Política | MERCOSUR-UNIÓN EUROPEA

Un acuerdo cruzado por la geopolítica

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La aprobación del pacto se concreta con un tablero regional marcado por el ataque a Venezuela y una política exterior argentina que privilegia el alineamiento total con Estados Unidos.

Diciembre. Los mandatarios del Mercosur posaron en las Cataratas del Iguazú tras la reunión en la que se frustró la firma del acuerdo con la Unión Europea. 

Foto: Ricardo Stuckert_PR (CC BY 4.0)

La noticia cruda y dura es que luego de 25 años de negociaciones, la Unión Europea dio visto bueno el viernes 9 al traqueteado acuerdo de libre comercio con el Mercosur. Si se va un poco más en detalle, se podría decir que hay cláusulas especialmente reelaboradas para calmar las quejas de los agricultores europeos y que no hay tal consenso aunque trabajosamente se logró una mayoría cualificada tras haber convencido a la italiana Giorgia Meloni de sumarse al pacto que crea un área comercial de 750 millones de habitantes. El rechazo de Emmanuel Macron será un precio que el mandatario francés deberá laudar con los chacareros galos a un pacto que aún necesita al aprobación de la Eurocámara.

¿Qué ocurrió desde la cumbre regional de diciembre en Foz de Iguazú, donde a último momento se frustró la firma? Esa vez el brasileño Lula da Silva dijo que si no había fumata bianca ya no habría modo de que se estableciera el acuerdo durante su presidencia, que se pone en juego en octubre de este año. Sucede que entre el 20-D y el 3-E «pasaron cosas» que quizás expliquen el cambio.

Una de ellas es la incursión estadounidense y el secuestro de Nicolás Maduro en Venezuela, y la otra la amenaza de Donald Trump de apropiarse de Groenlandia a como dé lugar, o sea: «Por las buenas o por las malas». Los europeos percibieron que se les estaba escapando el último tren para meterse en un continente («hemisferio» lo llaman por allá) que según la Casa Blanca es «nuestro, nuestro», y actuaron el consecuencia. 

Para los libros de historia quedarán las movidas de los Gobiernos regionales ante el operativo estadounidense del 3 de enero y, sobre todo, el papel que jugó en ese momento el Gobierno argentino. Que de tan obsecuente, aceleró de más y se fue al pasto en la primera curva.

Esto es, se adelantó a pedir que, decapitado el Ejecutivo, le entreguen el mando al exiliado Edmundo González Urrutia, supuesto ganador de las elecciones de julio pasado, con un reconocimiento especial para «el liderazgo» de la Nobel de la Paz, María Corina Machado. 

Grave error de cálculo propio de una gestión que en política exterior solo busca la complacencia con lo que supone serán las apetencias de Washington, y para la que el ninguneo de Trump a ambos personajes fue un cachetazo tan duro como el que recibió la oposición venezolana, que había aplaudido la intervención militar a manos rojas.

El plan para las relaciones con el mundo de Javier Milei fue explicitado, mal que les pese a sus críticos, en reiteradas ocasiones y por esta vez el acuerdo Mercosur-UE lo obliga a respetar el lugar que el país ocupa en el mundo. No ocurrió lo mismo en cuanto a la posición nacional en sendas reuniones de la Celac, la OEA, la ONU donde hubo mayoritarias condenas al operativo estadounidense.

En el organismo regional creado en 1948 a instancias de EE.UU., el representante argentino, Carlos Cherniak, apoyó la intervención militar y condenó las «redes narcoterroristas apoyadas por los usurpadores del poder que han constituido amenazas concretas para la seguridad del hemisferio». En Naciones Unidas, el embajador Francisco Tropepi dijo que la Casa Rosada «valora la decisión y la determinación demostradas por el presidente de los EE..UU y por su Gobierno en las recientes acciones adoptadas en Venezuela que derivaron en la captura del dictador Nicolás Maduro, líder del Cartel de los Soles, declarada como organización terrorista por el Gobierno argentino en 2025, mismo año que declaró también organización terrorista al Tren de Aragua».

