Sociedad | TECNOLOGÍA Y DERECHOS

El secreto de tu Facebook

Una joven estadounidense está acusada de un aborto ilegal gracias a los mensajes entregados a la Justicia por la red social. Corporaciones y privacidad.

California. Manifestación en Santa Mónica por los derechos de las mujeres tras el fallo de la Corte Suprema que limita el acceso al aborto.

Foto: AFP

La Justicia del estado de Nebraska (EE.UU.) pudo determinar que una joven, por entonces de 17 años, había abortado intencionalmente gracias a que Meta entregó los mensajes que había intercambiado con su madre por el sistema de mensajería de Facebook. La situación abre nuevamente el debate sobre hábitos instalados que dejan rastros de nuestra vida privada y que pueden tener consecuencias. El tema no es menor en un país en el que un nuevo fallo de la Corte Suprema, ahora con mayoría conservadora, retrotrajo la situación a la década de 1970 respecto del aborto. 
En este contexto, mujeres en situaciones traumáticas deben cuidarse de los controles que sufren por parte del Estado, pero también de las consecuencias de abrir su vida privada a las empresas.

El caso
La investigación sobre la joven Celeste Burgess y su madre se inició en abril, luego de que ella asegurara haber tenido un aborto espontáneo. Por entonces, aún no se había publicado el fallo de la Suprema Corte que abría la puerta a que cada Estado decidiera cómo regular el aborto. Sin embargo, se inició una investigación debido a que surgieron sospechas de que algo no encajaba con el relato de la joven.
Cuando le preguntaron en qué fecha había ocurrido la pérdida del embarazo, ella, frente a los investigadores, buscó en su celular los mensajes que había intercambiado con su madre a través de Facebook. La Justicia, a fin de obtener más información, decidió emplazar a la empresa para que entregue esos mensajes.
El 7 de junio los investigadores exigieron a Meta, la corporación de la que es parte Facebook, que entregara los datos de la «sospechosa» y entre los 250 MB de información que recibieron encontraron un intercambio de mensajes con su madre indicando que dos días antes del aborto ella había recibido «píldoras» y que se preguntaban qué hacer con las «evidencias». 
La joven terminó acusada de ocultar la muerte del feto –en un primer momento, había declarado que se había tratado de un aborto espontáneo–. Luego del cambio en la legislación acerca del aborto, las nuevas evidencias sumaron a las acusaciones la de haber abortado ilegalmente. Madre e hija se declararon inocentes.

Disciplinamiento
Más allá de los dolorosos detalles de esta historia con final aún abierto y de que el caso servirá, seguramente, para disciplinar a personas gestantes, se reabre la polémica acerca del poder de la información que se acumula en los servidores de las grandes corporaciones tecnológicas. La polémica alcanzó su punto máximo gracias a las filtraciones de Edward Snowden en 2013, que demostraron una vinculación estrecha entre los sistemas de inteligencia y las corporaciones.
Por eso a fines de junio, apenas conocido el nuevo fallo de la Suprema Corte, organizaciones que buscan proteger la privacidad ciudadana pidieron a las empresas que expliquen cuál sería su política si la Justicia les solicitaba acceso a información privada de los usuarios para estos casos, pero obtuvieron pocas respuestas.
En junio, Meta aclaró que si los pedidos estaban fundamentados entregarían la información que se les solicitase: eso es lo que ocurrió. Al conocerse este caso en particular, la empresa argumentó que el pedido original había sido por el tratamiento del feto y no por el aborto, que por entonces no era penalizado en Estados Unidos.
Si bien el caso tiene su complejidad y admite otras lecturas, puso nuevamente en el centro del debate el excesivo poder que tienen estas corporaciones por el solo hecho de acumular datos de sus usuarios. Si bien desde estas empresas argumentan que solo los usan para vender productos, los casos de Cambridge Analytica, las filtraciones constantes, su rol en la viralización de noticias falsas o los pedidos judiciales dejan en claro que tanto poder acumulado les explota una y otra vez en las manos. En estados como Nebraska, en el que se prohíbe el aborto a partir de la semana 20, información que se considera privada puede resultar muy peligrosa con solo escribirla en un sistema de mensajería supuestamente seguro. Las apps que sirven para llevar un control sobre el período menstrual se encuentran también en el ojo de la tormenta. Pero incluso, herramientas muy habituales como la geolocalización permiten saber quiénes visitaron una clínica donde se practican abortos.
El confort de tener todo a mano, de hacer un click y resolver algo nubla la evidencia de que ser transparentes tiene sus costos. Mensajes o fotos que se comparten sin demasiada reflexión (¡todo el mundo lo hace!) pueden tener consecuencias en el futuro y nos exponen frente al mercado, la Justicia, delincuentes o algoritmos que manipulan nuestras decisiones. Este caso es extremo, pero sin duda no será el último.


Esteban Magnani