Política | JUAN SCHIARETTI

Ventajas del pragmatismo

El gobernador cordobés apuesta a relanzar su frustrado sueño presidencial desde una «tercera vía», secundado, entre otros, por el salteño Juan Manuel Urtubey.

Tercera vía. Mediante un armado heterogéneo, el tres veces gobernador de Córdoba podría intentar la carrera presidencial.

Foto: NA

Córdoba es una provincia que se caracteriza por haber sido escenario de acontecimientos contradictorios. Cuna de la Reforma Universitaria en 1918 y del Cordobazo 51 años después, se ha convertido hoy en la niña mimada de la derecha en todas sus expresiones. El gobernador Juan Schiaretti apuesta al aprovechamiento de esa condición para plantear su propia candidatura presidencial con la mira puesta en relanzar un sueño varias veces frustrado, la denominada «ancha avenida del medio» o, más académicamente, tercera vía.
Para esta epopeya que se propone «terminar con la grieta» estableció estrechos contactos con quienes supone que acudirán en su apoyo: sus excompañeros de Alternativa Federal –excluyendo por supuesto a Sergio Massa, pero no a Roberto Lavagna– y sobre todo insiste en cortejar a Facundo Manes, a quien se le está complicando la interna radical y podría encarar otros rumbos. También confía en la adhesión de la ubicua Margarita Stolbitzer y Emilio Monzó, quien coquetea con distintos espacios. Todo indica que el exgobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, ha decidido acompañarlo en la aventura, pero el problema surgirá muy probablemente a la hora de determinar quién encabezará la fórmula tercerista, a la que no se le augura un brillante desempeño.
Hay otros dos mandatarios provinciales que se han mostrado remisos a acatar las disposiciones del Gobierno nacional a los cuales Schiaretti pretende seducir: el santafesino Omar Perotti, que representa solo a un sector del peronismo de esa provincia y ha perdido influencia, y el sanjuanino Sergio Uñac, que cuenta con el apoyo de tres de los cuatro diputados nacionales y la evidente animadversión del exgobernador José Luis Gioja. Además, para sorpresa de algunos, Alberto Rodríguez Saá, mandatario de San Luis, visitó a su par cordobés y generó expectativas de acercamiento.
El escollo más serio que enfrenta Schiaretti es que el radicalismo, poseedor de una aceitada estructura en la provincia e integrante de Juntos por el Cambio podría disputarle con éxito su distrito. Sin embargo, la resistencia de los intendentes radicales a ir tras el controvertido Luis Juez, como propone la mayoría de JxC, podría reforzar las pretensiones locales del cordobesismo.

Por diferentes caminos
Schiaretti, hijo de un empleado ferroviario militante del peronismo, ingresó a los 11 años de edad en el Liceo Militar General Paz, del cual egresó con medalla de oro al mejor promedio académico de su promoción y el título de Subteniente de Reserva. Posteriormente cursó estudios superiores en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Córdoba, donde se recibió de contador a los 21 años.
Por entonces comenzó a militar en el Peronismo de Base –que sostenía una posición independiente de la conducción partidaria– y fue uno de los dirigentes universitarios del Cordobazo. Tras la elección como gobernador de Ricardo Obregón Cano fue designado en 1974 miembro del personal técnico de la Dirección de Comercio e Industria de Córdoba.
Extraña paradoja: quien años después fuera paladín del cordobesismo y estrecho compañero suyo, José Manuel de la Sota, tuvo activa participación en el Navarrazo, golpe de Estado promovido por la derecha peronista con el apoyo de su líder histórico. Así, en 1975 fue nombrado secretario de Gobierno de la Municipalidad por el intendente José Domingo Coronel.
En esos tiempos Córdoba tenía un interventor, el brigadier Raúl Lacabanne, de reconocida prosapia fascista, que había sido enviado por Isabel Perón para acabar con la «subversión». Sindicatos como SMATA, Luz y Fuerza y UTA fueron saqueados y sus principales dirigentes detenidos. Al respecto, una declaración de la testigo Patricia Trigueros en el cuarto juicio por crímenes de lesa humanidad en Córdoba que se desarrolló en 2012 lo involucra como comando civil de la derecha peronista durante el Navarrazo. Por su parte, el abogado Claudio Orosz, querellante en ese juicio, rememoró la marcha para repudiar el golpe de Estado en Chile del 11 de septiembre de 1973, de la que participó, y aseguró que De la Sota estaba en la puerta de la Facultad de Ciencias Exactas, munido de cadenas para impedirla y representando a la JPRA de López Rega.
El caso es que, casi simultáneamente, Schiaretti, amenazado por la Triple A, debió huir raudamente de su provincia y se trasladó con su familia a Neuquén, hasta que en 1976 la dictadura lo obligó a exiliarse en Brasil. En 1984, ya de regreso al país, fue contratado como gerente financiero del grupo Astori, se relacionó con el lobby neoliberal Fundación Mediterránea y en 1987 apoyó la postulación de Domingo Cavallo como extrapartidario en la lista de diputados nacionales del Frente Justicialista de la Renovación.
Durante el menemismo y con Cavallo como canciller fue subsecretario de Integración Latinoamericana y en 1991 se lo nombró secretario de Industria y Comercio de la Nación, dependiente del Ministerio de Economía.
Curiosamente, derrotó a De la Sota en las internas para las legislativas de 1993 y se consagró diputado nacional, pero en 1998 perdió las internas para la intendencia de Córdoba y resolvió aliarse con su rival, una relación política que se tornó indestructible y dio lugar a un conglomerado variopinto de partidos denominado Unión por Córdoba. Tras desempeñar diversos cargos en el Gobierno de su aliado lo acompañó como vicegobernador hasta 2007. Después fue gobernador por tres períodos, el último de los cuales continúa vigente.
Una trayectoria ecléctica y pragmática que pretende capitalizar en octubre de 2023.


Daniel Vilá

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