Sociedad | DESIGUALDADES

Cambio climático y género

La crisis ecológica golpea más a las mujeres y a las niñas y agrega presión a las brechas sociales existentes. El ecofeminismo, una respuesta posible.

Foto: Celina Mutti Lovera

La crisis climática global y la desigualdad de género son las dos grandes agendas de este tramo del siglo XXI, marcado por un calentamiento inédito del planeta que viene a sumar presión a la brecha social, económica y de oportunidades entre mujeres y varones. Si bien el cambio climático impacta a todo el planeta, afecta en mayor medida a las franjas de población más vulnerables y con menor acceso a recursos materiales y simbólicos: mujeres y niñas, comunidades rurales y pueblos originarios aparecen, una vez más, al frente de las porciones de población que tienen el sello de la desigualdad marcado.
Según ONU Mujeres, «las mujeres y las niñas sufren los peores efectos del cambio climático, lo que agrava la desigualdad de género existente y plantea amenazas únicas a sus medios de vida, salud y seguridad», dice el documento El cambio climático es una cuestión que afecta a las mujeres.
Para la ingeniera agrónoma Silvia Papuccio Vidal, las mujeres de todas las edades y los colectivos feminizados son los sectores más afectados por el impacto del cambio climático «debido a la división sexual del trabajo y la responsabilidad de los cuidados de las personas y la naturaleza asignados por el patriarcado, y recrudecidos en esta etapa neoextractivista del capitalismo».

Brecha multiplicada
Muchos estudios han sistematizado y mostrado, a través de cifras, la brecha de desigualdad que persiste entre varones y mujeres, sobre todo en contextos de vulnerabilidad y en países con recursos bajos o medios. Según información del World Economic Forum, las mujeres rurales producen el 60% de la comida del hogar, pero raramente son propietarias de la tierra. En zonas de África representan un 75% de la fuerza de trabajo, pero solo poseen un 1% de la tierra. Al día de hoy el 60% de las personas que sufren desnutrición son mujeres y niños. Y son también mujeres la mayoría de los «pobres energéticos», personas que deben destinar una parte importante de su día para buscar madera para quemar y poder cocinar o calefaccionarse, o simplemente agua para beber.
También son mujeres la mayoría de las víctimas de los desastres naturales como inundaciones o sequías extremas, así como serán mayoría de mujeres y niños entre los 50 y 200 millones de refugiados climáticos que existirán desde ahora hasta 2050, según el informe de Oxfam Desarraigados por el cambio climático.
¿Por qué el cambio climático viene a tensionar aún más la desigualdad entre mujeres y hombres? Para Papuccio Vidal, las situaciones de violencia a las que están sometidas las mujeres y diversidades, el incremento en la carga de cuidado, la falta de una vivienda adecuada y de servicios básicos «afectan desproporcionalmente sus capacidades para anticipar, hacer frente y recuperarse del impacto tanto de los desastres como de la pérdida de calidad de vida cotidiana silenciosa que generan las sequías o lluvias cada vez más intensas, la creciente de aguas y temperatura o la destrucción de las cosechas debidas a los cambios que se registran en el clima, especialmente en un contexto generalizado de aumento de la pobreza y de profundización de las desigualdades en el país y la región».

Algo en común
En un planeta que se asoma de forma vertiginosa a una crisis civilizatoria inédita, el feminismo y el ambientalismo crecen con sus puntos de encuentro y sus tensiones, pero con algo en común: el cuestionamiento al orden establecido y la oferta de respuestas para la actual crisis ambiental y de cuidados.
Si bien «ecofeminismo» es un término nacido en los años 70 del siglo pasado, en el último tiempo sus aportes han tenido mayor difusión. La antropóloga Rita Segato lo definía así en el marco de un panel sobre los desafíos del ecofeminismo en Argentina: «Estamos ante una rapiña territorial y una rapiña de los cuerpos que nos dice que la Conquista aún está en curso en buena parte de nuestros territorios. La mujer es sujeto de arraigo, y el arraigo es hoy el mayor enemigo de los monopolios y de los modelos hegemónicos».
En opinión de Papuccio Vidal, Argentina lleva adelante un proceso de transversalización de la perspectiva de género y diversidad en su agenda climática, impulsado desde el Ministerio de Ambiente y el de Mujeres, Géneros y Diversidad y si bien la Ley de Presupuestos Mínimos de Adaptación y Mitigación al Cambio Climático Global «no incluye consideraciones de género, habla acerca de la sensibilización y participación comunitaria en general». Para la académica, el problema «de siempre» es que «los tiempos e iniciativas gubernamentales están desfasados con los tiempos de la naturaleza y el día a día de la gente, además de no contar con presupuestos sustantivos».
Pepuccio Vidal agrega que tanto desde las ONG como desde el activismo «existen propuestas y algún trabajo realizado en la última décadas», como algunas experiencias de la Fundación Gran Chaco, Jóvenes por el Clima y Extinction Rebellion, a lo que hay que sumar «muchas otras en todo el país vinculadas con la producción agroecológica y su potencial de adaptación y mitigación al cambio climático».
¿Cómo empezar a revertir la vulnerabilidad de género ante el cambio climático? «Hay que pensar y actuar desde nuevas perspectivas como los ecofeminismos, el decrecimiento, el postextractivismo, la soberanía alimentaria y el buen vivir», dice la especialista. Se trata de cambiar la matriz productiva y potenciar una corresponsabilidad de varones y mujeres en los trabajos de cuidado. «Como se sostiene desde los ecofeminismos y la economía feminista hay que poner la vida en el centro, y no la economía en el centro del debate y la acción».

Periodismo colaborativo y federal
La agenda ambiental comienza de a poco a permear los grandes medios de comunicación, en la medida que las consecuencias de la crisis ecológica ya son inocultables, como ocurre con las quemas en el Delta o con los sismos que genera el fracking de Vaca Muerta en localidades neuquinas. En ese marco, la publicación de la investigación Territorios y resistencias por parte de la organización Chicas Poderosas Argentina surgió como una respuesta posible a otras formas de hacer periodismo ambiental con perspectiva de género, con el plus de estar basado en una metodología de trabajo colaborativa y federal. Guadalupe Sánchez Granel, la coordinadora general del proyecto, explica que existen muchos estudios que demuestran que las mujeres, así como otras franjas de población vulnerables, son las más afectadas por los desastres climáticos.
«La misión de Chicas Poderosas es poner el foco e intentar dar voz a las comunidades subrepresentadas, que suelen ser mujeres, disidencias sexuales, comunidades indígenas y rurales». Esas comunidades, que ya están en situación de vulnerabilidad social y económica «son las que se ven más afectadas por la crisis climática», dice la periodista.
Respecto al enfoque federal y colaborativo, explica que es la forma de trabajo de Chicas: «Buscamos romper con metodologías tradicionales del periodismo e ir contra lo individual y la primicia a toda costa. Lo más valioso de esta investigación fue la red federal que se armó con periodistas de ocho provincias que nos contaron qué estaba pasando en su lugar».


Jorgelina Hiba