Sociedad

Enemigos íntimos

¿De quién es la responsabilidad cuando un animal doméstico ataca a una persona hasta matarla? ¿Cuáles son las causas de estas reacciones? La reiteración de episodios similares habla del modo en que los seres humanos se relacionan con sus mascotas.

Dóberman. En Buenos Aires los animales de esta raza deben ser registrados. (Latinstock)

En junio del año pasado una nena de 6 años murió después de ser atacada por el perro pitbull de la familia, en Caseros. En agosto, un animal de la misma raza mordió a una mujer cuando caminaba por la ciudad pampeana de Victorica «y le arrancó la pierna», según la información periodística. Una beba de dos años murió en Rosario como consecuencia de las heridas que le produjo la agresión de un rottweiler. El mejor amigo del hombre pareció convertirse en su peor enemigo, ante la reiteración de los episodios, pero la explicación del fenómeno es más compleja, y no parece resolverse con lugares comunes.
La Ley 4.078, sancionada en la Ciudad de Buenos Aires en diciembre de 2011, establece la obligatoriedad de registrar a los perros considerados «potencialmente peligrosos», con el fin de «preservar la vida y la integridad física de las personas y demás animales». La norma enumera 17 razas de riesgo, entre ellas algunas muy conocidas, como el ovejero alemán, el rottweiler, el dóberman, el dogo argentino y el pitbull terrier.
Para el veterinario Hernán Naccarato, especialista en etología canina y felina, reducir el foco al animal significa desconocer la naturaleza del problema. «La preocupación es correcta, pero alcanza exclusivamente al último eslabón de la cadena, el perro, y además catalogando a determinadas razas como potencialmente peligrosas, como si no hubiera rottweilers sociales e inofensivos, o como si perros de otras razas no pudieran lastimar a las personas», dice.
«Cuando abordamos un caso no abordamos al perro, sino a un sistema que se compone de tres elementos principales, el perro, el ambiente en que vive y el dueño –destaca Naccarato–. La agresividad es sobre todo ambiental. El perro puede tener un componente hereditario, pero no nace agresivo. Las principales causas de los problemas de comportamiento son los malos manejos en la etapa temprana, sobre todo en la edad de cachorro, y algunos manejos irresponsables en la edad adulta».

Etapas decisivas
En abril de 2016, un tribunal de La Plata impuso ocho años de prisión al criador de un pitbull que mató a un niño de 8 años en la localidad de Alejandro Korn. El hombre fue condenado en fallo dividido bajo la figura de homicidio por dolo eventual, en alusión a la peligrosidad del perro. Los jueces evaluaron que no hizo caso de advertencias previas de sus vecinos y que el ataque fue el resultado «de una situación de peligro consciente» y de larga data, pero uno de los integrantes del tribunal opinó a la vez que los perros de esa raza eran comunes en el barrio, y generaban vínculos de confianza entre los vecinos.
Las observaciones del tribunal podrían abonar los argumentos de quienes sostienen que el problema no son las razas sino los individuos, y sobre todo que el ataque de un perro ocurre en un contexto donde gravitan las condiciones en que vive y su crianza. «En algunos criaderos se separa muy tempranamente a la perra de los cachorros, lo que provoca un manejo incorrecto del destete –dice Naccarato, docente y asesor de la Secretaría de Extensión de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UBA–. Entre los 45 y los 60 días de vida, cuando el cachorro empieza a utilizar la boca, la madre le enseña a inhibir la mordida. En esa etapa el cachorro aprende a morder con una fuerza moderada para todo lo que sea juego e interacciones no agresivas».
Otra etapa decisiva transcurre entre las tres semanas y los cuatro meses. «El cachorro pasa entonces por un período de sociabilización donde aprende a tomar como habituales los estímulos con los cuales se va a contactar el resto de su vida –señala el especialista–. Un ambiente empobrecido a esa edad hace que después genere miedos excesivos o falta de costumbre a determinados estímulos». Naccarato puntualiza que «hay una gran responsabilidad de la comunidad veterinaria» en la cuestión, porque «al no tener una buena capacitación en comportamiento, los veterinarios sometían a los cachorros a aislamientos excesivos durante la etapa de vacunación, lo que generaba estos problemas».

