Señales

La lucha por los ideales

«Esta es la fatiga de la muerte», dijo. Eran las tres de la tarde del 17 de agosto de 1850 cuando el Libertador pidió que lo llevaran a su cama. Allí tuvo sus últimos recuerdos, los de una vida inmensa e intensa, que pasaban rápido detrás de la oscuridad amarillenta de su ciega mirada: los hombres y mujeres, los lugares, las batallas, la gloria, las calumnias, el destierro… la cordillera y sus altas cumbres.
En estas épocas que nos asolan con calumnias y denuncias sobre todo hombre o idea con carácter popular y sentido nuestroamericano, es preciso rescatar la figura, la decisión y el pensamiento de Don José, el general y el estadista, más allá del bronce, para traerlo como ejemplo de construcción emancipadora, frente al lacayismo que se extiende en el país y el continente.
Recordar que San Martin fue calumniado, perseguido, ninguneado y exiliado, que su aguda mirada crítica fue silenciada, sus opiniones tergiversadas o en casos acalladas; y que su visión del ejército y de la política, el rol social y a la vez emancipador del militar, fue censurado.
Y quienes encararon ese desprecio político eran los apellidos «ilustres» que conformarían la oligarquía nativa.
En estos tiempos resulta muy necesario rescatar el ideario y la épica sanmartiniana, una guía insustituible para el destino de nuestro pueblo, así como una corriente liberadora con idea de que otra América Latina es posible, banderas que enarbolaron Martí y Bolívar.
Para empezar a rescatar esta épica habrá que explicar pacientemente la historia con un sentido dialéctico, comenzando por aclarar que los grandes luchadores por la emancipación y la independencia, con San Martin como claro ejemplo, no sentían «angustia» por lo que encarnaban, sino el inmenso placer que logra quien está en la cúspide de la lucha por sus ideales.