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El poder de las olas

La energía producida por la dinámica de los mares, un recurso renovable poco explotado, podría dar alivio al planeta. Los proyectos en nuestro país.

Océanos. Las masas de agua podrían proveer de electricidad al mundo.

Foto: Shutterstock

Las consecuencias ambientales del cambio climático se evidencian a diario y, en ocasiones, de forma devastadora. En este sentido, se hace imperiosa la transformación de la matriz energética actual, basada casi en su totalidad en materiales fósiles, para sustituirla por alternativas renovables que favorezcan la descarbonización, es decir, la reducción de emisiones de dióxido de carbono. Al igual que el sol o el viento, los océanos –que cubren dos tercios de la superficie terrestre– pueden ser una fuente de energía. Con sus mareas, corrientes y olas, el mar representa el último recurso energético natural renovable sin explotar en el planeta.
Según estimaciones y datos de la Ocean Energy Systems y la Agencia Internacional de Energías Renovables, se estima que podrían extraerse de las olas un equivalente a 29.500 TWh (teravatio-hora) al año, lo que supera el consumo mundial de electricidad de 2018. A nivel local, los casi 5.000 kilómetros que comprende el litoral marino argentino son prometedores a la hora de hacer cálculos. Demián García Violini, ingeniero en Automatización y Control, miembro del Centro de Investigaciones Oceánicas y docente e investigador de la Universidad de Quilmes asegura que en las costas del océano Atlántico donde se puede generar una unidad con energía solar, la misma unidad se multiplica por 8 con viento y 50 veces con las olas. «Lo que ocurre es que las olas son energéticamente muy densas, hay una cantidad muy grande de energía disponible en ellas, pero la extracción es altamente desafiante porque los entornos son muy adversos. Hay que sumar la corrosión, y la flora y la fauna implicadas».
Entre los puntos a favor, los especialistas remarcan la importancia del bajo impacto ambiental de estos sistemas en lo que tiene que ver tanto con las emisiones acústicas como con las electromagnéticas. Por el lado de las complejidades en cuanto a los desarrollos, el mayor desafío lo representa la interacción con el propio medio. Sin embargo, el investigador no duda de que vale la pena el esfuerzo para lograr sistemas de aprovechamiento del recurso que sean eficientes, porque «aquel que dé en la tecla va a contribuir significativamente a una nueva matriz de generación sustentable».
El estudio de la energía undimotriz, como se llama a la producida por las olas, es una disciplina que se encuentra en desarrollo activo desde hace años en el mundo, fundamentalmente en el hemisferio norte, con importantes inversiones e impulso de sectores académicos, científicos e industriales. A pesar de estas iniciativas, aún no se ha podido converger en un sistema estándar, como sí ocurrió con la energía del viento, entre otras cuestiones por las dificultades que imponen tanto el mantenimiento de los sistemas como la extracción y el traslado de la energía a la costa y los costos de producción, que la hacen menos competitiva.
En relación con la tecnología de las olas, Argentina está dando los primeros pasos. Si bien en 2009 surgieron en la Universidad Tecnológica Nacional algunos proyectos de investigación, recién desde hace un par de años, el país comenzó a formar parte en la discusión del desarrollo de energías marinas a partir de la creación de Pampa Azul, un organismo interministerial que busca fomentar las economías que se podrían desarrollar en el mar Argentino y en la plataforma continental. Además, a fines del año pasado se creó una red de investigadores de las universidades nacionales de La Plata, Mar del Plata y Quilmes e institutos del CONICET para buscar soluciones a los problemas comunes y tratar de llegar más lejos de lo que los intentos individuales permiten.
Aunque a nivel mundial existen metodologías en funcionamiento, aún están en desarrollo. Hay distintos prototipos de convertidores de energía de olas, cada uno con su enfoque y tecnologías. «Todos están tratando de solucionar estos desafíos, pero se estima que en términos competitivos podría estar en funcionamiento entre 2030 y 2035. Y se espera que para 2050 un quinto de la matriz energética mundial sea generada a través de sistemas oceánicos. Hay un proceso de transición que afrontar y la Argentina ratificó ese compromiso, que implica modelos asociados con las energías limpias», concluye García Violini.


Florencia Vidal