Sociedad

Cooperación originaria

Compartir el alimento era una de las normas de los aborígenes fueguinos. Las prácticas solidarias impregnaban la vida cotidiana de estos pueblos y les permitían aumentar la cohesión social y el bienestar colectivo. Hallazgo de investigadores del Conicet.


Registro. El explorador italiano Giacomo Bove viajó a la isla en 1833 y representó a un grupo yámana compartiendo una ballena varada.

Por primera vez, científicos del CONICET y de la Universidad Nacional de Tierra del Fuego pudieron validar científicamente que las dinámicas de cooperación y solidaridad dentro de los grupos humanos originarios, puntualmente en sociedades cazadoras-recolectoras, en contrapartida al comportamiento competitivo, les permitía aumentar la cohesión social y el bienestar de todos sus integrantes no solo en épocas de crisis alimentarias, sino de manera constante.
Para esto, el arqueólogo e historiador Ivan Briz Godino, quien es además investigador del CONICET en el Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC) y docente del Instituto de Cultura, Sociedad y Estado de la Universidad Nacional de Tierra del Fuego, trabajó junto con su equipo para identificar a nivel de marcadores arqueológicos y simulación social por computación, esas dinámicas de cooperación presentes en la sociedad yámana/yaghán, que habitó los canales e islas de la parte más meridional de Tierra del Fuego (Argentina-Chile).
«Las fuentes etnográficas y etnohistóricas del Canal de Beagle y Tierra del Fuego señalan que hay una reiterada presencia de la existencia de dinámicas cooperativas, sobre todo compartiendo comida, en los pueblos originarios del lugar. El caso que nosotros estudiamos es el de la sociedad yámana o yaghán, y lo que comprobamos es que existen normas sociales muy claras para potenciar la cooperación y esa cooperación no está vinculada solamente con momentos de crisis, sino que es constante», explica Briz Godino en diálogo con Acción.
Compartir el alimento es una de esas normas en la sociedad yaghán: toda aquella persona que tiene un excedente alimentario tiene la obligación social de ponerlo en circulación, utilizando una técnica denominada reciprocidad indirecta, esto quiere decir que se pone en circulación los excedentes sin saber a quién van a llegar, para que lo reciba alguien que en ese momento está pasando una carencia.
Según refiere el historiador, los yaghanes eran un grupo cazador-pescador-recolector, caracterizado por la gestión de los recursos disponibles en el litoral marino, con una movilidad altísima, como todos los grupos cazadores-recolectores. Se alimentaban de mariscos, aves, pescado, lobos marinos y también guanacos. El yaghán también consumía ballenas, pero no las cazaba, sino que comía aquellas que quedaban varadas. Otra de las características es que iban desnudos, haciendo un uso constante del fuego para mantener la temperatura corporal, incluso hacían fuego dentro de las canoas colocando una base de arcilla en ellas.

Simulación social
Para poder comprobar y analizar la existencia de dinámicas de cooperación presentes en la sociedad yaghán se utilizó una simulación social, lo que se conoce como Modelo Basado en Agentes.
«A partir de toda la información etnográfica y etnohistórica que teníamos, creamos un mundo virtual, con agentes, es decir, personas virtuales, a los cuales se les daban opciones para elegir sobre la base de una serie de normas sociales. Buscábamos ver cómo evolucionaba esa sociedad, si terminaba teniendo dinámicas cooperativas o competitivas», señala Briz Godino, quien trabajó en forma conjunta con pares de las universidades de Burgos y Carlos III de Madrid, España, y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de ese país.
Según detalló el investigador, los (por su nombre en inglés) Agent-Based Modelling funcionan a partir de «identificar y determinar los elementos relevantes del sistema de estudio, en este caso fue la cooperación yámana ante el varamiento de una ballena, y cómo interactúan entre sí. Luego los implementan como agentes software en un programa de computación».
«En el mundo yámana, cuando se produce un varamiento de ballena, hay una norma social que implica que la persona que la descubre tiene que hacer señales de humo para provocar una reunión de gente y compartir la ballena, pero no solo eso, sino que también se aprovecha el momento para desplegar redes sociales, de interacción. Lo que se hizo en la modelización fue tratar de ver cómo evolucionaban los agentes, si compartían o no la ballena, qué pasaba con el que no compartía; eso se repitió 10.000 veces, en una computadora normal hacer el cálculo tardaría cinco o seis meses, en un supercomputador eso se hace en muchísimo menos tiempo, pueden ser horas, además se trabaja con muchísimas variables», asegura Briz Godino.
En este caso se usó un supercomputador llamado Altamira que está en la Universidad de Cantabria, España, similar al inaugurado en Argentina, en 2015 por la expresidenta Cristina Fernández llamado Tupac, que tiene una capacidad de cálculo altísima, billones de cálculos por segundo. Una de las características de los ABM es que los agentes no solo tienen la capacidad de tomar decisiones, sino que esas decisiones conforman la memoria de experiencia de los agentes y van conformando conocimiento para su toma de decisiones.
«Se desarrollaron tres experimentos concretos mediante los ABM. El primero fue para corroborar si la información etnográfica, cuando nos hablaban de las dinámicas de cooperación con las ballenas, era verdadera y funcionaba de esa manera. Los agentes en el modelo tienen cierto nivel de libre albedrío, pueden vulnerar las normas sociales, si te atrapan vulnerándolas, hay un castigo. Según las fuentes etnográficas cuando agarraban a alguien que no quería compartir la ballena, en la siguiente reunión, cuando reconocían a esa persona que no había cooperado, no le permitían participar, lo dejaban sin comer, lo expulsaban de la reunión; mientras que las personas que cooperaban mucho tenían mucho prestigio social, eran personas con redes sociales más potentes. Estas dinámicas fueron las que reprodujimos en nuestro modelo», indica el investigador.
El tercer experimento consistió en crear un modelo general para todos los grupos recolectores-cazadores del planeta, usando el caso yámana. «En este último caso, se generaron tres contextos: uno donde hay abundancia de comida brutal, otro de crisis intermedia, es decir, abundancia-crisis-abundancia, y un tercero con crisis de la cual no hay escapatoria posible –relata Briz Godino–. En el caso de abundancia, como ya están bien, no necesitan cambios, la gente que cooperaba sigue haciéndolo y con los que no cooperaban no pasa nada, porque hay comida para todos. En la crisis intermedia, se activa muy potentemente la cooperación, si hay excedente de comida, se pone en circulación para que sea compartido con otras personas para que llegue a quien lo necesita y se espera que en caso de necesidad se reciba el excedente de los otros; y en el tercer caso de crisis profunda, los resultados muestran que la sociedad se vuelve innovadora, busca soluciones, es decir, intenta con la estrategia competitiva para lograr la supervivencia, pero cuando ven que eso no funciona, lo desactivan y vuelven a la cooperación. Lo que surge es la innovación para lograr soluciones colectivas».