Otros pasos en falso: el martes la fiscalía que acusa en Nueva York al presidente bolivariano quitó la imputación por «narcoterrorismo» y reconoció que no hay algo como el Cartel de los Soles con el que hizo bandera Trump para justificar sus actuaciones y al que sumisamente adhirió la gestión libertariana argentina.

https://www.infobae.com/america/the-new-york-times/2026/01/06/ee-uu-suaviza-su-acusacion-contra-maduro-y-cuestiona-la-existencia-del-cartel-de-los-soles

De todas maneras, Milei sigue queriendo jugar en las grandes ligas de la ultraderecha internacional. Así, este jueves recibió en la Casa Rosada a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, que es del Partido Popular pero de lo más parecida a un anarcolibertario que se pueda conseguir en ese espacio conservador de España. Se dijo que hablaron de Venezuela, y no es de extrañar: el Gobierno de Pedro Sánchez, del PSOE, tiene sus bemoles en cuanto al país caribeño. No reconoció a Maduro tras los comicios de julio, pero dijo que tampoco lo haría con el surgido de una intervención armada. Al mismo tiempo, el presidente argentino profundiza sus diferencias con el líder brasileño Lula Da Silva. Lo más reciente fue el trascendido que indica que Brasil deja de representar los intereses argentinos en Venezuela tras un posteo de Milei de una foto que reúne a Da Silva con Maduro.

José Luis Rodríguez Zapatero, también socialista y expresidente del Gobierno español, fue mediador entre el chavismo y la oposición venezolana durante mucho tiempo y en diciembre de 2017 dijo que había logrado un principio de acuerdo entre las partes para una salida civilizada que luego la oposición tiró por la borda. No era su propósito calmar las aguas y así les terminó yendo. Ahora el propio Rodríguez Zapatero enfrenta una denuncia de sectores ultras en tribunales madrileños por su presunta colaboración «con la estructura criminal» del chavismo.

Milei, para seguir en ese mismo eje, había adelantado su intención de liderar un espacio regional para combatir «al socialismo». Lo dijo en una entrevista con el comunicador argentino radicado en Estados Unidos, Andrés Oppenheimer, que será difundido este domingo por CNN y del cual trascendió ese tramo. «Parece que nuestra región ha despertado de la pesadilla del Socialismo del siglo XXI. La gente está descubriendo que, en efecto, es una farsa. (…) Ya somos un grupo de diez países que trabajamos juntos», indicó Milei.

Preguntado sobre el carácter formal o informal del grupo, el presidente respondió: «Estamos tratando de crear un bloque donde nuestra propuesta sería abrazar las ideas de libertad y enfrentar el cáncer del socialismo en sus diferentes versiones. Ya sea el Socialismo del siglo XXI, el progresismo o, por supuesto, sus versiones más extremas». Este bloque se estrenó el domingo 4 en un encuentro virtual de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) convocada por el presidente Gustavo Petro, presidente pro-témpore del organismo –del que no forman parte ni EE.UU. ni Canadá– para tratar el ataque a Venezuela. El canciller venezolano, Yván Gil, le pidió a los 33 países que «den un paso al frente porque callar ante esta agresión equivale a avalarlo».

Argentina, Paraguay, Bolivia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Panamá, Perú, República Dominicana y Trinidad y Tobago evitaron una declaración de consenso. Eran 10, uno menos de un tercio. Si Celac se manejara con los criterios de la UE, se hubiera aprobado un documento de rechazo que coincidiría con el que publicaron ese mismo domingo los Gobiernos de Brasil, Chile, Colombia, México, Uruguay y España en el que reafirman su «apego a los principios consagrados en la Carta de las Naciones Unidas» y denuncian que las acciones militares «constituyen un precedente sumamente peligroso para la paz y la seguridad regional y ponen en riesgo a la población civil».

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