Juicio. Familiares del niño muerto por un pitbull en la localidad de Alejandro Korn. (Télam)

Marisol Rey dirige una escuela de adiestramiento canino que privilegia la definición del perro como un integrante de la familia. «Si bien todavía hay quienes piden entrenamiento en ataque, por suerte la mayoría comparte nuestra visión. El perro está expuesto a los mismos riesgos que los seres humanos y no debe ser considerado como medida de seguridad. Hay otros recursos más eficientes al respecto», afirma.
En las agresiones, puntualiza Rey, se trata de observar «el aprendizaje previo y los eventos sensibilizantes previos. No es una cuestión de razas, si bien los dueños de los perros de mayor tamaño o de mayor fuerza en la mandíbula deben tomar recaudos adicionales. Pero todos deberían educar a sus perros», dice Rey. Su escuela ofrece además cursos para adiestradores a partir de la idea de que la formación es un proceso continuo.
A la vez, agrega la directora, «la vida del perro es una educación continua, que es necesario programar con rutinas en cuanto a los momentos de las salidas, de comer, el lugar donde duerme, las reglas de la casa, cuáles son los espacios de socialización en que se encuentra, con quién y cómo. Hay muchas cosas para planificar y se debe consultar al veterinario ante las primeras señales de alarma con respecto al comportamiento». Una relación sana tiene sus requisitos: «El dueño debe tener su vida habitual y a la vez el perro necesita satisfacer los instintos que hacen a una vida saludable: poder explorar y salir a la calle, tener una relación con otros animales, hacer ejercicio físico adecuado».
En ese sentido, Naccarato cuestiona la humanización de las mascotas. «No me refiero a que el perro no reciba afecto –porque es un animal social y lo necesita–, sino a pasar por alto determinadas necesidades de su especie –explica–: no permitir que interactúe con otros perros, no pasearlo lo suficiente, no brindarle algunas actividades que sustituyan motivaciones básicas. Por ejemplo, el perro es un animal predador y entonces necesita juegos donde descargarse».

Las respuestas
La ley de la Ciudad de Buenos Aires determina algunos requisitos de la tenencia responsable de perros: usar collar con identificación, bozal y correa; no abandonar a los animales en la calle y garantizar que no se escapen o deambulen sin vigilancia.
La agresión de un perro puede ser un síntoma no solo de su comportamiento, sino de la actitud de su dueño. «Hay personas que son poco claras en la relación con sus mascotas –dice Naccarato–, por ejemplo castigan determinadas conductas del perro en ciertos momentos y en otros las toleran, y entonces el perro no entiende la sanción, o que son demasiado permisivas y tratan al perro como si fuera un ser humano. También puede tratarse de escasa compatibilidad de temperamentos entre el dueño y el perro, producto de la falta de asesoramiento en la adquisición del perro, y cosas más graves, como gente que no se hace ningún cargo de sus perros y por negligencia termina generando graves problemas».
Una vieja enseñanza del periodismo dice que la noticia no consiste en que un perro muerda a un hombre sino, al contrario, en que un hombre muerda a un perro. La anécdota alude a la necesidad de capturar el interés del lector a través del suceso extraordinario y sorprendente. El hecho de que la prensa informe sobre los ataques de mascotas, sin embargo, supone registrar un incidente común en la vida cotidiana. La cuestión es que la historia de vida y el entorno del animal suelen desdibujarse en las crónicas, y el relato se reduce a la acción del perro. «Como en todo problema veterinario –concluye Naccarato– la medicina preventiva es la mejor respuesta: actuar mediante la educación, la legislación para controlar criaderos y refugios y para tener mayores obligaciones en la tenencia responsable de animales».