16 de enero de 2026
Tareferos que migran, chacras que se venden y yerba sin control sanitario: las políticas del Gobierno nacional golpean a pequeños productores y cooperativas de una de las principales economías regionales.

De sol a sol. Para cosechar una tonelada de hoja verde los tareferos trabajan dos días por 40.000 pesos.
Foto: Getty Images
El cultivo de la yerba mate en el noroeste argentino (un 90% en la provincia de Misiones y el resto en su limítrofe, Corrientes) constituye una de las principales economías regionales en una Argentina donde el mate se consume en más del 90% de los hogares, de acuerdo con los datos aportados por el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM). Un Instituto creado en 2002 producto de la crisis económica del país que afectó a pequeños productores quienes, en caravana y con sus tractores, marchaban por entonces hacia el centro de Posadas, donde permanecieron en la plaza principal por casi dos meses.
En esa tierra colorada, son 15.000 pequeños y medianos productores, junto con tareferos y toda la cadena de producción yerbatera, quienes padecen dificultades con consecuencias terminales derivadas de las múltiples desregulaciones aplicadas por el Gobierno nacional que desmanteló, justamente, las funciones del INYM.
Precios bajos y alerta
En este contexto, y con un retraso de dos años, mientras el presidente Javier Milei continúa quitando potestades al Instituto, acaba de designar al contador libertario Rodrigo Correa como nuevo presidente de la institución. Para Salvador Torres, presidente de la Cooperativa Agrícola Río Paraná de Oberá y consejero de la Federación de Cooperativas Federadas (Fecofe), la designación de Correa no beneficiará a los trabajadores: «Creo que es lo que hace el Gobierno en la mayoría de los organismos públicos –dice–: designa a un presidente para terminar de desguazar al Instituto». En sintonía con su opinión, Elena Fleitas, pequeña productora de la ciudad de Apóstoles, suma otro dato: «La puesta de Correa no es para devolverle las facultades al INYM, para ir marcha atrás contra el decreto 812, sino para darle una legitimidad al INYM para que las industrias puedan afianzar su exportación».
El decreto 812, de noviembre de 2025, volvió a profundizar los recortes al INYM que comenzaron en 2023 con la asunción del Gobierno libertario. Es que el pequeño productor, hasta aquel momento, recibía por kilo de hoja verde 400 pesos. Hoy, en promedio, solo 200 pesos. Elena Fleitas relata ejemplos concretos: «En zona Norte están pagando 120, 190, 180; en Apóstoles se llegó a pagar 270, 280. Pagan con cheques a 60, 90 y 120 días. En Montecarlo, Eldorado y Andresito a mucha gente le dieron cheques que no se cubrieron y perdieron su venta».
Una prueba más de esta situación crítica se reveló hace pocos días cuando la Cooperativa Yerbatera Andresito Ltda. anunció públicamente que, debido a una posición financiera compleja, no podría realizar pagos hasta nuevo aviso.
Son las empresas yerbateras más poderosas, como Las Marías, Liebig y Santa Ana, las que, al acaparar casi el 80% del mercado de consumo e imponer, consecuentemente, precios bajos para los productores, las que vulneran al pequeño productor y a las cooperativas.
Los secaderos, poco más de 200, son los segundos eslabones de la cadena y argumentan que no pueden pagar el precio que pide el pequeño productor. Elena Fleitas bien lo sabe: «Los secaderos dicen que no te pueden pagar el kilo de hoja verde a 370 pesos, aunque hoy debería estar como a 600, porque no hay venta y hay mucha oferta de hoja verde, y con ese cuento nos van llevando, y en realidad en góndola el paquete de yerba sigue subiendo y tiene un buen precio».
Según indica el YNYM, el costo para producir un kilogramo de hoja de yerba para entregar al secadero asciende a $411,46. La hoja de yerba mate ya canchada y seca se guarda en bolsas para su estacionamiento durante nueve meses. Una vez estacionada vuelve a molerse, esta vez de manera más fina para, finalmente, ser envasada. Ese envase de kilo en noviembre 2023 costaba $2.138; en el mismo mes de 2025, en promedio cuesta $4.713; al pequeño productor le queda solo el 5% del precio en góndola.

Planta. Envasado de yerba en la Cooperativa Agrícola Mixta de Montecarlo, que agrupa a pequeños productores.
Foto: NA
Migrar y vender
Para cosechar una tonelada de hoja verde los tareferos trabajan, mínimamente, dos días por 40.000 pesos, pero el trabajo escasea y la debacle los obliga a transitar otros caminos. Ana Cubilla es secretaria general del Sindicato Único de Obreros Rurales (SUOR) y tiene clara esa situación: «La destrucción desde que asumió Milei, todo desregulado y con una apertura de importación a mansalva, recae sobre cientos de miles de trabajadores, y a los tareferos en particular, porque la cosecha de yerba mate es muy artesanal. Estos trabajadores tienen un salario muy bajo y migran a Brasil con sus familias a cosechar durazno, cebolla, tabaco… La migración es tremenda, es muy triste ver barrios enteros deshabitados y casas vacías».
Sobre esta realidad reflexiona Salvador Torres: «El productor vende su único capital para poder sostenerse, esa es la salida que está teniendo. Consideramos que es la idea de quienes empujaron este nuevo modelo: en definitiva, no solo es quedarse con la renta de la yerba mate, sino también con la tierra de los productores». Al relato de Salvador, Elena Fleitas le suma un dato ineluctable: «Las grandes corporaciones, los molinos, están comprando las chacras de los pequeños productores. Nos dicen que la alternativa es que criemos chanchos; ahora, yo digo: para poner otros productos tenés que tener una economía que te favorezca y eso no sucede».
La calidad en riesgo
Hace pocos días, antes de fin de año, el nuevo directorio del INYM, vía la resolución 146/2025, derogó aún más funciones propias, como criterios estrictos de calidad y calendario de cosecha. Jonás Petterson es integrante de la Asociación Civil de Productores Yerbateros del Norte de Misiones y extitular del INYM (2024) y dice: «El calendario de cosecha determinaba no cosechar en octubre y noviembre para cuidar la calidad del producto, porque la yerba mate está muy brotada y la hoja debe estar totalmente madura para que pueda secarse. Si está brotada, la calidad del producto no es buena. Eso por un lado, pero el objetivo del Gobierno y de la industria es que en esos meses se haga cosecha teniendo en cuenta la necesidad que tiene el productor. Entonces, una vez más, puede tirar abajo el precio antes de iniciar la zafra grande. Además, sin controles nos perjudica porque setermina adulterando la yerba mate con el famoso palito, que no es perjudicial para la salud, pero no deja de ser un adulterante. Y lo peor es la falta de control de la yerba mate importada».
Datos del Indec señalan que las importaciones de yerba mate proveniente de Paraguay y Brasil, en 2024, alcanzaron un 80,1% más que en 2023.Elena Fleitas pone en contexto su sentir y el de tantos productores:«La yerba mate es nuestra idiosincrasia, nuestra mayor economía regional, ¿cómo nos van a decir que tenemos que evolucionar? ¿Y por qué las cementeras no cambian de rubro? Cuando ellas están por perder, el Gobierno les inyecta plata y así con la soja, pero como cotiza en bolsa, cuando hay una baja el Gobierno sale a ayudarlos. A nosotros el Gobierno nacional nos largó, como si no existiéramos. Somos una provincia pequeña que muchas veces le dio el voto, entonces: ¿cómo se va a olvidar de la provincia de Misiones?».
