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El trasplante de útero se convertirá en una opción para las mujeres que no pueden concebir debido a las anomalías en ese órgano. Científicos argentinos iniciarán pronto un protocolo en ovejas para comenzar, en dos años, la experiencia en humanos.

Pioneros. En Suecia se logró realizar el procedimiento con éxito en nueve mujeres. (Ian Hooton/Science Photo Library)

 

Ya pasaron más de diez años de aquel primer trasplante de rostro, algo que asombró a la comunidad médica y no médica a nivel mundial. Ahora, el trasplante de útero abre una posibilidad enorme para aquellas mujeres que no pueden ser madres precisamente porque tienen afectado ese órgano, ya sea porque nacieron sin él o porque, producto de alguna enfermedad, tuvieron que someterse a una histerectomía. Por el momento, los médicos argentinos, más precisamente en el Hospital Italiano, iniciarán un protocolo de investigación en ovejas para, en poco menos de dos años, comenzar con la experiencia en humanos.
En marzo de este año, un equipo de cirujanos cardiovasculares y médicos especialistas en medicina reproductiva, bajo el comando del especialista sueco Mats Brännström, extirparon el útero de una oveja y lo volvieron a implantar. Brännström fue quien, tras doce años de trabajo en animales, llevó adelante el primer protocolo de investigación en mujeres suecas a las que se les trasplantó un útero sano. Como resultado, de las nueve pacientes trasplantadas cinco pudieron tener niños.
«Esta es una alternativa para las mujeres que no tienen útero bien porque nacieron sin éste, algo que se llama síndrome de Rokitansky, o porque sufrieron alguna enfermedad», señala en diálogo con Acción Sergio Papier, presidente de la Asociación Latinoamericana de Medicina Reproductiva, ALMER.
Según explica Sebastián Gogorza, jefe del Servicio de Ginecología del Hospital Italiano de Buenos Aires, «el trasplante se hace por vía laparotómica, es decir a cielo abierto. Se saca el útero de la donante con todos los vasos para luego ser trasplantados a la paciente receptora. Luego hay que anastomosar los vasos y el órgano a la pelvis femenina en la mujer con la malformación».
Pero para llegar a esto a nivel local todavía falta un tiempo. «Vamos a iniciar un programa experimental en ovejas, y luego un grupo experimental de pacientes. Vamos a seguir los protocolos elaborados por Brännström, con el camino recorrido por ellos. En el segundo semestre se iniciará el protocolo en animales y el año próximo se iniciaría el ensayo clínico en pacientes», refirió Gogorza.

 

Madres e hijas
Una de las ventajas del útero es que no envejece, esto se puede ver en los casos de ovodonaciones. «Si a una mujer de 45 años se le implanta el óvulo de otra de 30 años, tiene la misma tasa de embarazo que la más joven», indica Papier, quien además sostiene que en el caso del trasplante de útero previamente se debe hacer la fecundación in vitro del embrión, que se mantiene congelado. «Tras el trasplante se espera un año aproximadamente para hacer la transferencia de los embriones. Durante el embarazo, además, la paciente debe seguir tomando drogas inmunosupresoras, que son utilizadas para cualquier tipo de trasplantes, aunque en otras dosis, y que han demostrado no tener efectos adversos», sostuvo Papier.
Respecto a las donantes, los especialistas señalan que deben ser mujeres sanas. «Un modelo interesante es la donación de madre a hija. Hay otro, en el que habría que avanzar porque facilitaría las cosas, es el donante cadavérico. Otra de las ventajas es que el útero no es tan autoinmune como otros órganos, no depende tanto de la compatibilidad», explicó Papier.
«La idea es tener el útero en la receptora por un lapso de tiempo, generalmente entre 3 y 5 años, o luego de dos embarazos, para luego proceder a sacarlo y evitar seguir con las drogas inmunosupresoras», indicó Gogorza. Si bien no existen estadísticas, se calcula que una de cada 4.000 mujeres en el mundo podría beneficiarse de esta técnica.

 

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