Sociedad | CHICOS ABUSADOS Y ASESINADOS

El maltrato invisible

El filicidio de Lucio Dupuy expone una problemática que la sociedad prefiere ocultar. Niños, niñas y adolescentes, las víctimas más vulnerables.

Santa Rosa. Pedido de justicia en los tribunales pampeanos por el asesinato de Lucio.

Foto: Télam

En apenas tres meses Lucio Dupuy ingresó cinco veces en centros asistenciales de La Pampa para ser atendido por lesiones sin que ningún profesional observara signos de alarma. La situación fue advertida el 26 de noviembre de 2021, cuando el niño de 5 años falleció en el Hospital Evita de la ciudad de Santa Rosa y ahora, mientras se desarrolla el juicio contra la madre y su pareja, expone «una problemática que la sociedad prefiere ocultar», según define el psicoanalista Jorge Volnovich: el maltrato y abuso contra niños, niñas y adolescentes.
«El maltrato infantojuvenil está invisibilizado y viene detrás del abordaje de las situaciones de violencia de género, cuesta que la sociedad lo identifique como una cuestión en sí misma. Los niños son las víctimas más desprotegidas», afirma Mauro Pinelli, psicólogo, psicoanalista e integrante del Cuerpo Interdisciplinario Forense de reciente creación en la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil.
El juicio que enfrentan Magdalena Espósito Valenti, madre de Lucio, y su pareja, Abigail Páez, comenzó un día después de que la Cámara de Diputados de la Nación aprobara por unanimidad y enviara al Senado un proyecto de ley que establece la capacitación obligatoria para funcionarios públicos en prevención y detección temprana de la violencia contra la niñez y la adolescencia. «La capacitación y la formación continua de los agentes del Estado es una parte –dice Pinelli, que considera imprescindible la norma–. La otra es garantizar las medidas de protección con políticas públicas de protección».
El problema no son leyes sino las prácticas, agrega Volnovich, y pone como ejemplo las resistencias a la implementación de la Educación Sexual Integral: «El programa es obligatorio por ley y no se cumple. En la época de pandemia no existió. Y es la mejor forma de prevenir el abuso sexual, no solo para los pibes y las pibas sino también para los padres».
Otro antecedente es la aplicación de la ley Micaela, que fue promulgada el 10 de enero de 2019 y establece la capacitación en género y violencia de género para las personas que se desempeñan en la función pública. Pinelli valora la experiencia –«a partir de esas instancias pude adquirir conocimientos que antes no tenía»– y considera necesaria la llamada ley Lucio «para que lo fragmentado e invisible entre en el campo de la detección, sea significado como una señal, establezca las alarmas e inicie el abordaje».

Ojos bien cerrados
Si el maltrato de Lucio no fue advertido, los vecinos de Santa Rosa se manifestaron con indignación cuando se produjo su muerte. «Un caso de estas características provoca horror. Sin embargo, todos los días hay situaciones de maltrato que pasan desapercibidas ante las mismas miradas. Habrá que ver si se retorna a esa normalidad que tiende a desmentir el problema o si se inscribe una diferencia», analiza Pinelli.
Psicoanalista de niños y adolescentes y analista institucional, Volnovich observa una «sobrerreacción» significativa. «Cuando la víctima es un niño la comunidad se siente culpable por no haberlo prevenido y sobreactúa –afirma–. En este caso me pareció muy complicado el hecho de que hubo una discriminación de género, porque se señaló que (la madre y su pareja) eran lesbianas».
Volnovich cuestiona el tratamiento mediático de los abusos. «Los medios han sido importantes en la divulgación de situaciones, pero hipervisibilizan el horror. Los espectadores no lo resisten, prefieren olvidar. Hoy la gente no recuerda a otros chicos que también fueron asesinados por sus papás o sus mamás. Los medios han aprendido que la mejor forma de esconder algo es mostrarlo en exceso».
El crimen de Lucio Dupuy constituye «un caso de filicidio», agrega Volnovich. En Argentina, «existe una larga tradición en el tratamiento del filicidio que lamentablemente se perdió y estas situaciones nos recuerdan que la cuestión sigue en pie: se siguen matando a los chicos, sobre todo a los hijos».
El psicoanalista Arnaldo Rascovsky (1907-1995) fue pionero en la problematización del filicidio en los medios de comunicación. Sus afirmaciones sobre la violencia de los padres hacia los hijos y sobre el odio patriarcal a la infancia escandalizaron a un sentido común vigente. «El maltrato infantojuvenil interpela mitos y prejuicios respecto a lo que se considera el rol materno, el rol paterno y la familia. Esas creencias y estereotipos extienden la incredulidad sobre las denuncias», comenta Pinelli.

Muros de silencio
El ámbito familiar es el escenario más frecuente y también la causa del secreto que rodea a los abusos y de las dificultades para visibilizarlo. «Los chicos y las chicas son maltratados por gente de su confianza, de quien dependen, quienes ejercen poder sobre ellos y se muestran hacia afuera como cuidadores», dice Pinelli.
El especialista recuerda el caso de Agustín Marrero, un niño de 5 años asesinado en junio de 2015 por su padrastro en el barrio porteño de Flores, que puso en cuestión al jardín de infantes al que concurría. Un niño no siempre es escuchado cuando denuncia una situación, «porque cuesta pensar en madres que ejercen maltratos, por ejemplo, aunque la mayor parte de los abusos proviene de los varones y de los padres biológicos». El sentido común «redunda en que se descrea de la palabra del niño, que se la atribuya a fantasías o que se busque una segunda fuente, la palabra de un adulto que lo valide». 
Las estadísticas proporcionan un registro aproximado y resulta difícil precisar si el problema se agrava o si el incremento de las denuncias lo revela con mayor nitidez. «A favor de los movimientos de derechos de género, tal vez lo más importante que sucedió en lo que va del siglo XXI, se denuncian cosas que pasaban de largo –destaca Volnovich–. Antes un pibe iba al colegio, le tocaban el culo, le tocaban el pito y se lo tenía que bancar por machito, como exigía el patriarcado sexista. En la medida en que se deconstruye esa idea crecen las denuncias de abusos sexuales contra varoncitos. No solamente del abuso intrafamiliar sino de lo que ocurre en los deportes».
Pinelli y Volnovich integran «el grupo de los nueve», como se llama informalmente un colectivo de psicólogos, abogados y médicos que trabajan en un proyecto de modificación del Código Penal «en función del interés superior del niño, para crear figuras nuevas y derogar otras que garanticen una mejor protección de sus derechos e intereses». Según Volnovich, «no hay menores, hay niños, niñas, adolescentes y la vida y el desarrollo son muy diferentes en cada etapa y eso no está contemplado en el Código Penal».
El crimen de Agustín Marrero provocó espanto y el juicio concluyó en 2017 con la condena a prisión perpetua del homicida. La muerte de Lucio Dupuy enfrenta otra vez a la sociedad con el problema. «El maltrato se detecta por el daño en los niños», advierte Pinelli, y descubre los rostros ocultos de los adultos: «El mundo adulto mórfico, patriarcal, sexista, que siempre ha visto a los niños como una amenaza, como algo que perturba, que molesta», señala Volnovich.


Osvaldo Aguirre

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