Política

Sala de espera

A más de dos años del recambio gubernamental, la atención de la salud en el Conurbano de la provincia más poblada del país conserva sus déficits pese a las promesas formuladas en la campaña. La situación de los principales centros sanitarios.

Néstor Kirchner. El nosocomio, situado en Gregorio de Laferrere, no abrió sus puertas. (Mariana Morena/En la vuelta)

El mecanismo permanente de críticas y denuncias, en ocasiones solo televisivas, de Cambiemos hacia las gestiones anteriores oculta muchas veces la falta de ejecución de obras prioritarias. Este es el caso de los hospitales en la provincia de Buenos Aires. Un ejemplo lo dio un pequeño partido vecinal, Siempre Ituzaingó, que, al organizar una junta de firmas por la finalización del Hospital del Bicentenario de Ituzaingó, como forma de campaña, logró no solo superar las PASO, sino también pelear por un puesto en el Concejo Deliberante al obtener el 2,6% de los votos. La obra de dicho hospital, comenzada en 2011, llegó hasta un 95% de avance en su infraestructura, con 150 camas y terapias intensivas e intermedia, pero aún no abrió sus puertas debido a la falta de recursos por parte de las carteras nacional y provincial.
Walter Elías, líder de Siempre Ituzaingó, analiza la situación: «El 50% de la gente no tiene obra social en nuestro municipio, por eso necesitamos un hospital público». Y agrega que el reclamo existe desde mediados de los 90, cuando el nuevo distrito quedó con tan solo una «sala de emergencias ampliada, que no posee ni maternidad ni camas de internación».
El reclamo por más hospitales también se extiende a otros distritos bonaerenses. El caso emblemático es el de La Matanza y los hospitales René Favaloro y Néstor Kirchner, también programados dentro del plan Hospitales del Bicentenario, que al igual que el de Ituzaingó, son financiados en un 70% por la Nación, 27% por la provincia y 3% por los municipios.

Colapsados
Debido a los reclamos de la intendenta matancera Verónica Magario, la gobernadora María Eugenia Vidal deslizó que la finalización de esas obras no era prioritaria debido a las mejoras que necesitaban otros hospitales del partido. Sin embargo, Valeria Bonetto, médica pediatra del hospital provincial Paroissien y delegada de la Asociación Sindical de Profesionales de la Salud (Cicop), sostiene: «Hacen falta más hospitales para aliviar nuestro trabajo. Estamos colapsados. Y también arreglar los que ya están».
Así es como el principal «caballito de batalla» del gobierno bonaerense, la remodelación de las guardias, es también criticado. «No sirven de nada guardias relucientes, hasta con televisores, pero que la gente pueda atenderse solo por una angina», explica Bonetto. Además, las nuevas unidades de salud, con sus 360 camas, venían a intentar solucionar también un problema mencionado por Magario: la Organización Mundial de la Salud recomienda una cada 1.000 habitantes mientras que en La Matanza no se llega a una cada 2.000.
Sin embargo, la no designación de personal es el principal problema para la inauguración definitiva de estos hospitales. Y allí es cuando comienza a aparecer la sospecha: un ajuste encubierto del área. Así lo denuncia la CICOP: la partida de salud de 2017 fue la más baja de los últimos 10 años, con 5,65% del presupuesto total de la provincia. Pero, además, 1.500 médicos becados siguen esperando pasar a planta permanente, quienes ante el incumplimiento estatal van a trabajar al ámbito privado, y se denuncia una subejecución de presupuestos como el del Plan de Control de Cáncer, con solo un 17% de cumplimiento durante este año.
En definitiva, la salud pública en el Gran Buenos Aires sigue desatendida y precarizada, a la espera de soluciones prometidas pero no cumplidas. Una historia conocida.