Política

Renovación y después

A un año de las elecciones legislativas, el justicialismo intenta reordenar sus filas, dispersas tras la derrota de 2015. Por ahora, dejan de lado al kirchnerismo puro. El espacio liderado por el diputado Sergio Massa, entre el oficialismo y la oposición.


Homenaje. A 29 años del triunfo de Cafiero se juntaron Gioja, Insfrán, Magario, Solá, González García, entre otros. Presentó Carlos Campolongo. (Télam)

 

Si bien para las elecciones de medio término falta más de un año, puede decirse que la campaña ya comenzó. Será el primer test electoral de la alianza Cambiemos en el gobierno y el panorama para el oficialismo se muestra complicado, con una crisis económica que no parece tener fin, el reclamo social en aumento y la aparición de disputas internas entre funcionarios. A favor, cuenta con que las cosas tampoco parecen claras en el principal sector de la oposición, que está representado por los grupos dispersos del peronismo, entre ellos los «desgajados» del Frente para la Victoria.
La celebración de un nuevo aniversario de la consagración como gobernador bonaerense de Antonio Cafiero, que aquel 6 de setiembre de 1987 coronó el proceso de renovación peronista, fue la excusa perfecta para que un amplio abanico de dirigentes del PJ se juntara con el objetivo de crear las condiciones para lograr la unidad en este nuevo escenario.
Se entiende que el recuerdo del dirigente fallecido hace dos años fue la excusa, porque los 29 años de aquella «patriada» de Cafiero contra una dirigencia que se había quedado en el tiempo no son un número «redondo» –que son los que normalmente llaman a los grandes festejos– y menos cuando la fecha no tuvo semejante relevancia en estas casi tres décadas. Pero era buena ocasión para juntar a gobernadores, intendentes y legisladores de los bloques de origen justicialista, aunque sin la presencia de los nucleados en torno al kirchnerismo. Más bien, el objetivo era mostrar que la «renovación», por más que sea al sello identificatorio de quienes ya en 2011 se habían ido detrás de Sergio Massa, puede llegar a ser un paraguas para competir en 2017.
Se reunieron en un hotel porteño, entre otros, Daniel Scioli, Alberto Fernández, Diego Bossio, el presidente del PJ, José Luis Gioja, la intendenta de La Matanza, Verónica Magario, el excandidato a gobernador bonaerense por el massismo, Felipe Solá, y Héctor Daer, integrante del triunvirato de la CGT. No todos son «anti K», pero sí preferirían armar una estructura, competitiva electoralmente, sin la participación de la expresidenta, algo que por ahora no parece viable. Mientras tanto, cuentan porotos y no porque se sientan urgidos por el tiempo electoral, sino porque están acuciados por las circunstancias. La protesta va creciendo en amplios sectores de la sociedad, desde la clase trabajadora y los nuevos desocupados hasta empresarios vinculados con el mercado interno, políticos y sindicalistas de base, y el principal partido de la oposición tiene que salir a conectarse con esa bronca social.

 

Los tres tercios
Para el gobierno, la mejor noticia –mientras no haya respuesta para los que se vieron afectados durante estos nueve meses de gestión por la devaluación, el aumento de tarifas y la pérdida de empleo– es una oposición disgregada. Tanto para gobernar sin mayores sobresaltos, como para esperar con buenos augurios la elección del año que viene. Si es verdad que las sociedades modernas están divididas en tres tercios asimilables con la derecha, la izquierda y un centro fluctuante, ese resultado no sería grave para Cambiemos en términos de remplazos legislativos.
Los primeros escarceos del oficialismo necesitaban romper con lo que en teoría implicaba un Congreso con mayoría del FPV, y fue así que celebraron largamente el alejamiento de grupos que no comulgaban demasiado con la jefatura de Héctor Recalde en Diputados. En Senadores, con la anuencia de Miguel Pichetto y el apoyo explícito de gobernadores deseosos de fondos nacionales y de evitar diatribas contra sus gestiones, lograron contar con vía libre a los proyectos más necesarios para la voluntad de Balcarce 50, aun cuando fueran a contrapelo de lo que aprobaban hace no tanto.


Multitud. Marcha Federal en Plaza de Mayo. (Télam)

 

El objetivo desde el que partieron las principales espadas políticas del macrismo –el jefe de Gabinete, Marcos Peña y el ministro del Interior, Rogelio Frigerio– es sostener la gobernabilidad mientras, confían, se van consolidando los cambios que se proponen. En aras de esa gobernabilidad, el diputado Sergio Massa acercó posiciones desde el mismo 10 de diciembre con Mauricio Macri. La foto de ambos en el foro de Davos fue la muestra más elocuente.
En esos pasos iniciales del nuevo presidente en el poder ambos se necesitaban: Macri porque el exintendente de Tigre podía liderar una oposición amigable con su proyecto de demoler todo vestigio de populismo remanente en la sociedad luego de la derrota del kirchnerismo en el balotaje. Massa porque aspiraba a juntar tras sí a los peronistas descontentos con Cristina Fernández, que acompañaron su mandato por eso de que el poder atrae como un imán, pero estaban dispuestos a dar el salto cuando hubiera posibilidad.

 

La única verdad
Pero la realidad se impone y a medida que se demora la lluvia de inversiones y se sienten en los bolsillos ciudadanos las consecuencias de las nuevas medidas económicas, ya no es tan atractivo mostrarse cercano al gobierno macrista. Más cuando las encuestas vienen revelando un crecimiento del rechazo a la administración nacional. En tal sentido, el diputado Facundo Moyano pasó una factura impensada hace unos meses. «Está bien acompañar las medidas y la iniciativas legislativas que consideremos que estén bien y ayudan a la gente, pero hay cosas que creo que no se tenían que votar o no servían para nada y terminamos pegados al oficialismo», dijo hacia el interior del Frente Renovador. Por eso Massa tuvo que salir a mostrar los dientes, aun desde un lugar no confrontativo, y se ganó la repulsa del propio Macri.
El hijo del líder camionero no hablaba solo de posicionarse frente al clima de protesta que desbordó la Plaza de Mayo el 2 de setiembre en la culminación de la Marcha Federal y puede llevar a la primera huelga general, sino al acercamiento de Massa con Margarita Stolbizer. «La alianza que hizo con Margarita Stolbizer lo aleja del PJ», le respondieron a Massa desde el peronismo que homenajeó a Cafiero. Como para que le quede claro de qué renovación hablan los popes justicialistas.