Política

Resonancias locales de Francisco

Cuando Jorge Bergoglio fue elegido como papa Francisco, en 2013, muchos en Argentina festejaron y otros se lamentaron. Casi 5 años después quizás se hayan invertido los papeles: quienes entonces festejaron hoy se lamentan y con los otros sucede lo contrario. En 2013, varios que hasta ese momento habían ignorado su existencia buscaron rápidamente una foto suya para incorporarla en la galería familiar de los argentinos famosos. También los hubo que descreyeron totalmente que se convertiría en una figura de orden mundial como hoy lo es. Pero todos habrían apostado entonces a que Bergoglio, residiendo en Roma, dejaría de tener influencia en la vida política argentina. Nada más lejano a la realidad.
El reciente viaje de Francisco a Chile y Perú lo reinstaló periodística y políticamente. Por las especulaciones acerca de la decisión de seguir postergando su visita a la Argentina y porque quienes lo señalan acusatoriamente como «líder de la oposición» le atribuyen como propias las opiniones de dirigentes sociales que, si bien dicen no hablar en su nombre, sí reconocen orientación y guía en las palabras de Bergoglio.
El papa hoy es parte de la vida política argentina aunque sea difícil explicar las razones. Puede decirse que ante la falta de líderes que expresen posiciones fuertes, tanto para quienes lo combaten como para aquellos que se cobijan en su discurso, Francisco plantea definiciones frente a los conflictos de la sociedad y lo hace tratando de salir de lo meramente coyuntural para entrarles a los debates de fondo. Y si bien no renuncia a la diplomacia que le impone su condición de jefe de Estado, a sus pronunciamientos siempre generales suma inteligencia y astucia para producir gestos que dejan al descubierto su posición acerca de aquellos temas locales sobre los que pretende incidir: una carta supuestamente privada, un regalo, también un silencio y hasta un mensaje protocolar en inglés, cuando todos lo esperaban en español, pueden ser eficaces a tal fin.
Nada de esto ocurre por casualidad. Nada es más errado que decir que Bergoglio se siente ajeno a la Argentina. Quienes más lo conocen y frecuentan aseguran que el papa posee muy buena información sobre el país a partir de la enorme cantidad de encuentros privados que tiene con argentinos de todas las posiciones que llegan hasta Santa Marta. Dialoga y recibe información que luego él mismo procesa. Tiene posición tomada y actúa en consecuencia.