sorpresivo para muchos, fue la indiferencia –o el odio hacia la víctima– de los votantes de Cambiemos, frente a la desaparición de Santiago Maldonado y el posterior hallazgo de su cuerpo. Las mentiras y omisiones del elenco oficialista fueron evidentes. Patricia Bullrich negó la presencia de su lugarteniente Pablo Noceti en el lugar cuando había testimonios y hasta fotografías de su presencia; el secretario de Derechos Humanos, Claudio Avruj, afirmó tajantemente en los inicios de la investigación, que en verdad fue una trama para asegurar el encubrimiento: «Nadie puede demostrar que estuvo en la zona de conflicto», a pesar de contar con las imágenes precisas de la represión tomadas por la Gendarmería. El operativo distractivo fue perfeccionado por el primer juez de la causa, Guido Otranto, quien omitió considerar pruebas decisivas, ordenó irrumpir violentamente en la zona controlada por los mapuches con la excusa de buscar indicios de su presencia e hizo todo lo posible para evitar que la verdad surgiera. El oficialismo cerró filas, incluso aquellos que en la etapa alfonsinista suscribieron el «Nunca más» como un legado cerraron los ojos y los oídos. No se cuestionaron la coherencia de una ficción respaldada incondicionalmente por los medios que protegen al macrismo, según la cual, Maldonado no había estado allí, lo habían visto en Chile, fue acuchillado por un puestero en Chubut, se cortó las rastas en San Luis y terminó «ahogado» en el mismo río al borde del cual había sido perseguido por la Gendarmería. Nunca intuyeron siquiera que el cuento era demasiado contradictorio ni se atrevieron a plantearse que también murieron ahogados los prisioneros de la última dictadura que fueron arrojados desde los aviones.


Altar. Homenaje popular a la memoria de Santiago Maldonado frente a la morgue judicial. (Dyn)

Ahora habrá que concentrarse, entre otras cosas, en lograr justicia para Santiago y, desde lo estrictamente político, en despejar las incógnitas respecto del papel que tendrá el Congreso en el futuro inmediato. El presidente Mauricio Macri no dejó pasar más que unas pocas horas del recuento de votos para anunciar un tiempo de «reformismo permanente», el que habrá que transitar «con alegría» y durante el cual el país seguirá tomando deuda. A la vista de lo ocurrido hasta ahora, sin el espaldarazo electoral, no se avizora otra cosa que un mayor ajuste de las cuentas públicas, incremento de las tarifas –los precios de los combustibles aumentaron el día siguiente de los comicios– y renovadas presiones sobre las conquistas laborales. Algunas de estas decisiones deben pasar por el Poder Legislativo. Cambiemos consiguió ampliar su bancada en el Senado a 24 legisladores, lo supera el justicialismo, pero es posible que el bloque se divida entre los opositores duros y los negociadores, encabezados por Miguel Ángel Pichetto. En Diputados, el interbloque oficialista se acreditó 107 legisladores –primera minoría sin quórum propio– y el Frente para la Victoria tendría 78, si se mantienen los actuales alineamientos.

Lo que viene
Otro dato evidente es que Cristina Fernández de Kirchner, no obstante la derrota, se ha convertido en la única dirigente capaz de liderar una oposición sostenible. Quien pretendió reemplazarla en la conducción del justicialismo, Florencio Randazzo, quedó al borde de la extinción política y ninguno de los caudillos provinciales ha quedado bien parado luego de estos comicios. Sin embargo, todo indica que a la expresidenta la seduce más el papel de armadora que el de posible candidata en 2019.
En tanto, la dirigencia de la UCR está preocupada por su pérdida de peso específico dentro de la alianza gubernamental y, sobre todo, por el crecimiento de la incidencia de su enemiga jurada, Elisa Carrió. Es altamente probable que utilice su éxito electoral para conseguir que Mauricio Macri le conceda mayores espacios. El temor de los radicales es que el Pro promueva la marca Cambiemos como una nueva identidad, con lo cual deberían asumir un dilema de hierro: admitir que ya nada tienen que ver con el viejo partido de Leandro Alem e Hipólito Yrigoyen y aceptar resignadamente la dilución, o pugnar por preservar sus símbolos históricos, aunque no se correspondan con las nuevas circunstancias políticas.
Pero el principal interrogante que se impone descifrar es cómo reaccionará la sociedad ante el ajuste que comenzó a implementarse al día siguiente de las elecciones. De la aceptación o el rechazo al empobrecimiento que inevitablemente sucederá y de que no estalle una crisis económica internacional, depende el futuro de este experimento exitoso de la derecha neoliberal que deberá afrontar el contraste entre sus apelaciones a un mañana luminoso y la realidad de sus políticas.