Política

Un bono en disputa

Córdoba en huelga. En la capital provincial miles de trabajadores marcharon en reclamo de la reapertura de las paritarias. (Télam)

 

La escena podría describirse como un minué interminable. La CGT y el gobierno no logran concretar un acuerdo, pese a firmar un documento que lo avalaría, que no solo muestra dificultades para ejecutarse, sino que también es difícil de explicar. La expectativa de millones de trabajadores acerca de una reapertura de paritarias que permita discutir el impacto de la inflación en los sueldos o el pago de una suma que compense lo perdido no será satisfecho ya que, por ahora, solo habría un bono de importe incierto –se establece 2.000 pesos como valor de referencia– y sujeto a negociaciones por sector, al menos así lo explican funcionarios gubernamentales y representantes del sector patronal. Los empresarios no solo dicen que el pago del bono está por verse, y algunos hasta anticiparon que podría pagarse en cuotas, sino que también alertan sobre las dificultades para hacer frente al próximo aguinaldo. El presidente Macri, en tanto, volvió a reclamarle al sector empresario un mayor compromiso con su proyecto. Fue en un encuentro del Consejo Interamericano de Comercio y Producción en el que pidió apoyar su pelea contra el populismo y reclamó a los patrones que «se rompan al traste» para «sacar el país adelante».
Con todo, por ahora, parece alejarse la posibilidad de un paro general que, si bien fue decidido en una reunión del comité central confederal de la CGT, nunca entusiasmó demasiado al triunvirato que conduce la central obrera, que ahora debe hacer malabares discursivos para intentar justificar el acuerdo suscripto con el gobierno.
La situación generó ruidos internos en el ámbito gremial. El más sonoro llegó desde Córdoba, donde la CGT local protagonizó una huelga contundente, justo en la provincia donde Macri logró su mayor caudal de votos y que resultó clave para ganar el balotaje hace un año. La central gremial cordobesa fue la regional que más rechazo mostró a los acuerdos que habían establecido los popes de la CGT unificada con el Ministerio de Trabajo. El descontento en Córdoba y otras provincias no se explica solo por la baja en el poder adquisitivo de los salarios, sino también por la pérdida de empleos y las suspensiones recurrentes en territorios donde hace un año la situación no era cómoda, pero tampoco era un desastre.
Las últimas cifras de empleo no son alentadoras: solo en setiembre hubo 1.554 despidos y 3.532 suspensiones, según cifras del Centro de Economía Política Argentina (CEPA). El 85% corresponde a las industrias textil, alimentaria, petrolera y automotriz. A lo largo del año esa entidad registró 213.166 despidos y suspensiones, el mayor número desde la crisis de 2001. En este marco, la solución del bono, que en los papeles serviría para calmar a quienes reclaman la reapertura de las paritarias, se convirtió en un motivo de mayor disputa. Es que los gremios más combativos apostaban, luego de la masiva marcha del 29 de abril, a una huelga general acaudillada por la CGT para frenar la ola de despidos. Luego de haber bajado el nivel de la protesta y negociar con el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, el triunvirato cegetista quedó entrampado en un laberinto que lo deja un tanto descolocado. Por eso, tanto Héctor Daer como Juan Carlos Schmidt decidieron mostrar un poco los dientes. «Los empresarios tienen que abrir la billetera y cumplir con lo que se ha pactado», dijo Schmidt. «Nosotros no aceptamos que se pague el bono en cuotas, eso nunca se discutió en la reunión de la Mesa del Diálogo», señaló Daer, tras reconocer que los trabajadores están peor que hace un año.

Mesa redonda. Espacio de diálogo tripartito convocado por el Poder Ejecutivo. (Presidencia)

 

Las dos CTA, en tanto, lanzaron una marcha de protesta para el 4 de noviembre. Las conversaciones para profundizar un paro entre las dos centrales y algunos gremios díscolos de la CGT naufragaron por el rechazo del bancario Sergio Palazzo y del camionero Pablo Moyano. Las CTA enfrentan una situación complicada, ya que representan mayoritariamente a trabajadores estatales y a decir verdad no tienen demasiado poder de fuego para encabezar una huelga general, pero esa misma debilidad las empuja ahora hacia la unidad de las corrientes lideradas por Hugo Yasky y Pablo Michelli.

 

¿Hasta cuándo?
Palazzo, en tanto, había programado un paro de su gremio para el 28 de octubre y de alguna manera no quería romper con el triunvirato. El bancario viene intentando gestar una suerte de réplica de lo que durante el menemismo fue el Movimiento de los Trabajadores Argentinos (MTA) que comandó Hugo Moyano contra el proyecto neoliberal que aceptaron «los gordos» de entonces. En ese bloque, denominado Corriente Sindical Federal, confluyen la Federación Gráfica Bonaerense, sectores de judiciales, de televisión, pilotos de líneas aéreas y docentes privados. Reclaman una CGT no complaciente con el gobierno. La justificación de Palazzo para no ir a una huelga general fue que «sin la CGT» esa medida no tiene el peso necesario. A Moyano, según trascendió, lo «bajó» de la protesta su padre, actual presidente del club Independiente.
Otros sectores ligados con los estamentos tradicionales de la CGT como el taxista Omar Viviani y el rural Gerónimo Venegas –este último ultramacrista–, también quedaron relegados de estas decisiones. El Momo Venegas se quejó porque para acordar con la CGT el gobierno pasó por alto su «amistad» y no lo habría consultado. Viviani, que nunca rompió con el kirchnerismo, reclamó a la dirigencia cegetista «reflexionar a conciencia sobre cuál es el mejor camino para adoptar» en un escenario que deja a la dirigencia «vapuleada de forma constante por la ausencia de rumbo».
Sigue siendo cierto que una huelga sin la CGT, como sostiene Palazzo, es menos efectiva. La pregunta, ante el deterioro de la situación económica y social, es hasta cuándo podrán los popes de la central contener la protesta.