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Ante la crisis, lo esotérico

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Facundo Báñez

Las dificultades económicas golpean los bolsillos y multiplican las consultas a tarotistas, videntes y adivinos. Entre la incertidumbre y el temor al futuro, crece la búsqueda de soluciones mágicas.

Destino. Una tirada de cartas, que puede durar una hora y extenderse hasta dos, se cobra desde los 15.000 a los 30.000 pesos.

Foto: Shutterstock

Las cartas del tarot no mienten: lo que tiempo atrás eran consultas por razones de salud, confirmar sospechas de infidelidad o saber si el ser amado volvería, en el último año los pedidos que más reciben los arcanos de la adivinación apuntan al mismo lado: el económico.

«La mayoría son mujeres que antes preguntaban por su familia o por el amor y ahora quieren averiguar por su economía o por su futuro laboral», dice Sandra, que tira las cartas desde hace 20 años bajo el nombre de Reina Tarot. Y agrega un dato que amplifica el cuadro de situación: «Además de haber cambiado lo que se pregunta, a partir de la crisis disminuyó mucho el número de consultas. Pasa eso: baja la demanda y se quiere saber por temas de dinero».

Lo que revela la tarotista puede hilarse con la experiencia del «brujo» Ariel Romero, un vidente cuyas principales tareas en el plano esotérico, aclara, apuntan al área laboral y económica. En su caso, la mayoría de los pedidos se relaciona con la búsqueda de un determinado trabajo. «Para eso hay rituales en los que necesito ciertos datos: nombre, foto y fecha de la persona que lo pide, y también el nombre y una foto del lugar al que desea entrar», dice Romero.

Una tirada de cartas, que puede durar una hora y extenderse hasta dos, se cobra desde los 15.000 a los 30.000 pesos, según cada caso. Un costo similar tienen los rituales. En promedio, la consulta para destrabar problemas de plata ronda los 20.000 pesos y pocas veces es cara a cara. «Hay una mirada menos prejuiciosa que ayuda a que la gente se anime a preguntar más», opina Romero, quien, al igual que el resto de sus colegas, encontró en la virtualidad –y en la necesidad creciente de buscar soluciones a las angustias económicas– un territorio ideal para ampliar y diversificar la oferta de sus servicios.


Modo influencer
Así como los amarres y la pregunta sentimental perdieron terreno ante las problemáticas surgidas de la crisis, lo virtual abrió un camino nuevo en el mundo esotérico. Si hasta antes de la pandemia los encuentros para conectarse con espíritus y energías eran a puertas cerradas y bajo una supersticiosa intimidad, un acto reservado al consultorio y el cara a cara, las redes hicieron que videntes y tarotistas no solo ofrezcan allí sus servicios, sino que, en modo influencer, encuentren seguidores, reconocimiento y hasta la posibilidad de monetizar sus consejos. Lo que antes, como dice el vidente, era motivo de prejuicio, hoy genera «likes», preguntas virtuales y audiencias fieles.

En el canal de Youtube «Estrella Star Rituales», por ejemplo, una tarotista argentina sube sus consejos y lecturas para más de un millón de suscriptores. En uno de sus últimos videos, revela en 3 minutos y 46 segundos la receta para, con un vaso de agua, tres monedas, unas cucharaditas de azúcar, clavos de olor y una pizca de canela, «tener más platita y solucionar los problemas financieros». En pocos meses, el ritual fue visto y comentado por miles de usuarios que se multiplican al ritmo de una crédula y creciente necesidad.

«Después de la pandemia empecé a trabajar online y así sigo –dice Sandra, alias Reina Tarot, desde su casa de La Plata–: eso me permite atender personas de otras ciudades del país y del extranjero. Con los vivos que hice en Facebook tuve bastante repercusión en Latinoamérica y, a partir de ahí, abrí un canal de Youtube donde suelo subir mis contenidos».

Aunque ella ya no la use, TikTok es otra de las redes que se convirtió en tierra fértil para expresiones como el tarot, las recetas mágicas y las limpiezas energéticas que se vuelven virales. Y no todo allí es monetización: son varios los videntes y astrólogos que utilizan esa red solo para ganar visibilidad.

El abanico esotérico es amplio y generoso: además del tarot o los trabajos de un vidente, entre las posibles vías de solución a los males del bolsillo aparecen también las velas, el ritual del laurel o el baño de sal para limpiarnos de aquello que impide la buena fortuna. O incluso la ceremonia del arroz, cuya práctica surgida del Feng Shui promete atraer dinero y bienestar económico. Puede ser el rito o el culto que sea, pero en todos, crea uno en lo que crea, la fe estará puesta en aquello a lo que muchos llaman energía.


Entidad
En la Encuesta Nacional sobre Creencias y Actitudes Religiosas en Argentina que elaboró el Conicet, de hecho, se explora el universo de quienes no practican ninguna religión y se revela que, entre ellos, la creencia elegida en primer lugar es la energía, una entidad en la que deposita su fe el 71,6% de los consultados.

Sin la rigurosidad científica de ese trabajo, lo que dicen los números del Conicet bien lo puede confirmar en su atención diaria Carolina Curcio, encargada de la santería Michel –una de las más importantes del AMBA– y donde, según cuenta, en el último año creció «como un boom» la demanda de velas de color verde para atraer dinero –280 pesos cada una– y de los llamados «kit de rituales» para la buena fortuna –3.200 pesos–. También, agrega, la vela con forma de llave –a 900 pesos y utilizada para abrir caminos y destrabar cuestiones económicas– es otro de los productos que la gente más pide por estos días.

«El cambio lo notamos fuerte en los últimos meses –precisa Curcio–. Y no es que las ventas crezcan: cambió la demanda. La gente dejó el sahumerio y los rosarios por la vela de Cayetano o la que se enciende para pedir dinero. Antes, la mayoría venía por cuestiones amorosas, pero eso ya no sucede: pasaron a venderse productos como el kit de rituales o las velas para solucionar problemas de plata».

En la frontera siempre peligrosa con la charlatanería y el oportunismo, son los propios protagonistas quienes admiten que nadan en aguas propicias a la sospecha y el recelo. «No hay que creer todo lo que se ve en TikTok o en las redes –dice Romero–. Algunos piensan que por ver un videíto de quince segundos sobre cómo se hace un amarre ya está capacitado para hacerlo. Y no. No hay que jugar con las energías».

Esotérica o no, desesperada o no, la solución que muchos buscan a sus males económicos puede verse en la consulta repetida a los videntes lo mismo que en los pedidos que oyen quienes venden santos, inciensos y velas para la buena fortuna. Es una esperanza. Un ritual. Una pregunta con miedo a futuro y también la foto de un comercio al que se necesita entrar a trabajar. La fe. Y en esa fe, desesperada o no, esotérica o no, un modo de resistir y de buscarle nuevos horizontes a las penurias del bolsillo.

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